Rusia lleva al frente de Ucrania la mano de un príncipe guerrero muerto hace 637 años para “fortalecer espiritualmente” a sus tropas
Los restos de Dmitri Donskói, el príncipe ruso que combatió a la Horda de Oro en 1380, han salido del Kremlin más de seis siglos después para llegar hasta las tropas rusas desplegadas en Ucrania.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
Creado: Actualizado:
Una pequeña parte de un hombre muerto en 1389 ha recorrido más de seis siglos de historia para terminar en uno de los escenarios militares más tensos de Europa. La Iglesia Ortodoxa Rusa ha trasladado a la región ocupada de Donetsk un relicario que contiene un fragmento atribuido a la mano derecha de Dmitri Donskói, príncipe medieval convertido con el paso del tiempo en una de las grandes figuras de la memoria histórica rusa. El objetivo declarado es que su presencia sirva de apoyo espiritual a las tropas rusas desplegadas en Ucrania.
El episodio resulta especialmente llamativo porque los restos de Donskói habían permanecido durante siglos dentro de la Catedral del Arcángel del Kremlin de Moscú. Fue durante unas obras de restauración realizadas este verano cuando los especialistas pudieron examinar el enterramiento y confirmar la localización de unos restos que la Iglesia y los investigadores atribuyen al príncipe. La identificación se apoyó en datos arqueológicos, históricos y antropológicos compatibles con lo conocido sobre él.
Donskói murió en 1389, con apenas 39 años. Más de seis siglos después, una parte de sus restos ha abandonado Moscú para ser transportada por zonas próximas al frente. El relicario llegó inicialmente al complejo conmemorativo de Saur-Mogila, en la región de Donetsk bajo ocupación rusa, donde se celebró una ceremonia religiosa con presencia de representantes eclesiásticos y militares. La elección del lugar tampoco fue casual: allí tuvieron lugar importantes combates durante la Segunda Guerra Mundial y nuevamente en 2014.
La escena parece propia de otro tiempo: soldados contemporáneos, drones y artillería conviviendo simbólicamente con los restos de un guerrero nacido en el siglo XIV. Pero detrás del episodio existe una figura histórica cuya importancia va mucho más allá de la curiosidad de unas reliquias medievales.
El príncipe que se enfrentó a la Horda de Oro
Dmitri Ivánovich nació en 1350 y gobernó Moscú en una época en la que el mapa político de las tierras rusas era muy diferente del actual. Moscú era uno entre varios principados y la Horda de Oro mantenía una enorme influencia sobre ellos. Donskói acabó convertido en uno de los gobernantes asociados al crecimiento político de Moscovia, el territorio que siglos después constituiría el núcleo del Estado ruso.
Su nombre quedó unido para siempre a una batalla.
En septiembre de 1380, sus fuerzas combatieron contra el ejército de Mamái en el campo de Kulikovo, cerca del río Don. De aquel escenario procede precisamente el sobrenombre Donskói. La victoria adquirió posteriormente una importancia extraordinaria dentro de la tradición histórica rusa, aunque no significó el final inmediato del dominio de la Horda. Moscú incluso sería atacada y saqueada por Tokhtamysh apenas dos años después.

La trascendencia de Kulikovo fue, por tanto, tanto política como simbólica. Con el tiempo pasó a interpretarse como uno de los grandes episodios de afirmación de los principados rusos frente al poder de la estepa. La literatura medieval contribuyó decisivamente a construir esa memoria, hasta transformar a Dmitri en un personaje situado entre el gobernante histórico y el héroe nacional.
Su figura continuó creciendo después de su muerte. La Iglesia Ortodoxa Rusa lo canonizó en 1988 y su imagen ha reaparecido en diferentes momentos de la historia contemporánea. Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, una columna de tanques financiada con aportaciones de la Iglesia Ortodoxa llevó su nombre. El príncipe medieval volvía así a quedar asociado, más de 550 años después de Kulikovo, con un conflicto moderno.
Dmitri Donskói murió en 1389, pero una parte de sus restos ha llegado al frente de Ucrania 637 años después.
Un sarcófago oculto dentro del Kremlin
La historia de sus restos tiene también un componente arqueológico inesperado. La Catedral del Arcángel, situada en el Kremlin, funciona desde hace siglos como una enorme necrópolis de las élites gobernantes de Moscú. En su interior fueron enterrados decenas de grandes príncipes y zares.
Se sabía por las fuentes que Donskói descansaba allí, pero la disposición exacta de su enterramiento había planteado dificultades. Durante trabajos de restauración realizados en julio de 2026, motivados por problemas en el pavimento y en las estructuras funerarias, aparecieron varios sarcófagos de piedra blanca junto al muro meridional del templo.
El análisis antropológico de uno de los esqueletos reveló características compatibles con Dmitri: pertenecía a un hombre de aproximadamente 35 a 45 años y de una estatura cercana a 1,80 metros. Los restos estaban además notablemente bien conservados. Donskói había fallecido a los 39 años, en 1389. La combinación de la ubicación del sepulcro, la documentación histórica y los datos físicos llevó a identificarlo con el príncipe.
El hallazgo adquirió inmediatamente una dimensión que trascendía la arqueología. El presidente ruso, Vladímir Putin, visitó la catedral el 20 de agosto, observó el sarcófago abierto y encendió una vela junto al enterramiento. La Iglesia preparó posteriormente fragmentos de las reliquias para su veneración en distintos lugares.

La batalla de Kulikovo de 1380 convirtió a Dmitri Donskói en una de las figuras más simbólicas de la historia rusa.
De una batalla de 1380 a una guerra del siglo XXI
El traslado de una parte de la mano derecha de Donskói al frente convierte un descubrimiento arqueológico reciente en un episodio cargado de simbolismo político y religioso. La Iglesia Ortodoxa Rusa presenta al príncipe como protector y referente espiritual para los combatientes, vinculando su memoria militar con los soldados actuales. Críticos de la iniciativa, por su parte, interpretan esa asociación como parte del uso contemporáneo de símbolos históricos y religiosos en torno a la guerra.
No es la primera vez que las sociedades recurren a personajes del pasado para dar sentido a guerras del presente. Santos, reyes, héroes militares y antiguas victorias han sido utilizados durante siglos para construir continuidades entre generaciones separadas por enormes distancias temporales.
En este caso, la conexión resulta especialmente visual. La reliquia pertenece a un hombre que combatió cuando todavía faltaban más de cien años para la llegada de Colón a América y alrededor de siglo y medio para la coronación de Iván el Terrible como zar. Ahora, un fragmento atribuido a su mano recorre un frente militar del siglo XXI.
Dmitri Donskói probablemente nunca habría imaginado semejante destino para sus restos. Murió hace 637 años y fue enterrado en uno de los grandes templos del Kremlin. Su cuerpo permaneció allí mientras nacían y desaparecían dinastías, imperios y sistemas políticos. En 2026, sin embargo, una pequeña parte de aquel príncipe medieval volvió a convertirse en protagonista de una guerra.
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.