La bronca de Old Trafford
Parecen los últimos momentos de Michael Carrick en el banquillo del Manchester United. Aunque todavía continúe ocupando el banquillo de Old Trafford, tras una extraña ratificación por parte de los propietarios y dirigentes del club, resultaría sorprendente que el club le mantuviera en su puesto mucho tiempo más, después del ambiente de rabia y disgusto vivido en la tarde del domingo en Old Trafford. También, ante la magnitud del enfrentamiento que han tomado sus diferencias con el capitán del club, el portugués Bruno Fernandes. El mediocampista y líder del United fue castigado con el banqulllo en la cruel derrota del domingo ante el Bournemouth (0-3), una señal inequívoca de que el problema de convivencia es ya gordo y no hay vuelta atrás.
El Manchester United discutió el futuro inminente en una reunión de gran tensión en la noche del lunes, sin negar conversaciones ya con otros entrenadores, como Eddie Howe, pero no rompiendo aún la cuerda con Carrick. La cúpula de Old Trafford analiza los próximos pasos con sigilo, pero son ellos, los propietarios y dirigentes, quienes están en el ojo del huracán del malestar de la afición. He asistido a muchos partidos en Old Trafford, pero pocas veces con un ambiente tan adverso y hostil contra el palco. Hacia Jim Ratcliffe, la familia Glazer, el director deportivo, Jason Wilcox, el director ejecutivo Omar Berrada y toda la junta directiva se dirigió una bronca descomunal tras el partido, mientras Carrick daba una vuelta al estadio pidiendo perdón y tocándose el corazón, con visibles gestos de abatimiento. Al exjugador del United, también responsable del mal juego y el desorden táctico actual, parece exculpársele, en parte, los muchos errores cometidos por el club en las últimas temporadas.
Es hacia la directiva que se dirigen ahora todas las críticas, en un ambiente de ira muy poco habitual en la ruidosa grada de Stretford End. Antes del partido, pancartas como ‘The way you treat us is a disgrace’ (‘La forma en que nos tratáis es una vergüenza’) o “We want our club back” (‘Queremos que nos devuelvan nuestro club’) encabezaron la marcha de aficionados indignados en los alrededores del estadio. El descontento también es por los planes de construcción de un nuevo estadio y la intención del club de subir precios a los abonados tradicionales. Hay en el ambiente una enorme fractura entre la afición y la directiva, y por eso el ruido fue ensordecedor.
En ese clima irrespirable, la continuidad del entrenador parecía imposible, después de que el United sufriera su sexta derrota en 12 partidos, lo que deja al club un punto por encima de la zona de descenso. Carrick tuvo un gesto de complicidad hacia los aficionados, pidiendo perdón, lo que no pudieron hacer anteriores entrenadores, como Moyes, Van Gaal, Mourinho, Solskjaer, Ten Hag o Rúben Amorim, quienes vivieron su último encuentro lejos de Old Trafford, antes de ser destituidos. Al United no le queda otra salida que buscar una reacción, diez meses después de la destitución de Amorim, y el inglés Howe es ahora el candidato que reúne más consenso, pero la bronca estruendosa del estadio obliga a la directiva a no cometer más errores. Tienen miedo de equivocarse otra vez.
El United se enfrentará al Chelsea en Stamford Bridge el sábado al mediodía, como huida hacia adelante y una última oportunidad para Carrick en aras de tratar de recuperar la unidad cuanto antes. La historia del Manchester United, un club de tanta tradición, potencial y orgullo, no puede permitirse acabar el año tratando de evitar el descenso como mal menor.
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