Reseña. Vidas ejemplares, de Luciano Lamberti

De los catorce perfiles que recoge Vidas ejemplares, cuyo título recuerda los libros con biografías de santos, el más personal es el que Luciano Lamberti (1978) escribió sobre el guionista e historietista paraguayo que creó a personajes como Nippur de Lagash y Dago. “El primer escritor que amé, que me formó como lector, que me mostró el poder de la palabra escrita para anular el mundo alrededor y transportarme a otro, más aventurero, más resplandeciente, fue Robin Wood”, revela el narrador cordobés.
Hay dos escritoras en la colección: Anne Perry, la famosa autora británica de novelas de misterio que, en su adolescencia, asesinó con su mejor amiga a la madre de esta (historia que reconstruye la película Criaturas celestiales), y “la abuela de Frankenstein” y fundadora del feminismo anglosajón, Mary Wollstonecraft. También rescata la historia de Oona O’Neill, que resignó su casto noviazgo con J. D. Salinger para casarse con Charles Chaplin.
Tal vez porque los textos fueron escritos por encargo para la revista Viva carecen del desborde, la inventiva y el brillo humorístico del autor de Para hechizar a un cazador. Algunas de sus obsesiones literarias, sin embargo, se filtran en la elección de ciertas celebridades freak como John Wayne Gacy (“el mayor asesino serial de la historia de los Estados Unidos, un país muy generoso en el rubro”), el líder sectario y suicida Marshall Applewhite y los “cazademonios” Ed y Loraine Warren, que la serie de películas de El conjuro hizo populares más allá de las fronteras de Connecticut.
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