El actor Álvaro Morte, sobre Federico García Lorca: "Además de dónde está su cuerpo, uno de los grandes misterios es saber cómo era su voz, que no está grabada"

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La figura de Federico García Lorca, atravesada por la poesía, el teatro, el deseo y el silencio impuesto durante décadas, vuelve a ocupar el centro de la conversación en un año especialmente lorquiano, con varios proyectos recientes empeñados en mirar de nuevo al poeta no como una estatua intocable, sino como un hombre vivo, vulnerable, enamorado y brutalmente interrumpido. En ese territorio se mueve 'La voz quebrada', el documental de Manuel Menchón que, tras su presentación en el Festival de San Sebastián, llegará a los cines el próximo 16 de octubre. La película reconstruye la historia de Federico García Lorca y Juan Ramírez de Lucas, su último amor, a partir de materiales, recuerdos y documentos guardados durante décadas, y lo hace además con un reparto de voces encabezado por Álvaro Morte como Lorca, junto a nombres como Francesco Carril, Joaquín Notario, Pedro Casablanc, Verónica Sánchez, Víctor Clavijo, María Galiana y Alberto San Juan.

En San Sebastián hablamos con Morte sobre el vértigo de prestar voz a alguien cuya voz real no se conserva, sobre el Lorca íntimo y juguetón que descubre la película, sobre Granada, el silencio, la represión, la memoria y la necesidad de cuidar mejor a quienes explican quiénes somos.
En 'La voz quebrada' no interpretas físicamente a Lorca, pero sí le prestas la voz. ¿Cómo se enfrenta un actor a una figura así?
Había mucho vértigo. Teníamos que enfrentarnos a un salto al vacío, precisamente porque es uno de los grandes misterios de Lorca. Además de dónde está su cuerpo, uno de los grandes misterios es saber cómo era su voz, que no está grabada. Hay una grabación de él tocando el piano con La Argentinita, pero no tenemos su voz. En cierto sentido, te permite cierta libertad creativa a la hora de decidir: bueno, ¿qué Lorca queremos poner sobre la mesa? Hemos intentado hacer un trabajo que conecte con lo que nosotros tenemos en el pozo de nuestra historia de amor con Lorca. Y, para mí, ese pozo significa un tipo lleno de sensibilidad, creativo, juguetón, disfrutón, un tipo enamorado de la vida, un tipo por supuesto homosexual, andaluz… Son muchas cosas, y he intentado jugar con todo eso para encontrar eso que me pudiera a mí evocar lo que es el Lorca que, al menos, yo tengo en la cabeza.

’La voz quebrada’ (Manuel Menchón, 2026)
¿Qué descubriste tú personalmente sobre Lorca gracias a trabajar en este documental?
A Lorca le conocía, le conozco bastante. Hace 30 años que le sigo la pista y que estoy absolutamente enamorado de él, de su trabajo, de su legado, de su influencia. A mí me tiene absolutamente invadidas las entrañas. Sí que es verdad que yo no conocía esta historia de amor con Juan. Yo siempre pensé que el gran amor de Lorca era Rapún. Pero creo que no se puede hablar de “el gran amor”. Creo que cuando te enamoras tienes que estar a tope, si no, ¿para qué? Cuando estuvo con Aladrén fue a tope, cuando estuvo con Rapún fue a tope y luego con Juan también. Lo que me parece fascinante de lo que ha puesto Manuel sobre la mesa es ese silencio absoluto que refleja también la sociedad que hemos vivido desde el franquismo, desde la guerra, incluso antes, desde Primo de Rivera, cuando el homosexual estaba tan condenado y tan reprimido. Y que ese silencio se haya mantenido hasta que ha fallecido Juan. Y entonces él había dejado orden de que, cuando se muriera, se sacara a la luz todo esto.
El poeta y dramaturgo Federico García Lorca, en la entrada de su casa de Granada junto a sus sobrinas Conchita y Tica, en mayo de 1935.
También es un documental duro, ¿hay alguna imagen en la que sigas pensando?
Hay imágenes en el documental de campos de concentración, hay imágenes terriblemente duras y de cómo se condenaba el hecho de que tú no creyeras lo que ellos te decían que debías creer, que no sintieras lo que ellos te decían que debías sentir. Toda esa parte me ha parecido verdaderamente abrumadora. El hecho de ver campos de concentración en España, que parece que aquí no hubo, pero sí que los hubo.
¿Nos faltaba esto: mirar a Lorca no solo como un poeta mítico asesinado, sino como un hombre enamorado, vulnerable, juguetón?
Hablaba antes con unos compañeros de que este año, precisamente, hay varios proyectos relacionados con Lorca. Todos sabemos cuáles son, maravillosos. Lo que yo no entiendo es cómo esto no sucede todos los años. Tenemos un valor absolutamente universal en la figura de Federico, igual que la tenemos en la figura de Cervantes, en la figura de Lope, de Quevedo, de Valle-Inclán… Hay tanta gente, no solamente en la literatura, dentro del mundo del arte, que al final es lo que perdura y lo que nos hace quienes somos, que yo no entiendo que no valoremos más nuestro poder más preciado, que son estos valores que nos dan todos estos artistas, sean del ámbito que sean. A Lorca habría que conocerle muchísimo más y creo que nunca llegaremos a conocerlo del todo, porque es tan grande, tan enorme y está tan rodeado de ese halo de misterio... Es tan profundo que pienso: ¿qué hubiera pasado si hubiera vivido 40 años más y no le hubieran asesinado vilmente con 38 años en una cuneta entre Víznar y Alfacar?

‘El beso’ (1927), obra de Federico García Lorca. Colección privada.
Hasta el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, lo ha citado recientemente. ¿Por qué no se le reconoce como uno de los pilares fundamentales de nuestra cultura?
Yo creo que aquí, en España, esta frase de que nadie es profeta en su tierra es una lacra de la que deberíamos empezar a liberarnos, porque sería muchísimo más sano para todos. ¿Cuántas veces has escuchado aquello de "no, es cine español, yo no lo veo"? Yo tuve la oportunidad de interpretar a Juan Sebastián Elcano en el quinto centenario de que fuera un español la primera persona que dio la vuelta al mundo. Si Juan Sebastián Elcano hubiera sido francés, británico, italiano o americano, estaríamos haciendo elogios y tendríamos museos de todo tipo y eventos todos los años. Lo mismo con Lorca y con muchísima gente. Debiéramos ser más inteligentes en cuanto a cómo nos acercamos a nuestros propios valores, dejando un poco aparte –que creo que es lo que nos pierde– las inclinaciones políticas. La esencia cultural, desde 'Yerma' hasta 'La casa de Bernarda Alba', va muchísimo más allá de cualquier gobierno o cualquier inclinación política. Y eso es lo que va a perdurar para siempre, por lo que es nuestro deber cuidarlo.
Y de este carácter absolutamente universal, vamos un momento a lo local. ¿Qué tiene Granada de especial en la historia de Federico que en el documental se subraya como absolutamente fundamental, más allá de su casa?
Granada es necesaria para Federico en muchos ámbitos: su relación con Emilia Llanos, con Falla, con el flamenco, el Sacromonte, que ahí es donde surge esa idea del duende tan lorquiana... Pero también Granada es quien mata a Federico. El franquismo y todo lo que surge del bando sublevado allí fue muy terrible. Siempre se ha dicho, pero quizá ahora más, que a Lorca se le mató por familiares. A Lorca se le asesinó porque era un tipo que apoyaba el Frente Popular, era homosexual y pensaba como le daba la gana, y aquello no se podía hacer en aquel momento. Era un ejemplo a seguir y había que quitárselo de en medio lo antes posible. Yo he estudiado en Granada, estoy absolutamente enamorado de la ciudad, y creo que tú paseas por Granada y te envuelve el arte y ese duende del que hablaba Federico. De hecho, cuando la situación empieza a ponerse terrible, él decide irse a Granada porque es donde se siente más protegido, y fue precisamente su condena.

El poeta y dramaturgo Federico García Lorca, en una fotografía de grupo junto al pintor Salvador Dalí. España, década de 1920.
¿Lograron silenciar su legado con su asesinato?
Intentaron silenciarlo. Yo matizaría eso. No lo silenciaron, y por eso es tan grande y está por encima de todos ellos. Ellos intentaron cargarse todo lo relacionado con él, pero nunca pudieron. Quiero decir, la hija de Leonard Cohen se llama Lorca. Ha llegado muchísimo más allá de todo lo que ellos, y todos sabemos a quién me refiero diciendo “ellos”, quisieron callarle. Lorca ha estado ahí y seguirá estando siempre.
¿Qué obra de Lorca falta por adaptar en el cine?
Se han hecho cosas muy bonitas y creo que habría que redescubrir mucho más todo lo que hay detrás. Él decía que quería ser autor de teatro más que poeta, porque decía que iba más allá de la poesía en sí, pero todas sus obras teatrales destilan una poética, porque es que le supuraba. La poética nos ofrece una cosa muy cinematográfica, que es la metáfora, lo que existe más allá de las palabras. Cuando yo interpreto un personaje no me fijo en lo que dice el guion, me fijo en lo que intento descubrir más allá de lo que hay en las palabras escritas. Y Lorca está cargado de eso. Creo que no es difícil adaptar a Lorca, sino que hay que encontrar la manera de hacerlo.
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