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Sunday, November 8, 2026

Entrevista a Santiago Roncagliolo: “Si aún quedan lobos en la Iglesia peruana, están muy apocaditos y acorralados”

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“Perú es un país muy sufrido, así que tener un Papa es de las pocas cosas que podemos presumir”, dice con humor Santiago Roncagliolo cuando se le pregunta qué significa para los peruanos que Robert Prevost sea el sucesor del Papa Francisco. Y lo dice, pocos días antes de que el exobispo de Chiclayo vuelva a pisar suelo peruano, a poco más de un año del cónclave que lo eligió, para iniciar la visita apostólica más larga que haya realizado hasta ahora.

Roncagliolo conoce al Papa, o al menos su historia. Publicó hace poco El pastor y los lobos, un libro muy personal, donde no sólo cuenta su propia relación con la Iglesia Católica, sino también la historia de Prevost en Perú, desde su arribo como misionero en los años 80. Un trabajo que le permitió comprobar otra dimensión de la Iglesia Católica en Perú. “En un país donde el Estado se desmorona”, dice, “la Iglesia cubre muchas de las funciones de la asistencia social que el Estado debería dar”.

“Haciendo el libro me di cuenta que ser ateo es un lujo burgués”, agrega desde Lima. “Yo puedo ser ateo, a mí no me va a pasar nada, pero en las zonas más pobres del norte, es en la misa donde hay una guía moral, una capacidad de colaborar con los demás”. Para el escritor peruano, participar en la Iglesia “es lo único que tienes cuando no tienes dinero, y eso hace que sin duda sea mucho más importante un Papa para un país como el Perú que para un país como Suecia, por ejemplo”.

En su libro relata varias de las labores que realizó Robert Prevost desde que llegó a Perú, pero más allá de su labor pastoral, ¿como obispo tuvo figuración pública, era conocido a nivel nacional?

No, su figura era completamente invisible y ese era parte de su talento, porque lidiaba con cosas muy siniestras. Con los abusos sexuales, con los delitos financieros, incluso con un caso de un obispo que mandaba sicarios a matar a otros sacerdotes. Él lo resolvía todo sin hacer olas, sin aspavientos, sin generar luchas. Es un hombre muy discreto, muy prudente. Solo se lo veía cuando había un desastre natural. Sus últimas imágenes son en las inundaciones, cuando era necesaria su figura para recaudar dinero para las obras sociales. Hizo alguna declaración política en algún momento sobre Fujimori y le dijo que debía pedir perdón. Hizo otra sobre las muertes en las protestas de la Presidenta Boluarte. Pero en la medida en que él podía y quería, era absolutamente invisible.

En esos años, Robert Prevost estaba en el ala más progresista del episcopado peruano. ¿Cree que hay sectores más conservadores en Perú que aún ven con recelo al Papa por su historia previa en el país?

Sí, claro, y no han cesado en sus críticas. Esos sectores están ahí, existen, pero muchos de ellos ya han sido expulsados de la Iglesia. Los sodálites fueron clausurados y para los demás, pues es el jefe, es el Papa, y es un personaje muy popular en Perú, por lo tanto, criticarlo es impopular. Esos sectores existen, pero guardan discreción, se mueven en sus círculos. No forman parte de la jerarquía. Hoy, los dos cardenales, uno de ellos es el arzobispo de Lima, han trabajado con él, seguramente han sido nombrados por sugerencia de él. Cuando él se va al Vaticano, es prefecto del Dicasterio de los Obispos, desde ahí hasta ahora, los nombramientos han sido revisados por él directamente. Entonces los sectores críticos no tienen ningún peso en la jerarquía. El episcopado peruano ha ido mutando desde la época de Juan Luis Cipriani. En esos años, nadie, ningún obispo, tomaba en serio a los periodistas que denunciaban los abusos sexuales. Ahora, los dos cardenales son los que colaboraban con Prevost en la lucha contra los abusos.

Usted dice que en el episcopado peruano el Papa tiene aliados. ¿Quedan todavía “lobos”, a propósito del título de su libro?

Si quedan, están muy apocaditos y muy acorralados. Pero dicho eso, en un papado en el que le está saliendo todo muy bien y está ganando mucha influencia moral, incluso sobre gente que no es creyente, su punto débil son los abusos sexuales. En España hubo muchas críticas a cómo manejó el tema en su visita. En Francia menos, porque les dio más importancia a otras cosas, pero las hubo. Y en Perú no está claro si se va a encontrar con las víctimas con las que él mismo ha trabajado. Es muy extraño, pero justo lo que no parece tener claro es la lucha contra los abusos sexuales, según las víctimas. Esto sigue siendo su proyecto más lento, donde más tiempo se ha tomado para definir qué va a hacer.

El Papa Francisco (der.) se dirige a la multitud reunida en la Plaza de Armas de Lima desde el balcón del Palacio Arzobispal durante el rezo del Ángelus, junto al arzobispo de Lima, el cardenal Juan Luis Cipriani, el 21 de enero de 2018. Foto: AFP VINCENZO PINTO

Uno de los casos más polémicos que le tocó enfrentar como obispo fue el de Eleuterio Vázquez. En el libro se plantea que ahí hay una pelea de poder. ¿Ese caso ya está cerrado o puede resurgir ahora?

No, porque ese padre está fuera de la Iglesia. Querías a los abusadores fuera y él está fuera. No se investigó, pero está fuera. Si no estuviese contento con su salida, podría protestar, hablar con la prensa, hablar con sus superiores. Pero él no ha hecho nada de eso, porque él cree que esta es la prueba que le manda Dios.

¿Existe el riesgo de que afecte la visita?

No, para nada. Porque además de que ya está fuera de la Iglesia, el acusador también estaba acusado. Cuando la Iglesia nombra a Prevost este caso se ha hecho público y su nombramiento es una señal de que la Iglesia considera que esto fue una venganza que provenía de los sectores a los que él había investigado y que los acusadores no tenían autoridad moral.

El Sodalicio, a los que también investigó, ya no existe, pero ¿la gente que estaba vinculada a él tiene aún poder e influencia dentro de la Iglesia peruana?

No. Los líderes fueron expulsados de la Iglesia y los que no eran líderes se les ofreció la oportunidad de cambiar, de acogerse a otra congregación. Se les obligó a vender sus bienes, incluso, para indemnizar a las víctimas. O sea, todavía hay muchas cosas que resolver, pero ya no sobre abusos sexuales que están prescritos, sino sobre robos de tierras y temas financieros. Como organización religiosa ya no existen. De hecho, una de las últimas cosas que hizo Francisco, limpiando el camino de Prevost hacia la sucesión, fue firmar la orden de clausura de los sodálites.

¿Cree que Francisco vio en Prevost un eventual sucesor, que le limpió el camino?

Mira, los datos son estos. Este tipo toma al obispo de Chiclayo y lo lleva a la Curia. Cuando lo crea cardenal, lo hace dar el discurso donde lo verán todos los demás cardenales, que luego son votantes del cónclave. Lo pone a dirigir el dicasterio de los obispos, que es el que elige a los que van a votar en el cónclave. Lo sube a la categoría más alta de cardenal, que es cardenal obispo, donde solo hay siete y todos son papables. Y su círculo de confianza transmite que su relación es muy cercana. Él no puede elegir al sucesor, obviamente, pero emite todos los mensajes que hacen falta de que este puede ser, porque tiene dos cualidades sobre las que Francisco está haciendo su propia autocrítica. Los papas, es curioso, tienen una capacidad de autocrítica que los políticos no. Benedicto XVI decidió que él no podía enfrentar la situación que tenía y renunció. Nunca he visto un político decir ‘sabes que no soy la persona adecuada para esta gestión, es necesario hacer elecciones y que venga otro’. Y Francisco era autocrítico de que se le iba la lengua, de que cada vez que decía algo soltaba unos titulares que nos encantaban a todos y que lo hicieron muy popular y carismático, pero le montaban un cisma dentro de la Iglesia. Y había muchas peleas por su actitud. Entonces, él quería alguien más discreto, que pudiese resolver las cosas sin montar guerras. Esas eran, según sus colaboradores, las dos cosas que le preocupaban de sí mismo y que él sentía que había que cambiar para el bien de la Iglesia y esas son las cualidades que tiene Prevost.

¿Y en qué minuto descubrió a Prevost?

Lo conoce desde que Prevost era general de los Agustinos. Bergoglio era obispo de Buenos Aires y se pelean por nombramientos, porque uno quería un cura en un sitio y el otro, en otro. Sus primeros encuentros son de discusión, de enfrentamiento. Enfrentamiento de trabajo, tampoco grave, pero Bergoglio se queda con la idea de que este hombre es peleador, es trabajador y tiene convicciones. También entiende que no es un conservador. Justo en el momento en que Prevost deja de ser el general de los Agustinos, Francisco acaba de ser nombrado Papa. Y Francisco lo manda a Chiclayo, donde siempre ha estado el Opus Dei desde que es diócesis; el obispo de Chiclayo era del Opus Dei. O sea, lo manda a diluir el poder del Opus Dei y esto es lo que él logra hacer sin conflictos. Empieza con la filigrana administrativa y no solamente logra diluir ese poder del Opus Dei, sino que no hay ningún conflicto. Esto es lo primero.

Y ¿cómo era la relación de Prevost con el cardenal Cipriani, que es del Opus Dei?

Prevost ha sido siempre muy diplomático, no es una persona que se enfrente. En este caso son técnicamente dos obispos, no es un superior. Los obispos responden al Papa, no al cardenal. Está claro que no se van a tomar una cerveza juntos, pero no hay un conflicto visible. Luego, cuando sale de Chile, después del desastre que ha sido el viaje de Francisco a Chile, es cuando empieza a presentarse a Prevost como el encargado para los abusos sexuales. Es claro que Francisco dice esto que tú haces de resolver las cosas sin conflictos es lo que se necesita en este caso para que esto no explote como explotó en Chile. Y él empieza a hacerlo y lo hace muy bien. Y luego hay una denuncia contra este cardenal del Opus Dei que sirve para a aceptar su renuncia y prohibirle volver al país y su reemplazo como arzobispo de Lima es Carlos Castillo, que colaboró con Prevost.

En el libro se recuerdan las actividades de Robert Prevost en los 90, durante el gobierno de Alberto Fujimori. ¿Prevost fue un abierto opositor a Fujimori?

Sus valores siempre han sido claros. El hecho de que sea muy diplomático y muy dialogante y muy sutil no significa que sea ambiguo. Viene un poco de la Teología de la Liberación, que es una teología que considera que lo público y lo político forman parte de la vida y que no hay que esperar a que te mueras para llegar al Paraíso. Para llegar a él hay que construirlo en esta vida y en la vida real de la gente, aliviando el sufrimiento de los que más sufren por causas sociales. En el libro está contado un encuentro de parroquias en Chulucanas, que era una asamblea política. Todo el mundo decidiendo qué valores, no qué candidatos, pero sí qué valores se iban a apoyar desde los púlpitos en las elecciones que venían, que son las que han pasado ahora. Carlos Castillo era sociólogo antes de ser sacerdote y había trabajado cerca de la miseria. El otro cardenal, Barreto, trabaja en el Amazonas y entonces tiene un compromiso con las comunidades nativas y con el medioambiente. Y este Papa, acaba de votar en las elecciones de Estados Unidos. Que vote un Papa… yo no creo que haya votado un Papa alguna vez, y el hecho de que vote y sea público es un mensaje a participar en política.

La presidenta de Perú, Keiko Fujimori. Foto: @presidenciaperu en X.

¿En qué medida ese pasado puede marcar la visita, considerando que llega a un Perú gobernado por la hija de Fujimori?

Creo que él no quiere ningún lío. No sería apropiado tampoco. A diferencia de las visitas a España y a Francia, que fueron muy políticas, esta es una visita que no parece tener ese tipo de contenido. Da la sensación, por la agenda, que lo que quiere es una visita masiva, en la que veamos al catolicismo vivo, en las calles, que responda a quienes dicen que todos se están volviendo evangélicos. Se va a cuidar de no ser considerado el Papa de la izquierda o el Papa de la derecha, sino el Papa de todos.

¿No cree que envíe un mensaje a la política, considerando la inestabilidad que ha vivido Perú en el último tiempo y de la que él ha sido testigo?

Podría mencionarlo, pero uno no siente que esté viniendo con una agenda política como la que sí llevó a España, la que sí llevó a Francia. Va a saludar a la presidenta, porque tienes que saludar a la presidenta, pero casi todo el tiempo va a estar en baños de masas.

Es un viaje más personal...

Sí, pero también una demostración de fuerza, cuando se dice todo el tiempo que los católicos están perdiendo espacio frente a los evangélicos. Sospecho que su principal preocupación es esa, no lo que haga Fujimori.

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