La psicología dice que las personas más resilientes no son las que siempre se mantienen positivas o se recuperan rápidamente, sino las que se derrumban un martes por la noche y aun así se presentan el miércoles por la mañana

Una persona recibe una noticia devastadora un martes por la tarde. Esa noche llora durante horas, apenas duerme y despierta al día siguiente con una profunda tristeza. Sin embargo, prepara el desayuno, organiza sus responsabilidades y continúa con su rutina. Aunque probablemente no se considere una persona fuerte, su comportamiento puede representar una manifestación de resiliencia emocional.
Durante décadas, la fortaleza psicológica estuvo asociada con la capacidad de mantener una actitud positiva y recuperarse rápidamente de las experiencias difíciles. Sin embargo, las investigaciones recientes muestran que ser resiliente no significa evitar el sufrimiento ni superar inmediatamente las adversidades.
Según un análisis publicado por Bolde, la verdadera capacidad de adaptación puede manifestarse cuando una persona atraviesa momentos de angustia y, aun así, encuentra maneras de continuar con su vida cotidiana.
Por qué las personas resilientes no necesitan mantenerse positivas todo el tiempo
La psicóloga Barbara Fredrickson, investigadora de la Universidad de Carolina del Norte, dedicó décadas a estudiar la relación entre las emociones positivas y la recuperación psicológica. Sus investigaciones demostraron que experimentar sentimientos agradables puede contribuir a reducir los efectos del estrés y desarrollar recursos emocionales duraderos.
Fredrickson describió este proceso mediante el concepto de “espiral ascendente”, que explica cómo las emociones positivas pueden favorecer progresivamente el bienestar y fortalecer la capacidad de afrontar nuevas dificultades.
Sin embargo, estos descubrimientos no significan que las personas emocionalmente fuertes deban sentirse bien permanentemente. La recuperación depende de múltiples factores y no existe un período universal para superar una pérdida, una separación o una experiencia traumática.

El psicólogo clínico George Bonanno, de la Universidad de Columbia, sostiene que la adaptación saludable requiere “flexibilidad expresiva”, una capacidad que permite modificar las respuestas emocionales según las circunstancias.
Por ejemplo, una mujer que atraviesa una separación puede llorar durante una conversación familiar, concentrarse en su trabajo al día siguiente y buscar momentos de tranquilidad durante el fin de semana. Estas respuestas diferentes pueden formar parte de un mismo proceso de recuperación.
Bonanno también utiliza la expresión “coping ugly”, que puede traducirse como afrontar las dificultades de manera imperfecta, para describir estrategias que permiten atravesar determinados momentos, aunque no resulten especialmente admirables o ideales.
Mirar televisión durante varias horas, preparar comidas sencillas o necesitar un período de aislamiento pueden funcionar como recursos temporales. Lo importante es conservar la capacidad de cambiar de estrategia cuando deja de resultar útil.
Qué caracteriza a las personas que siguen adelante después de una crisis emocional
Las investigaciones de Bonanno sobre acontecimientos potencialmente traumáticos identificaron que aproximadamente dos tercios de las personas estudiadas presentaron una “trayectoria estable de funcionamiento saludable”, incluso después de atravesar experiencias especialmente difíciles.
Esto no significa que estuvieran libres de tristeza, ansiedad o miedo. Muchas continuaron experimentando emociones intensas mientras atendían responsabilidades familiares, profesionales y personales.
Una persona puede llorar después de conocer el diagnóstico médico de un familiar y, horas más tarde, organizar una consulta. También puede atravesar una ruptura sentimental, sentirse completamente desbordada durante la noche y acompañar a sus hijos a la escuela a la mañana siguiente.

Desde esta perspectiva, el sufrimiento y la capacidad de adaptación no son experiencias incompatibles. Una persona puede sentirse emocionalmente vulnerable y, al mismo tiempo, demostrar recursos psicológicos para afrontar la adversidad.
Los especialistas también advierten que la resiliencia no debe convertirse en una exigencia de productividad permanente. Descansar, solicitar ayuda profesional, reconocer los propios límites o interrumpir temporalmente las obligaciones pueden ser decisiones saludables.
La fortaleza emocional tampoco se mide por la cantidad de veces que una persona evita llorar, sino por su capacidad de responder a las circunstancias de manera flexible y encontrar apoyo cuando lo necesita.

Por eso, aquella persona que se derrumba un martes por la noche y continúa con su vida el miércoles por la mañana no necesariamente ha superado su problema. Todavía puede sentirse triste, asustada o agotada.
La resiliencia no consiste en dejar de sufrir, sino en aprender a vivir y adaptarse mientras ese sufrimiento todavía existe.
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