Chile y la Argentina: la responsabilidad de la confianza
En las últimas semanas hemos observado con preocupación una escalada de declaraciones a propósito del Estrecho de Magallanes y de informaciones sobre un eventual tránsito marítimo, bajo bandera chilena, entre Punta Arenas y las Islas Malvinas. Son temas sensibles y precisamente por eso requieren ser abordados con prudencia, rigor jurídico y la mirada de Estado que ha caracterizado la relación bilateral desde el retorno de la democracia en ambos países.
Además de una de las fronteras más extensas del mundo, Chile y la Argentina comparten historia y destino estratégico. Desde el Tratado de Paz y Amistad de 1984, refrendado por una consulta ciudadana, hasta el Tratado de Maipú de 2009, ambos países decidieron transformar una historia de desconfianzas en una alianza de futuro.
Como ya se ha reiterado por las autoridades máximas de ambos Estados no hay duda de la soberanía de Chile sobre el Estrecho de Magallanes. Por su parte, tampoco debiese haberla sobre la posición histórica de nuestro país al reconocer los legítimos derechos soberanos de Argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y sus espacios marítimos circundantes.
La relación chileno-argentina es demasiado importante para quedar a merced de declaraciones destempladas o interpretaciones desafortunadas o mal intencionadas que generan coyunturas espinosas.
Representamos juntos cerca del 20% del territorio sudamericano, somos socios ante los desafíos y oportunidades que representa la Antártica, enfrentamos juntos los desafíos de la transición energética, la conectividad austral y la protección de los océanos.
Somos socios comerciales estratégicos con un dinámico intercambio comercial que prácticamente se duplicó en los últimos cinco años, pasando de US$4.000 millones en 2020 a US$7.931 millones el año 2025, lo que actualmente convierte a la Argentina en nuestro quinto socio comercial a nivel global y el segundo en Sudamérica. En materia de inversiones y desde una perspectiva histórica, la Argentina también ha sido un actor de primer orden para la internacionalización de nuestras empresas.
Actualmente la Argentina proyecta importantes inversiones en minería a través del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI)
Asimismo, en minería se proyectan posibilidades de crecimiento compartido utilizando el innovador Tratado de Integración y Complementación Minera, suscrito el año 1997 entre los presidentes Eduardo Frei y Carlos Menem. Actualmente la Argentina proyecta importantes inversiones en minería a través del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y nuevamente aquí se reafirma la complementariedad de nuestros países y la posibilidad de potenciar la red logística y la infraestructura chilena de puertos.
Similar perspectiva encontramos en el campo de la energía y en la posibilidad de que la enorme producción del yacimiento Vaca Muerta, cuyas reservas se estiman en algo más de 30.000 millones de barriles de petróleo, utilice puertos e infraestructura nacional para alcanzar los mercados del Pacífico, transformándose en un verdadero corredor energético que beneficie a ambos países.
En otro ámbito, el Paso Los Libertadores–Cristo Redentor constituye la principal vía terrestre de intercambio entre Chile y la Argentina: por él transitan habitualmente cerca de 1.500 camiones diarios, y en 2025 la carga ingresada por este paso alcanzó operaciones por US$ 7.050 millones. Esta realidad, sin embargo, se inserta en una red más amplia de pasos fronterizos habilitados y de comités de integración que reúnen a regiones chilenas y provincias argentinas en torno a la facilitación fronteriza, la infraestructura, el comercio y el turismo, lo que demuestra que la integración binacional cuenta con una sólida base institucional para proyectar alternativas de conectividad.
Más allá de los datos económicos y fronterizos, chilenos y argentinos mantenemos una profunda hermandad que se refleja también en una integración humana real y cotidiana que desafía las barreras físicas de la cordillera de los Andes. Esta realidad se sustenta en el flujo constante de miles de ciudadanos que han echado raíces en el país vecino que, de acuerdo con los datos oficiales del último Registro de Chilenos en el Exterior, se estima en 191.147 nacidos en Chile y 248.435 hijos de chilenos. Por su parte, la comunidad argentina en Chile es la sexta más importante y numerosa del país, representando aproximadamente el 6,5% del total de extranjeros residentes.
Estas son solo algunas de las consideraciones que constatan la sólida vinculación que hemos logrado forjar entre chilenos y argentinos, sorteando dificultades y momentos de extrema tensión, poniendo siempre por delante la diplomacia reservada y prudente, el diálogo entre cancillerías y la construcción de una agenda positiva.
Lo anterior se hace aún más necesario en un contexto global y geopolítico crecientemente inestable, con una preocupante horadación del sistema de reglas internacionales y la fuerte conflictividad entre actores hegemónicos, para acceder a recursos estratégicos.
Por ello, hacemos un llamado, especialmente a la clase política de ambos países, a sus respectivos gobiernos, a los medios de comunicación, a la sociedad civil, y a los líderes de opinión para estar a la altura. Chile y Argentina no pueden darse el lujo de retroceder
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