El Gobierno ya descarta una recuperación visible de la economía en el año electoral

Javier Milei ya sabe que la economía no tendrá una recuperación visible este año, y que algo parecido sucederá el año próximo, cuando los argentinos definirán si le dan la Presidencia de la Nación por un nuevo período o si lo obligan a volverse a su casa.
¿Se puede ganar una elección con una economía en esta situación? A los funcionarios y economistas que se animen a hacerle esta pregunta a Milei, el Presidente podría esperarlos con otro interrogante: "¿Y vos qué harías?". El jefe libertario ya dijo una y otra vez en público y en privado que ningún camino hacia la reactivación podrá pavimentarse con gasto público ni emisión monetaria, y que él prefiere perder la elección antes que correrse de esos límites que él mismo se impuso. En principio parece una afirmación temeraria o incluso ingenua en boca de un político, pero lo cierto es que el Presidente no puede hacer otra cosa, porque la única fortaleza que lo protege de la inclemencia del mercado financiero es esa convicción. ¿Cuánto puede tardar en desatarse una corrida cambiaria o bancaria si Milei decide dejar de ser Milei?
Por eso, cuando la mirada se escapa de los plazos cortos, la duda mayor es, además de la sustentabilidad política del plan económico, si puede tener un programa de esta clase, que confía en que el ajuste fiscal, la baja de impuestos y la eliminación de trabas burocráticas son la condicion necesaria y además suficiente para que florezca la inversión privada en un nivel tan alto que permita llevar la prosperidad hacia todos los rincones de la sociedad.
Esa discusión ya existe dentro del oficialismo, y todo hace pensar que se mantendrá el año que viene hasta que el resultado de la elección termine dándole la razón al bando de los confiados o al de los quejosos.
La otra escaramuza que permanece, y que ya podría considerarse un clásico en la breve historia de La Libertad Avanza, es la que enfrenta a quienes recomiendan una alianza con gobernadores y partidos políticos afines -un grupo encabezado por Santiago Caputo, Diego Santilli y Patricia Bullrich- y los que prefieren una oferta violeta sin manchas.

Este viernes, Martín Menem -del team Karina Milei- revitalizó ese plan en un encuentro en Tigre, cuando dijo que "el tema del armado político es muy complejo, porque una cosa es querer ganar y otra cosa es querer un país para los próximos cuarenta años". "Sería mucho más fácil avanzar y cerrar acuerdos rápidamente con cuanto gobernante se nos cruza y llegar a alianzas electorales. Si queremos que esto dure y perdure en el tiempo tenemos que tener agendas programáticas similares", concluyó Menem. Es difícil encajar ese discurso con los planes del ala acuerdista, que imaginan alianzas con gobernadores radicales, del PRO, de partidos provinciales e incluso con algunos peronistas.
El viaje presidencial a París, con más de una docena de gobernadores en la delegación, se convirtió en una fiesta de los acuerdistas, entre otras cosas porque más de un mandatario se dedicó a hablar maravillas de decisiones de MIlei como el RIGI, que en su momento de origen recibió casi tantas críticas como aplausos. Ahora, los gobernadores casi sin excepciones entendieron que ese régimen parece diseñado para beneficio de las provincias, porque en su mayor parte se trata de recortes de impuestos nacionales y los proyectos perjudican muy poco la recaudación de los distritos.
La oferta del año que viene será moldeada por esas dos discusiones entrelazadas porque allí se combinan, como ocurre en cualquier agrupación con vocación de gobernar un país, las convicciones y las conveniencias.
El Presidente siempre dice que competirá contra sí mismo, porque eso es lo que sucede con los mandatarios que buscan ser reelectos y obligan a los ciudadanos a evaluar su gestión y a calcular los beneficios que recibieron o las catástrofes que sufrieron durante los cuatro años anteriores.Con la economía frenada es fácil pensar que Milei parte con una desventaja en ese punto, pero esa mirada no toma en cuenta que el peronismo también competirá contra sí mismo, porque cuatro años no alcanzan para que la gente se olvide por completo del mal trago que fue la presidencia de Alberto Fernández. Así podría alumbrarse una situación estrafalaria: dos economistas -Milei y Axel Kicillof- compitiendo en una campaña presidencial pero esquivando definiciones sobre economía.
El Gobierno ensayó con esa agenda no económica en los últimos meses con resultados dispares. Aún es temprano para saber si Milei conseguirá algún rédito electoral con el estreno de su vocación malvinera, pero sí se puede decir que resultó perjudicado cuando quedó metido en el barro de la Ley de Tierras. A diferencia de lo que sucede cuando se ata al credo del equilibrio fiscal como método para bajar la inflación, es difícil de entender por qué el Presidente se mete en discusiones, por ejemplo la que plantea el DNU que promueve la venta de ciudadanías argentinas, cuando no está claro cuántos interesados con los papeles en orden puede haber en el mundo en una operación semejante.
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