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Saturday, September 19, 2026

Un rayo de luz para desenmascarar bronces falsos: la tecnología que rastrea el origen de una escultura histórica sin tocarla

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Un estudio piloto en Pretoria ha usado la fluorescencia de rayos X portátil, una técnica no invasiva, para distinguir esculturas originales de bronce de las copias no autorizadas.

Composición del bronce
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto - Bronces

Erica Couto

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En los sótanos y jardines de la Universidad de Pretoria descansan decenas de bronces firmados por Anton van Wouw (1862-1945), el escultor que dio forma al imaginario sudafricano de comienzos del siglo XX. Sus piezas, muy cotizadas, arrastran, sin embargo, un problema: cuanto más sube su valor, más tentador resulta fundir copias no autorizadas. Por ello, determinar si una escultura se produjo realmente en el taller original se ha convertido en una cuestión casi detectivesca cuya relevancia se amplía a los demás ámbitos de la arqueología y el patrimonio cultural.

Un equipo de la propia universidad, encabezado por Maggi Loubser y Patricia Forbes, decidió abordar el problema con una herramienta ya conocida en la conservación de piezas de arte: la fluorescencia de rayos X portátil o XRF. El estudio, publicado en npj Heritage Science, buscaba comprobar si el método funciona realmente cuando se aplica a esculturas reales cubiertas de suciedad, marcas de desgaste e imperfecciones.

Un estudio explora la utilidad de la fluorescencia de rayos X portátil (XRF) para distinguir esculturas de bronce falsas.

Análisis de bronce
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Cuando el bronce guarda la firma invisible de su fundidor

Cada fundición sigue su propia receta. La proporción de cobre y estaño, los metales añadidos para facilitar el vertido del metal fundido y los productos químicos usados para oscurecer la superficie (la llamada pátina) varían de un taller a otro. Esa combinación de elementos deja una especie de huella química, tan característica como la caligrafía de un amanuense.

La XRF permite leer esa huella sin dañar la pieza. El aparato dispara rayos X sobre la superficie y mide cómo responden los átomos del material: esa respuesta revela qué elementos lo componen. Es, en esencia, un análisis de composición hecho con luz. Cuando el objeto analizado es una obra de arte irremplazable, un método como este resulta decisivo.

Otras técnicas, como el análisis por plasma acoplado inductivamente, ofrecen resultados más precisos, pero exigen extraer una muestra física de la pieza, un requisito que suele ser inaceptable para la mayoría de los museos. La XRF portátil, en cambio, permite analizar varias esculturas o piezas de bronce en pocos minutos, sin necesidad de trasladarlas a un laboratorio externo.

Los investigadores seleccionaron nueve esculturas de Van Wouw procedentes de tres fundiciones distintas: la italiana Marinelli, la británica Morris Singer y la también italiana Nisini. Analizaron tanto la base sin patinar, que ofrece la composición pura de la aleación, como la superficie visible ya tratada.

Cada fundición mezcla su bronce y su pátina con una receta propia; esa combinación deja una huella química casi imposible de imitar.

Buscar un centímetro limpio en una superficie de cien años

El primer obstáculo al que se enfrentaron las investigadoras fue de carácter práctico: debían encontrar una zona plana y accesible en la que apoyar el aparato. Las bases de las esculturas suelen estar cubiertas de óxido, restos de yeso del molde original o incluso tornillos de latón usados para tapar los orificios de fundición. Ese detalle, aparentemente menor, explica buena parte de las dificultades de la investigación.

Piezas de bronce
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Cuando el equipo repitió las mediciones en el mismo punto exacto, la variación fue mínima. Al comparar puntos distintos de una misma pieza, sin embargo, las diferencias se dispararon: la concentración de cobre llegó a oscilar varios puntos porcentuales en una sola escultura. Esto tiene explicación: el bronce se enfría de forma desigual durante el vertido.

Este hallazgo demuestra que analizar un único punto de una escultura puede llevar a conclusiones erróneas. La metodología de muestreo, por tanto, importa tanto como el uso del propio instrumento. Incluso un tornillo de latón usado para tapar un orificio de fundición, si se confunde con el bronce original, puede distorsionar por completo la lectura y engañar a quien interpreta los datos.

Analizar un solo punto de una escultura puede engañar al investigador, porque el metal se enfría de forma desigual durante la fundición.

El cloro, el azufre y el secreto de cada taller

Donde el estudio sí encontró señales claras fue en la superficie patinada. La receta de bronce más común usada en el siglo XX mezclaba compuestos de azufre, pero algunas fundiciones añadían cloruro férrico para oscurecer el metal. Ese aditivo deja un rastro de cloro detectable a través de XRF.

Los resultados resultaron reveladores. Las piezas de la fundición Nisini mostraron un pico de cloro, señal de que probablemente usaban cloruro férrico en este taller. Las de Marinelli, en cambio, no presentaron ese elemento. Los bronces de la fundición británica Morris Singer, por su parte, contenían mucho más titanio que los de sus competidoras italianas, mientras que solo los de Marinelli mostraban cromo en su composición. También se detectaron diferencias en el uso de zinc y plomo en las distintas fundiciones, aunque las autoras advierten que la variabilidad interna de cada pieza impide, por ahora, aplicar métodos estadísticos convencionales para separar los grupos con total fiabilidad.

Lo importante no es solo qué metal contiene una escultura, sino qué combinación de elementos menores caracteriza al taller que la fundió. Esa combinación funciona como una huella dactilar química, aunque todavía imperfecta. Pensar en ello como una receta de cocina ayuda a entenderlo: dos chefs pueden preparar el mismo plato con ingredientes básicos idénticos, pero la proporción exacta de las especias puede acabar delatando quién cocinó cada versión del plato.

Miles de espectrómetros portátiles usados hoy en la minería africana podrían convertirse en aliados inesperados para proteger el patrimonio artístico.

Bronce
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Los secretos del bronce

El equipo responsable del estudio reconoce que este es un estudio piloto, basado en una muestra reducida y sin calibración específica para el bronce. Aun así, según las investigadoras, servirá para sentar las bases de un futuro modelo de inteligencia artificial capaz de reconocer el origen de una escultura a partir de su espectro químico.

En el continente africano, donde apenas existen laboratorios de conservación, pero sí miles de espectrómetros portátiles usados en la minería, esa herramienta accesible podría marcar la diferencia en los procesos de autenticación del patrimonio artístico. Un instrumento pensado originalmente para analizar rocas y minerales serviría, así, para proteger la memoria escultórica de todo un continente.

Referencias

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