Maricarmen, desde el hospital: "No he logrado defender mi casa, pero sí he luchado por la de los demás"
Este miércoles 23 de septiembre se produjo el espantoso desahucio de Maricarmen, una anciana de 87 años y en silla de ruedas, que se vio obligada a abandonar el hogar en el que ha residido 71 años y en los que no ha dejado de pagar el alquiler. Tras la compra de las viviendas por el fondo buitre, Urbagestión Desarrollo e Inversión S. L., exigieron a Maricarmen el pago de 2.650 euros mensuales, frente a los 500 euros al mes que pagaba de renta. Una subida de 2.150 euros, un 275% más.
Maricarmen fue desahuciada, saliendo en camilla y a la fuerza del número 46 de Alcalde Sainz de Baranda. La ambulancia la trasladó al hospital Gregorio Marañón, donde ha pasado ingresada las dos primeras noches desde que perdió su vivienda con un cuadro de estrés y ansiedad severo.

Desde ese mismo hospital, Maricarmen ha querido compartir unas palabras para todas las personas que se volcaron con ella para tratar de parar el cuarto intento de desahucio, y en especial mención, al Sindicato de Inquilinas de Madrid, quienes la apoyaron desde el primer momento.
"No he logrado defender mi casa, pero he luchado para que los demás aprendan a luchar por la suya. Mi casa ha sido mi vida y ahora tengo que dejar la casa, pero eso no significa que yo no vaya a seguir luchando”, ha afirmado Maricarmen a través de un vídeo publicado por el Sindicato de Inquilinas.
Además, Maricarmen ha agradecido todo el apoyo recibido: "Quiero dar las gracias a todas las personas que han venido a mi desahucio, a los amigos que he tenido y que no me han dejado ni un solo momento sola. Los quiero a todos mucho", ha dicho en un vídeo visiblemente afectada.

Y añade: "Lo que quiero es que este problema que tenemos con todos los fondos buitre, se elimine de una vez por todas". A pesar de que hubo un escritor que se prestó a pagar la renta de Maricarmen, el fondo buitre Urbagestión Desarrollo e Inversión S. L. se negó a aceptar la oferta y continuó con el desahucio de Maricarmen, a quien ni tan solo dejaron recoger sus pertenencias, ni le ofrecieron ninguna alternativa habitacional.
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