El Proyecto Manhattan de la IA: Qué buscan Elon Musk, Peter Thiel y Javier Milei en el nuevo orden mundial

Asistimos a una confrontación helada entre las dos superpotencias actuales, Estados Unidos y China. Una especie de Segunda Guerra Fría en la que, a diferencia de la primera, la batalla por el futuro se da entre dos socios comerciales que al mismo tiempo imaginan choques de envergadura. Esta rivalidad convierte a los minerales, los centros de datos y la infraestructura digital en recursos estratégicos, y a la tecnología en uno de los principales territorios de disputa geopolítica.
Pero la escena contemporánea no enfrenta solamente a Estados. También está atravesada por conflictos entre actores privados, con la IA como protagonista. La pequeña guerra entre facciones de Silicon Valley –Sam Altman, Dario Amodei y Elon Musk– expresa una competencia por el liderazgo de la inteligencia artificial. Las intervenciones del papa León XIV y de Javier Milei revelan otras formas de pensar la tecnología. Y la llegada de Peter Thiel a la Argentina permite preguntarse qué lugar pueden ocupar los países periféricos (¿se dice ahora Sur Global?) en este nuevo mapa del poder. Si durante las décadas de la globalización internet parecía anunciar un mundo cada vez más integrado, la carrera por la IA apunta hacia la fragmentación tecnológica, la formación de bloques y el regreso de la soberanía. Si la primera Guerra Fría fue también una carrera por controlar el átomo y conquistar el espacio, esta secuela podría ser una carrera por controlar la inteligencia.
Del lado occidental aparece una referencia insistente: el Proyecto Manhattan. Alex Karp, socio de Peter Thiel, CEO de Palantir y exalumno de Jürgen Habermas, reclama una alianza entre el Big Tech y el gobierno estadounidense frente a China. Algo similar transmite Amodei cuando recomienda y regala The Making of the Atomic Bomb, de Richard Rhodes. El libro muestra cómo los científicos que hicieron posible la fisión nuclear perdieron después el control sobre los usos políticos y militares de su descubrimiento. De ahí la identificación de Amodei con Léo Szilárd, quien concibió la reacción nuclear en cadena y luego intentó limitar sus consecuencias.

Pero el eco del Proyecto Manhattan tiene otra clave: la bomba debía construirse antes de que el enemigo lo hiciera. Entonces fueron los nazis y luego los soviéticos; hoy, China. Esa lógica explica por qué desacelerar parece tan difícil (veremos si perdura el llamado de Amodei por más controles y para ralentizar el ritmo de mejoramiento). Porque nadie quiere detenerse sin la certeza de que el otro también lo hará.
Sin embargo, hay una diferencia decisiva. Mientras China parece concentrarse en la IA aplicada y la robótica, en Occidente persiste la búsqueda de la AGI, una especie de súper inteligencia sobrenatural capaz de aprender, razonar y realizar cualquier tarea intelectual al nivel humano o por encima de él. ¿Por qué esa obsesión? ¿Buscamos un Frankenstein, un Golem o algo más? ¿Un semi-dios? Tal vez haya allí una extraña marca judeocristiana transmutada. En ese punto Silicon Valley parece darle la razón a Arthur C. Clarke: “quizá nuestro papel en este planeta no sea adorar a Dios, sino crearlo”.
Borovinsky es Investigador Conicet y profesor en EIDAES-UNSAM
Agenda Pausar la IA:
- Actividad: “Extracción de datos, ciberseguridad y geopolítica”, mesa redonda con Isha Kim y Tomás Borovinsky.
- Moderación: Tomás Trapé.
- Cuándo: Domingo 04/10. 16:15 h.
- Dónde: Auditorio de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes, Av. Figueroa Alcorta 2270 (CABA.

Es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina y profesor de Teoría Política y Social en la Universidad de San Martín (UNSAM).
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