Lamine Yamal ya dijo que “este tío es muy raro”
Anoche, en medio de la tormenta, pasaron cosas muy raras. Tres penaltis a favor del Barça, sin que ningún jugador del Racing protestase por la claridad de las acciones. Dos trallazos de Cancelo desde fuera del área. El ‘hat-trick’ de Raphinha. El desafortunadísimo debut de un Szczesny que demostró por qué se fichó a Livakovic deprisa y corriendo. Los primeros minutos para el marginado Balde. Y siete goles de una Barça de fútbol total que ya no se conforma con la manita de rigor.
Y, en medio de tanta felicidad, Lamine Yamal buscaba su gol en la semana que ha dicho que es el mejor del mundo, en una frase que no gustó a Hansi Flick. Y Lamine Yamal, en un buen partido, falló un penalti, remató al palo, vio como le anulaban un golazo por fuera de juego y veía cómo sus roscas salían lamiendo el palo racinguista. Y, entonces, en el último minuto, Adeyemi se marcó un sprint, a toda velocidad, como el que hizo hace cuatro días en Levante. Ese día, recortó, chutó y marcó. Lamine Yamal, que ya estaba en el banquillo, alucinó con la jugada, se rio y, sin taparse la boca, dijo “este tío es muy raro”. Cierto que es distinto. Un minuto antes había intentado un gol de escorpión que hubiera sido otra linda rareza.
Pero ayer, con la lluvia cayendo a cántaros sobre un césped magnífico, Adeyemi repitió esa jugada y, en lugar de rematar, se la dio a Lamine Yamal para que finalmente marcara, sonriera, se sintiera feliz con el brazalete de capitán y con su golito para la estadística. Ayer, Adeyemi remató siete veces, marró dos vaselinas, provocó dos penaltis y dio un pase de gol. Y ¿lo mejor? Con esta actuación sublime no fue de los tres mejores del equipo.
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