Michelle, hasta tu sombra asusta

Puede que todo sea humo, pero Michelle Bachelet no descartó una tercera aventura presidencial. Algunos interpretan estas declaraciones como una revancha contra el Presidente Kast por haber negado el apoyo de Chile a su candidatura como secretaria general de la ONU. Sin embargo, esa es una explicación parcial. Bachelet insinúa un “último baile” en medio del avance de la derecha radical en América Latina y frente a un gobierno que, según distintos dirigentes de centroizquierda, desmantela gradualmente algunos derechos sociales. La exmandataria no acepta ser jubilada, y menos aún por un gobierno que se encuentra en sus antípodas ideológicas. En medio de todo esto, hay tres cuestiones a considerar.
Primero, según la encuesta CADEM de la segunda semana de septiembre, Bachelet tiene una imagen positiva del 47%, en un ranking dominado por los alcaldes. En un reciente estudio de Panel Ciudadano-UDD, en tanto, obtiene un 15% de intención de voto en una lista cerrada de cinco candidatos, a 6 puntos de Johannes Kaiser, quien encabeza la nómina. Si bien falta muchísimo para la elección presidencial, los números de Bachelet son positivos. Su base electoral está compuesta fundamentalmente por mujeres, personas de bajo nivel socioeconómico y ciudadanos mayores de 60 años, quienes le han sido fieles a lo largo de toda su trayectoria política.
Segundo, Bachelet también llamó a la unidad del progresismo, una tarea que esta vez podría resultar más sencilla que cuando encabezó la Nueva Mayoría en 2014. En esa época, la DC, su eterna piedra en el zapato, tenía 22 de los 120 diputados que componían la Cámara, además de 6 de los 38 senadores. Hoy, en cambio, apenas cuenta con 8 de 155 diputados y 3 de 50 senadores. Ese debilitamiento reduce su capacidad de veto y le da a Bachelet más margen para construir una coalición desde el PC hasta lo que queda de centro.
Tercero, su regreso también da vida al PS, un partido que salió particularmente magullado del gobierno de Boric y que Bachelet podría relanzar para disputar la hegemonía del sector. Su presencia como rostro de la oposición puede, además, impulsar a otros liderazgos emergentes de la centroizquierda a sumarse a su proyecto o competir con ella. No sabemos si finalmente buscará un tercer mandato, pero la mera posibilidad parece provocar en la derecha un pánico que, a estas alturas, resulta absurdo.
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