Roberto Bolaño, escritor y poeta chileno, sobre un curioso hábito: "Tengo una obsesión: compro libros y ni siquiera los leo"

Roberto Bolaño tenía 15 años cuando se mudó con su familia de Chile a México, el país donde descubrió su vocación literaria y donde años después participaría del ambiente poético de los años 70.
Mucho antes de ganar premios por sus novelas, pasó por una etapa en la que conseguir libros era parte de su vida cotidiana y también un problema económico.
En una entrevista realizada durante una Feria Internacional del Libro recordó que llegó a robar ejemplares porque veía crecer las bibliotecas de sus amigos mientras la suya permanecía casi vacía.
“Tengo una obsesión: compro libros y ni siquiera los leo”, reconoció Roberto Bolaño al explicar qué ocurría cada vez que encontraba un ejemplar que quería incorporar a su biblioteca.

La lectura inmediata no era indispensable. Podía comprar un título simplemente porque quería tenerlo cerca o porque completaba una serie de libros que ya poseía.
Bolaño comparó ese impulso con los álbumes de cromos de la infancia. Si faltaban tres piezas para terminar una colección, conseguirlas podía convertirse en una necesidad independiente de cualquier utilidad posterior.
Con los escritores le sucedía algo parecido. Mencionó el caso de Stendhal: tener parte de su obra podía despertar el deseo de encontrar los títulos restantes, aunque no fuera a leerlos enseguida.
La costumbre tenía un antecedente menos tranquilo. Cuando era joven y no podía comprar todo lo que quería, contó que decidió entrar durante un tiempo en el “gremio de los ladrones” y comenzó a sacar libros de librerías.
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Los nervios y algunas malas experiencias terminaron aquella etapa. La necesidad de formar una biblioteca, en cambio, permaneció.
De México a España y los años en que Bolaño vivió de distintos trabajos
En 1977, Bolaño dejó México y se trasladó a Europa. Recorrió diferentes países y realizó distintos trabajos para mantenerse antes de establecerse en España en 1978.
Esa etapa quedó después incorporada de distintas maneras a su literatura. El propio escritor reconoció que buena parte de su experiencia personal terminó alimentando sus relatos y novelas.
Durante años fue conocido principalmente dentro de círculos literarios pequeños. Había comenzado ligado a la poesía y continuó escribiéndola incluso mientras avanzaba hacia la narrativa.

En 1986 fijó su residencia en Barcelona. Para entonces ya llevaba casi una década en España y todavía estaba lejos del reconocimiento internacional que alcanzaría en los últimos años de su vida.
Los libros seguían ocupando un lugar central. En aquella conversación mencionó a Arthur Rimbaud, Charles Baudelaire, Nicanor Parra, Enrique Lihn, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Octavio Paz entre los autores que formaban parte de sus lecturas y discusiones literarias.
Los detectives salvajes y el éxito que llegó cuando tenía más de 40 años
El gran cambio ocurrió con Los detectives salvajes, una novela atravesada justamente por poetas, libros, viajes y búsquedas literarias.

La obra recibió el Premio Herralde en 1998 y, un año después, el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos.
Esos reconocimientos colocaron a Bolaño en un lugar completamente distinto dentro de la literatura hispanoamericana.
El éxito llegó relativamente tarde. Bolaño había nacido en Santiago de Chile en 1953 y ya superaba los 40 años cuando Los detectives salvajes modificó definitivamente su carrera.
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