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Wednesday, September 16, 2026

Sequía y calor ahuyentan los peces en el Atlántico: pescadores de la laguna de Luruaco pasan hasta 13 horas en el agua para sacar dos kilos de pescado

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La laguna depende de las lluvias y enfrenta altas temperaturas y sedimentación. Más de 70 familias mantienen su sustento ligado a la pesca artesanal.

La laguna de Luruaco, en el sur del Atlántico, no recibe agua del río Magdalena ni del Canal del Dique: depende por completo de la lluvia que caiga en su propia cuenca.. Foto: Archivo EL TIEMPO

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PERIODISTAActualizado:

Todavía está oscuro cuando Humberto Currea entra a la laguna de Luruaco (Atlántico). Lleva la atarraya, la cava y la paciencia que ahora hace falta para pescar. Sabe que puede pasar 12 o 13 horas sobre el agua antes de regresar a casa con dos o tres kilos. 

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Cortesía

El sol aparecerá después y calentará la superficie hasta obligar a los peces a buscar las aguas más profundas. “El sol es cruel”, dice este pescador de 65 años que recuerda cuando bastaba un par de atarrayazos para llenar la cava.

Currea, presidente de la Asociación de Pescadores de Luruaco, aún conserva en su memoria los buenos tiempos de los pescadores de su pueblo. Eso hace unos 20 o 30 años. "Eso era una alegría, llenaban las cavas y se iban para la casa con 50 y hasta 80 kilos de pescado tranquilamente". Ese ambiente festivo se vivía en todos los rincones de este apacible pueblo de pescadores y agricultores: las cantinas llenas, en las tiendas y en el comercio se sentía el buen momento del pueblo.  

Luruaco (Atlántico).

Luruaco (Atlántico). Foto:Tomada de X: @alfredovarelad

Ya no es así. Currea, que lleva más de dos décadas metido en el oficio después de organizar a los pescadores, describe hoy una faena que se ha vuelto casi una condena. 

"Hoy en día un pescador dura en el agua 13 horas, 12 horas en el agua", cuenta, y precisa que ese dato salió de un diagnóstico hecho con entrevistas a nivel departamental. 13 horas para sacar dos o tres kilos, cuando antes bastaban dos tiradas de red para volver a casa con 80. El kilo de mojarra lora, cuando aparece, se vende hoy entre 10.000 y 12.000 pesos.

El agua se calienta y el pez se esconde en el fondo

El primer culpable, dice Currea, es el calor. En Luruaco se han registrado temperaturas de hasta 40 grados, y esa condición ha calentado la superficie de los cuerpos de agua al punto de empujar al pez hacia el fondo, donde busca agua más fresca.

A eso se suma una caída en la producción biológica de la laguna: especies que eran comunes hace tres décadas ya casi no aparecen, como 'el chaqueto', un pez pequeño pero sabroso que los pescadores locales apenas recuerdan.

Los pescadores viven bajo la incertidumbre.

Los pescadores viven bajo la incertidumbre. Foto:ARCHIVO / EL TIEMPO

La sedimentación agrava el cuadro. El embalse del Guájaro ha perdido más de 4.000 hectáreas de espejo de agua y hoy registra niveles de apenas dos o tres metros, mientras que la laguna de Tocagua también está sedimentada por la actividad de canteras y lavaderos de vehículos en sus alrededores.

La asociación que lidera Currea agrupa a 89 pescadores formalizados, pero en la zona, entre los corregimientos de Arroyo de Piedras, San Miguel de Tocagua y Luruaco, hay más de 300 pescadores registrados y 70 familias que dependen de la actividad

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Gobernación

Cuando escasea el pescado en la laguna, muchos emigran al embalse del Guájaro o al Canal del Dique; otros terminan manejando mototaxi o quemando carbón para completar el sustento.

La Gobernación, la CRA y la UNAD han hecho repoblamientos de los cuerpos de agua, pero Currea insiste en que son insuficientes porque solo se hacen una vez al año. "Necesitamos repoblamientos que se hagan de manera recurrente, cada tres meses, cada cuatro meses, para tener acceso a peces con talla mínima de manera escalonada", reclama.

La mojarra lora, señalada de depredadora, que otros sí pueden sembrar

En el centro de la denuncia de los pescadores de Luruaco está, precisamente, la mojarra lora, el mismo pez conocido en otras regiones como tilapia negra y que lleva más de 70 años presente en el país

Cortesía

Laguna de Luruaco, en el Atlántico. Foto:Cortesía

Es el pez que sostuvo durante generaciones a los pescadores artesanales del Atlántico, pero que el Ministerio de Ambiente clasificó como especie depredadora y por eso prohibió sembrar o repoblar con ella los cuerpos de agua públicos.

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Currea rechaza esa clasificación. Asegura que él y otros pescadores le han mostrado a expertos que al abrir el buche de una mojarra lora no aparece rastro de otros peces, a diferencia de lo que ocurre con la cachama, que sí suele encontrarse llena de presas. La consecuencia de la veda, dice, es que los grandes piscicultores sí pueden criar mojarra lora en estanques privados y exportarla a otros países de América Latina y Europa, mientras el pescador de la laguna apenas tiene acceso al pez, y cuando lo tiene es en cantidades mínimas. 

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Archivo EL TIEMPO

Hoy, en Luruaco, lo que se saca es sobre todo bocachico, repoblado a través de la campaña Más Pescado que impulsan la CRA, la UNAD y la Gobernación del Atlántico, y algo de lisa.

Una laguna que solo tiene la lluvia para llenarse

Desde la Corporación Autónoma Regional del Atlántico, la subdirectora de Cambio Climático y Gestión del Riesgo, Ayari María Rozano Marín, ofrece una explicación que coincide en el diagnóstico, aunque con matices sobre las causas inmediatas. 

La entidad ha registrado un déficit de lluvias en los últimos meses, más marcado en la zona norte del departamento, la asociada a la cuenca del mar Caribe, que en la zona sur, alimentada por el Canal del Dique y el río Magdalena.

Gobernación

La siembra de 200.000 alevinos de bocachico en el embalse del Guájaro. Foto:Gobernación

La laguna de Luruaco, explica Rozano, pertenece a ese grupo más vulnerable. No está conectada a ninguna fuente de agua externa, ni al Canal del Dique ni al Magdalena, y depende por completo de que llueva en su propia cuenca. Los peces que hoy nadan en sus aguas llegan casi exclusivamente por los repoblamientos, por otras siembras o transportados como huevos y larvas en las plumas de aves acuáticas. Aun siendo una de las lagunas más profundas del departamento, junto con el embalse del Guájaro, eso no la libra de los efectos de la sequía cuando no llueve en su zona.

La funcionaria advierte además que el fenómeno de El Niño reducirá aún más las lluvias previstas para octubre y noviembre, y que la temporada más crítica llegará entre enero y marzo, cuando se suma el déficit acumulado al periodo de estiaje que ya es seco por naturaleza en la región. 

Bocachicos Guájaro

Pescadores están a la expectativa de los resultados. Foto:Prensa Gobernación del Atlántico

La CRA monitorea a diario los llamados puntos de calor a través de un geovisor ambiental disponible en su página web, y hasta la fecha no ha registrado incendios forestales dentro del departamento, aunque sí la primera mortandad de peces del año, ocurrida en marzo en la ciénaga de Puerto Caimán, en jurisdicción de Tubará. En la laguna de Luruaco, aclara Rozano, no se ha reportado mortandad de peces, sino escasez por las altas temperaturas.

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Mientras las corporaciones ambientales monitorean cifras y modelos climáticos, Currea vuelve cada madrugada a la laguna que lo vio crecer como líder de su gremio. Sale antes de que salga el sol y regresa ya entrada la noche, porque a mediodía el calor no da tregua.

"El sol es cruel. El cambio climático es cruel para los pescadores en este momento acá, pues en la región Caribe", resume, antes de despedirse con la promesa de mandarme, por WhatsApp, las fotos de la faena de esa madrugada.

LEONARDO HERRERA DELGANS periodista EL TIEMPO leoher@eltiempo.com y en X:@leoher70

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