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Saturday, November 7, 2026

Los complejos días del ministro Fernando Rabat en medio de la crisis que golpea al gobierno

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A lo largo de su trayectoria como abogado dedicado al ejercicio libre de la profesión, el civilista Fernando Rabat ha conocido de cerca lo que es la lealtad.

Quienes lo conocen cuentan que siendo un joven profesional que había jurado ante la Corte Suprema hace solo algunos años, la vio con sus propios ojos cuando llegó a trabajar a la oficina de abogados que lideró por décadas Pablo Rodríguez. En ese tiempo tenía cerca de 30 años, y recién conociendo el mundo de la litigación, vio cómo su jefe se quedó casi sin clientes por defender al general Augusto Pinochet.

Esa misma lealtad que presenció por años en su oficina de abogados, ahora la está experimentando en uno de los momentos más difíciles de su carrera.

Inmerso en una fuerte crisis política -que él mismo ocasionó por su criterio para otorgar el beneficio penitenario de la reducción de condenas a reos que cometieron delitos sexuales contra menores de edad-, Rabat ha vuelto a presenciar en carne y hueso el valor de la lealtad.

Contrario a lo que ha sido la tónica de todos los gobiernos en las últimas décadas, esta vez el episodio Rabat tiene un ingrediente especial. En su caso, la lealtad no solo está en la figura del ministro hacia su jefe, el Presidente José Antonio Kast, sino que -alejándose de toda lógica política- este episodio ha tenido la particularidad de que la lealtad se ha visto con especial fuerza desde el propio mandatario hacia su ministro.

Pese a que la crisis que abrió Rabat golpeó la aprobación del presidente, desató una guerra fría en el oficialismo y activó el hambre por un cambio de gabinete, el ministro ha repetido una y otra vez que tiene la conciencia tranquila, que su razonamiento de abogado fue “no tirar la pelota al córner”, que quiso hacerse cargo del problema y para eso adoptó el criterio fijado por las cortes para resolver conforme a Derecho, sin prever las consecuencias políticas de esa decisión. “Es la tranquilidad de que no ha sido pillado en falta”, cuentan los que han hablado con él. Esto, a pesar de son varios los personeros de gobierno que creen que su permanecia en el gabinete es inviable y que cometió un error profundo al no calibrar su decisión.

Sin embargo, eso no quita que evidentemente resiente, y no ha sido cómodo para él, darse cuenta de los costos que esto ha tenido en el gobierno. Si bien nunca ha tenido redes sociales, y por lo tanto está ajeno a la toxicidad de ese mundo virtual, ha leído todo lo que se ha escrito en la prensa, por lo que sabe el nivel de cuestionamientos políticos que su decisión abrió hacia La Moneda.

Según quienes lo conocen, el ministro ha transmitido que no está atado a su cargo. Eso Kast lo sabe desde el día uno, cuando conoció a Rabat en un almuerzo en su casa, en enero, tras ser invitado a formar parte de su gabinete. El presidente sabe que Rabat no está interesado en construir una carrera política, por lo que eso no ha pesado en su decisión de blindarlo a toda costa.

Rabat también lo ha transmitido de distintas formas. Ha repetido que como autoridad de gobierno está en servicio hasta que Kast así lo decida. Tanto así que en su oficina no tiene fotos ni artículos personales, sabe que los cargos de ministro son pasajeros y que llegado el momento deberá irse y volver a la litigación de causas civiles, que ha sido su mundo durante toda su vida.

Los que lo han visto en el último tiempo cuentan que está enfrascado en el mandato que le dio Kast: ser parte de la solución. Y junto con eso no ha dejado de llevar su agenda sectorial, empujando los proyectos legislativos de su cartera. Poco le importan los gritos en la Cámara o los carteles que levantan en su contra.

Pese a eso, se ha llevado buenas sorpresas del apoyo de su gabinete. Lo mismo con los dirigentes del oficialismo, que lo han llamado para apoyarlo. Algo similar ha ocurrido con el PDG, partido del que ha agradecido en público su colaboración, algo que se ha manifestado de forma especial con las diputadas Zandra Parisi y Eileen Urqueta.

Toda su vida en la oficina de abogados Rabat trabajó con un equipo pequeño, de entre tres a seis personas. Por eso, al llegar a Justicia, donde hay más de 400 funcionarios, el cambio fue radical. Esa diferencia también le ha pesado, ya que ha visto cómo desde su propio equipo han filtrado los decretos de reducción de penas -razón por la que abrió un sumario- o han relatado episodios internos sobre cómo se ha llevado este tema.

Su equipo, mientras tanto, trabaja en la agenda legislativa y también en empezar a dar respuesta a los más de 40 oficios que ha recibido desde el Congreso. El objetivo es contestar todos juntos y entregar una imagen completa de todos los beneficios entregados en más de 20 años producto de esta ley.

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