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Wednesday, September 23, 2026

Un estudio vincula las dosis altas de vitamina D con un mejor rendimiento cognitivo en adultos con riesgo de demencia

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La vitamina D, conocida principalmente por su papel en la salud de los huesos, podría tener también una relación con el funcionamiento del cerebro. De hecho, un estudio de la Universidad Emory, en Estados Unidos, afirma que altas dosis de la vitamina podrían mejorar el deterioro cognitivo leve y ser eficaces para los trastornos del sueño.

La investigación, publicada en la revista Sleep Medicine y por Emory News, abarcó a 54 adultos que presentaban simultáneamente problemas de sueño y deterioro cognitivo leve (MCI), una condición que puede aparecer entre el envejecimiento normal y la demencia.

El resultado que más llamó la atención de los investigadores fue la diferencia registrada en las puntuaciones del Montreal Cognitive Assessment (MoCA), una herramienta utilizada para evaluar memoria, atención, lenguaje y otras capacidades relacionadas con el pensamiento.

Los adultos que habían tomado 5.000 UI o más de vitamina D diariamente obtuvieron puntuaciones superiores en más de un 13% respecto de quienes no consumían esa cantidad, destaca el sitio de noticias de la Universidad Emory. Cabe destacar que el límite recomendado para la vitamina D es de 4.000 UI al día.

Qué descubrieron los investigadores

El trabajo tuvo como objeto un grupo particularmente vulnerable: adultos con deterioro cognitivo leve que además presentan alteraciones del sueño. La combinación resulta relevante porque el MCI puede constituir una etapa intermedia entre los cambios propios del envejecimiento y formas más graves de deterioro cognitivo.

En el experimento, los pacientes tomaron dosis de vitamina D bastante superiores a las recomendadas.

“En adultos mayores que experimentan tanto trastornos del sueño como deterioro cognitivo leve, esto puede representar una ventana crítica para la intervención, cuando los cambios cognitivos están surgiendo, pero aún pueden existir oportunidades para apoyar la salud cerebral”, dice la profesora asociada de la Escuela de Enfermería Nell Hodgson Woodruff, Victoria Pak, autora principal del estudio.

Agrega que “identificar factores accesibles y modificables, como la ingesta de suplementos de vitamina D, durante las primeras etapas del deterioro cognitivo puede volverse cada vez más importante, particularmente a medida que las tasas de la enfermedad de Alzheimer continúan aumentando”.

Cabe recordar que la vitamina D cumple funciones esenciales en el organismo. Participa en la salud muscular y nerviosa, y también está relacionada con los mecanismos que regulan el sueño y los ciclos de vigilia. Esta última conexión resultó especialmente importante para la investigación, ya que los trastornos del sueño son frecuentes entre las personas con deterioro cognitivo y Alzheimer.

Tanto es así que la mitad de las personas con Alzheimer moderado o grave presentan trastornos del sueño. La relación, además, podría funcionar en ambas direcciones: los problemas de sueño pueden acompañar al deterioro cognitivo y, al mismo tiempo, los cambios cerebrales relacionados con la enfermedad pueden alterar el descanso.

La profesora Victoria Pak, de la Universidad Emory, es la autora principal del estudio. Foto: Pak Research Group.

De todas formas, el hallazgo debe interpretarse con cautela. La investigación incluyó solamente a 54 personas y analizó la relación entre el consumo declarado de suplementos y el rendimiento cognitivo. Por lo tanto, no es posible afirmar que consumir 5.000 UI de vitamina D provoque una mejora de la memoria ni que esa cantidad pueda prevenir el Alzheimer.

El estudio de Emory no establece una recomendación de suplementación para la población general. La cantidad de vitamina D que necesita una persona depende de diferentes factores y las dosis elevadas no deberían utilizarse como tratamiento contra la demencia sin supervisión médica.

Lo que aporta, en cambio, es una nueva pista sobre un posible factor modificable en una población que ya presenta señales de vulnerabilidad cognitiva. El desafío ahora será determinar si la vitamina D puede contribuir a preservar la memoria y otras funciones cognitivas durante las primeras etapas del deterioro cerebral.

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