50 años de 'Rocky', la película que convirtió a Sylvester Stallone en el campeón de su propia vida

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Antes de alcanzar la fama y el prestigio tras convertirse en uno de los actores más rentables de la meca del cine, Sylvester Stallone atravesó una gran crisis desde comienzos de los 70 a causa de la delicada situación económica y personal a la que tenía que hacer frente. Su vida nunca había sido sencilla, ya que durante su parto, el médico le seccionó accidentalmente un nervio facial con los fórceps, causándole una parálisis en la parte inferior del rostro por la que sufrió un sistemático acoso escolar durante su infancia. Además, el joven Stallone creció en una familia desestructurada, y sus negligentes padres, una astróloga y promotora de lucha libre femenina, y un inmigrante italiano dueño de una cadena de peluquerías, estaban frecuentemente ausentes, por lo que tuvo que pasar algunas temporadas en diferentes casas de acogida. Su adolescencia no fue mucho mejor, y la torpeza que demostraba con los estudios, unido a sus bajas calificaciones, hicieron que sus profesores le augurasen un futuro poco brillante, siendo incluso elegido por sus compañeros a través de una votación como el alumno de toda su escuela secundaria que más papeletas tenía para acabar sentado en la silla eléctrica.

Para alejarse a la vida de delincuencia a la que parecía destinado, Stallone se instaló por su cuenta en Nueva York, donde se refugió en la actuación y el gimnasio. A medida que moldeaba su escultural cuerpo, trató por todos los medios de abrirse paso en la industria cinematográfica con poco éxito. A pesar de ello, consiguió un par de papeles de extras en películas independientes de bajo presupuesto que le sirvieron para tener una primera toma de contacto. Sin embargo, sus escuetas ganancias no le permitían pagar el alquiler del desvencijado apartamento en el que vivía, y finalmente su casero tuvo que desalojarle del piso. Stallone pasó las tres próximas semanas durmiendo en la sala de espera de una estación de autobuses, donde encontró un anuncio en el que se buscaban actores para el rodaje de una película para adultos softcore. Su delicada situación le hizo presentarse al casting, y tras ser elegido, el intérprete se embolsó 200 dólares por tan solo dos días de trabajo en un filme que sería retitulado tras su éxito como ‘El semental italiano’ (Morton Lewis, 1970). Gracias a este dinero, pudo abandonar las calles y volver a instalarse en una pensión para indigentes infestada de cucarachas junto a su perro Butkus, un bullmastiff llamado así en honor al legendario linebacker de los Chicago Bears, Dick Butkus; y a su por entonces novia, Sasha Czak, quien se ocupaba de pagar el alquiler con su modesto sueldo de camarera.
Mientras tanto, Stallone continuaba persiguiendo su sueño, presentándose en vano para diferentes audiciones. Sus ineficaces intentonas le llevaron a centrar sus esfuerzos en su faceta como guionista, y el actor comenzó a acudir regularmente a la biblioteca local, donde buscaba inspiración en los relatos de terror gótico de Edgar Allan Poe. Para poder sufragar sus gastos, finalmente aceptó un par de empleos: primero como personal de limpieza en un zoológico, y más tarde como acomodador de un teatro, de donde fue despedido cuando su superior se enteró de que revendía entradas de manera ilegal. Sus fracasos no le desalentaron, y Stallone siguió asistiendo a todos los procesos abiertos de casting posibles, y audicionando para clásicos del séptimo arte como ‘El padrino’ (Francis Ford Coppola, 1972). Así pues, poco a poco el intérprete consiguió papeles en filmes como ‘M.A.S.H.’ (Robert Altman, 1970), ‘Klute’ (Alan J. Pakula, 1971), ‘Bananas’ (Woody Allen, 1971) ‘¿Qué me pasa, doctor?’ (Peter Bogdanovich, 1972), o ‘Adiós, muñeca’ (Dick Richards, 1975), pero en la mayoría de estos casos solamente se trataron de breves cameos como extra que ni siquiera estuvieron acreditados. El único filme que Stallone logró coprotagonizar durante esta época fue ‘Días felices’ (Martin Davidson, Stephen Verona, 1974), cuya trama seguía a una pandilla de greasers adolescentes y rebeldes durante finales 50 en la que Stallone daba vida a Stanley Rosiello, un fornido joven que deja embarazada a su novia y que decide sentar la cabeza.

El inusual proceso creativo que duró tres días
A pesar de ello, la película no supuso ningún éxito, ni sirvió para lanzar al estrellato la carrera de Stallone, por lo que su situación continuaba siendo tan asfixiante que el actor tuvo que vender a su perro en la puerta de un 7-Eleven por tan solo 40 dólares, ya que no disponía de los recursos necesarios para hacerse cargo de él. Pero todo cambiaría el 24 de marzo de 1975, cuando tuvo lugar el combate entre Muhammad Ali y Chuck Wepner que definiría al próximo campeón de los pesos pesados de boxeo. Frente al enorme poderío tanto pugilístico como mediático de Ali, que ya había levantado el título en dos ocasiones en aquel momento, Wepner encarnaba al prototipo del hijo de inmigrantes pobres que había salido adelante con escasos recursos y que se había curtido en la calles de uno de los barrios más duros de Nueva Jersey. Su enorme talla facilitó su coartada para poder ingresar al Cuerpo de Marines siendo todavía menor de edad, y precisamente allí fue donde comenzó a ganar una gran reputación tras imponerse en el campeonato militar. La capacidad innata de Wepner para encajar dolorosísimos golpes faciales le facilitó su entrada al boxeo profesional, pero sus duras derrotas contra estrellas como George Foreman o Sonny Liston le alejaron de una primera plana pugilística a la que nunca terminó de llegar. Durante los siguientes años Wepner compaginó su carrera como boxeador profesional con su trabajo en la venta de licores al por mayor, hasta que una buena racha le permitió desafiar a Ali por el título mundial de los pesos pesados.

Las semanas antes de la celebración del combate, la prensa se cebó con Wepner acusándolo de no estar a la altura del campeón, pero poco a poco, muchos periodistas especializados comenzaron a augurar que el resultado del combate podría ser toda una sorpresa. Finalmente, Wepner cayó ante Ali por nocaut tan solo 19 segundos antes de que la campana sonase para finalizar el decimoquinto y último asalto del combate. Esta meritoria aunque frustrada historia de superación caló profundamente en el interior de Stallone, quien encontró grandes paralelismos entre la vida de Wepner y su propia vida personal. Inspirado por los acontecimientos, el intérprete comenzó a buscar más referencias en algunos combates antiguos de boxeadores como Rocky Marciano, único campeón de los pesos pesados en finalizar invicto su carrera, o Joe Frazier, y visualizó la película ‘Marcado por el odio’ (Robert Wise, 1956), un biopic sobre el campeón de los pesos pesados, Rocky Graziano, un violento boxeador italoamericano que se convierte en el campeón contra todo pronóstico. Este filme, que sirvió para lanzar al estrellato a un joven Paul Newman, causó un gran impacto en Stallone y sirvió como su verdadera inspiración a la hora de escribir ‘Rocky’ (John G. Avildsen, 1976), a pesar de que unos cuantos meses más tarde, el propio Chuck Wepner demandase a Sylvester Stallone con el argumento de haber llevado su vida a la gran pantalla sin su permiso, algo que el propio actor y guionista negó aunque finalmente llegase a un acuerdo extrajudicial con el púgil.
En cualquier caso, después de pasarse los días posteriores al combate entre Ali y Wepner empapándose de todos estos elementos, Stallone se sumergió febrilmente en la escritura de un guion cinematográfico con el que trató de articular todos los ingredientes para dar forma a la historia de un joven y desconocido boxeador italoamericano al que se le presenta la oportunidad de pelear contra el campeón mundial de los pesos pesados. El actor y guionista finalizó el primer borrador en tan solo tres días, algo impensable teniendo en cuenta que la duración media de escritura de un guion profesional oscila entre tres meses y un año. Meses más tarde, el propio Stallone dejó una frase para la posteridad a este respecto durante una entrevista promocional concedida a ‘The New York Time’, en septiembre de 1976: “Me sorprende la gente que tarda 18 años en escribir algo. Ese es el tiempo que le llevó a ese tipo, Gustave Flaubert, escribir ‘Madame Bovary’. ¿Y estuvo alguna vez en una lista de bestsellers? No. Fue un libro pésimo y resultó en una película pésima”. Este primer borrador contó más tarde con una serie de reescrituras, ya que su primera versión presentaba al personaje de Mickey Goldmill, el entrenador y mánager de Rocky Balboa, como un viejo racista y malhablado; la secuencia final del filme mostraba al personaje protagonista retirándose del combate final tras darse cuenta de que no quería formar parte del turbio mundillo del boxeo profesional, y en general todas las escenas y diálogos presentaban un tono mucho más sombrío.

Una condición irrenunciable
Una vez finalizado el guion, Stallone trató de moverlo por la entrañas de la industria cinematográfica con el propósito de dejar atrás su precario empleo de acomodador y poder cumplir de una vez por todas el sueño americano, abriéndose paso de manera meteórica en la meca del cine. Para ello, pidió ayuda a su colega, el actor Henry Winkler, con quien había coincidido previamente en el reparto del anteriormente mencionado filme, ‘Días felices’. Winkler se encontraba en aquel momento en el cénit de su carrera gracias a su interpretación del famoso greaser Fonzie en la aclamada serie de televisión también titulada ‘Días felices’. Su estatus le permitió negociar la venta del guion directamente con los ejecutivos de la cadena ABC para que lo convirtieran en un telefilm, pero cuando Stallone se enteró de que los directivos de la cadena planeaban modificar drásticamente el libreto, el guionista e intérprete le pidió a Henry Winkler que diera marcha atrás y recuperase los derechos del guion.
Al mismo tiempo, sus representantes trataron de vender el guion a alguno de los grandes estudios de Hollywood, pero todos los intentos fueron inútiles a causa de la insistencia de Stallone en poner una única condición: él mismo tendría que protagonizar la película. Mientras tanto, el actor no cejó en su empeño, y continuó presentándose a todos los castings posibles con el propósito de extender su red de contactos dentro de la industria. En uno de estos procesos de casting conoció a los productores Irwin Winkler y Robert Chartoff, a los que engatusó con la historia del boxeador semiprofesional Rocky Balboa, un joven italoamericano de Filadelfia con pocas luces y un corazón de oro que trabaja como cobrador para un prestamista vinculado con la mafia. La vida de Rocky cambia de manera radical cuando el campeón mundial de los pesos pesados, Apollo Creed, quien planeaba realizar un lucrativo combate en la ciudad más poblada de Pensilvania para conmemorar el bicentenario de los Estados Unidos, ve como su pelea está a punto de suspenderse a causa de una inesperada lesión de su contrincante. Con poco tiempo para cerrar un acuerdo con algún otro boxeador de élite, Apollo decide darle la oportunidad a un boxeador local, siendo Rocky el elegido para tal fin, lo que le convierte en una estrella mundial de un día para otro.

Chartoff y Winkler se mostraron entusiasmados con el guion y encontraron un gran potencial para convertirlo en un éxito cinematográfico, así que ofrecieron a Stallone la escandalosa cifra de 350.000 dólares para hacerse con sus derechos. Sin embargo, el actor, que por aquel entonces solamente disponía de poco más de cien dólares en su cuenta bancaria, se negó a vender su libreto a menos que los productores firmasen un acuerdo por escrito en el que se comprometieran a darle el papel protagonista del filme. Esta condición no frustró la compra, pero eso sí, hizo que los emolumentos económicos fueran diez veces inferiores a la oferta que le habían hecho inicialmente. Aún así, Stallone pensó que había cerrado un buen trato.
Una vez que tuvieron el guion en sus manos, Winkler y Chartoff iniciaron una negociación con United Artists, la compañía cinematográfica que a finales de la década de los 10 habían fundado varias de las figuras más relevantes del Hollywood de la época como Charles Chaplin, Douglas Fairbanks, Mary Pickford o D. W. Griffith con la intención de defender la posición y los intereses de los intérpretes y los realizadores por encima de los grandes estudios. Inicialmente, los directivos de los estudios dotaron a la producción de un presupuesto de dos millones de dólares al ver un gran potencial en el guion para que fuera protagonizado por alguna estrella consagrada de la meca del cine, y en este contexto, propusieron nombres como los de Robert Redford, Ryan O’Neal, Nick Nolte, Burt Reynolds o James Caan. No obstante, Chartoff y Winkler les comunicaron que la única vía para llevar a cabo la película era que el propio guionista, Sylvester Stallone, interpretara también el papel principal de Rocky Balboa, lo que hizo que el presupuesto inicial disminuyera drásticamente a la mitad.

Como los ejecutivos de United Artist todavía tenían algunas dudas sobre la capacidad interpretativa de Stallone, decidieron pausar la operación hasta asegurarse de su talento. Para ello, pidieron una copia de la única cinta que el intérprete había coprotagonizado hasta la fecha, ‘Días felices’, pero durante su visualización confundieron a Stallone con su compañero de reparto, el actor Perry King, quien les causó una grata impresión, así que decidieron dar luz verde definitivamente al proyecto. Para ello, dieron libertad total a Winkler y Chartoff, siempre y cuando firmasen un acuerdo que contemplaba que ellos mismos se harían cargo personalmente de todo el presupuesto que se excedieran más allá del millón de euros que les proporcionaría el estudio. En aquel momento, los dos productores se habían embarcado en otro proyecto paralelo, ‘New York, New York’ (Martin Scorsese, 1977), un drama musical que contaba con estrellas como Robert De Niro y Liza Minnelli y en el que habían depositado mucha confianza, por lo que pensaron que si excedían el presupuesto de ‘Rocky’, podrían pagarlo con las ganancias que sacasen de ‘New York, New York’, algo que paradójicamente acabó siendo al revés, ya que precisamente fue el éxito de ‘Rocky’ el que permitió compensar el descalabro del filme de Scorsese.
Fricciones, golpes reales y rodajes clandestinos
El primer paso para comenzar la producción fue la elección del director. Stallone, que quiso estar muy encima de todas las decisiones que se tomaran sobre la película para asegurarse de que su proyecto viera la luz con ciertas garantías, propuso el nombre del cineasta Ralph Bakshi, quien pasó a la historia del séptimo arte gracia a sus películas de animación blaxploitation y su aclamada versión animada de ‘El señor de los anillos’ (Ralph Bakshi, 1978). El intérprete había visto ‘Tráfico pesado’ (Ralph Bakshi, 1973), y creía que Bakshi era el cineasta idóneo para plasmar en la gran pantalla el submundo de los bajos fondos en los que se movía el personaje de Rocky Balboa, pero Bakshi rechazó la propuesta argumentando que no quería abandonar el cine de animación en el que había desarrollado toda su carrera. Esto desencadenó en que Winkler y Chartoff apostasen por el cineasta John G. Avildsen, responsable de títulos como ‘Joe, ciudadano americano’ (1970) o ‘Salvad al tigre’ (1973), filme por el que Jack Lemmon había conseguido su segundo Oscar; todo ello a pesar de que Avildsen jamás había visto un combate de boxeo profesional, ni tampoco una película ambientada en este deporte.

La producción también tuvo algunas dificultades en cerrar el casting de la película. Por ejemplo, el papel de Adrian, la joven y tímida dependienta de la tienda de animales con la que Rocky inicia un idilio amoroso, fue originalmente ofrecido a la actriz Carrie Snodgress, quien un lustro antes había sorprendido con su papel en ‘Diario de una esposa desesperada’ (Frank Perry, 1970), por el que obtuvo una nominación al Oscar en la categoría de Mejor actriz principal. Sin embargo, sus altas pretensiones económicas obligaron a los productores a buscar otras alternativas. La primera de ellas fue la actriz y cantante Cher, cuyas expectativas salariales también superaron el presupuesto. Más tarde se sondeó a Susan Sarandon, a quien finalmente se descartó para el papel por considerarla demasiado atractiva para dar vida a Adrian. Finalmente la elegida fue Talia Shire, quien aceptó los 7.500 dólares que ofrecían por el papel con tal de conseguir una oportunidad de desligarse del éxito que su hermano, Francis Ford Coppola, le había ofrecido gracias a su elección en el reparto de ‘El padrino’ (1972).
Al mismo tiempo, Stallone quería que el papel de Paulie, el hermano de Adrian y mejor amigo del púgil de Filadelfia, fuese interpretado por Harvey Keitel, pero finalmente tuvieron que conformarse con Burt Young, quien previamente había aparecido en películas como ‘Chinatown’ (Roman Polanski, 1974), o ‘Los aristócratas del crimen’ (Sam Peckinpah, 1975). Para el papel de Mickey, el anciano entrenador de Rocky, se pensó en el director y actor teatral Lee Strasberg, famoso por haber fundado junto a Elia Kazan la prestigiosa escuela de arte dramático Actors Studio en Nueva York, donde promovió el aprendizaje del famoso método Stanislavski en intérpretes que más tarde se convertirían en leyenda del séptimo arte como Marlon Brando, Paul Newman, Al Pacino, James Dean o Marilyn Monroe. Sin embargo, el modesto presupuesto no permitió su contratación, y el elegido en su lugar fue Burgess Meredith, famoso por su papel de El Pingüino en la mítica serie sesentera de estética pop ‘Batman’ (Bob Kane, 1966-1968) protagonizada por Adam West. Finalmente, se consideró que lo más idóneo era ofrecer el papel de Apollo Creed a un boxeador real, y para ello se mantuvieron conversaciones con el a la postre campeón mundial de los pesos pesados, Ken Norton, quien a pesar de quedar seducido por el ofrecimiento, finalmente descartó su presencia en el filme. En su lugar entró Carl Weathers, un fornido exjugador de fútbol americano que había dejado el deporte de élite para perseguir su sueño de convertirse en actor, y que había conseguido aparecer en un par de filmes de estética blaxploitation junto a Pam Grier antes de adjudicarse el papel que le lanzaría al estrellato.

Mientras todos estos detalles se terminaban de cerrar, Stallone abandonó su tabaquismo y comenzó un exigente entrenamiento bajo la atenta mirada del legendario entrenador de lucha libre Jimmy Gambina. Además, el actor, que se tomó muy en serio su trabajo, pasó incontables horas en la sala de proyección estudiando estilos, poses y movimientos de antiguas leyendas del boxeo como Ezzard Charles o el anteriormente citado Rocky Marciano. Esta obsesión por el detalle no abandonó a Stallone una vez que comenzó el rodaje, dando pie a una serie de fricciones con el director, John G. Avildsen, quien consideraba que el intérprete y guionista pretendía entrometerse en su trabajo. La veteranía de Avildsen hizo que poco a poco su opinión se impusiera racionalmente por encima de la efusiva falta de experiencia de Stallone, y su relación comenzó a mejorar paulatinamente. Por ejemplo, ante los nulos conocimientos pugilísticos del realizador y el desastroso trabajo que los coreógrafos de peleas habían hecho en la escenificación de la secuencia del combate final entre Rocky y Apollo Creed, Avildsen pidió a Stallone que él mismo se ocupara de escribir todos los movimientos que se encandenarían en el ring. Al día siguiente, Stallone acudió al set de rodaje con más de una treintena de páginas de instrucciones concisas sobre cómo debería tener lugar la pelea. Los dos intérpretes ensayaron exclusivamente esta pelea durante varias semanas, dedicándole un gran número de horas semanales a memorizar cada uno de sus movimientos. Además, para que el resultado final fuera completamente realista, ambos intercambiaron muchos de estos golpes de forma auténtica, lo que hizo que Stallone sufriera grandes contusiones en el costado, mientras que Weathers acabó con la nariz rota.
El rodaje en exteriores se llevó a cabo sin permisos, por lo que muchas de las personas que aparecen de fondo en estas escenas son transeúntes reales que se encontraban paseando por las localizaciones. Además, su bajo presupuesto hizo que tuvieran muchas dificultades a la hora de conseguir extras para llenar de público el pabellón en el que tiene lugar la última pelea, por lo que la producción utilizó material de archivo para falsear esas tomas. Del mismo modo, muchos amigos y familiares de Stallone se prestaron para hacer papeles de extra y ahorrar así parte de la financiación. Además, el filme fue uno de los primeros en contar con la flamante innovación técnica de la steadicam, que fue operada por su propio inventor para la mítica secuencia en la que Rocky sube corriendo las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia. En total, el rodaje de la película duró tan solo 28 días y finalmente se completó dentro del presupuesto acordado.

Un triunfo histórico y una gran ausencia
La banda sonora de la película le fue ofrecida originalmente a David Shire, quien por aquel entonces se encontraba casado con la coprotagonista de la película, Thalia Shire, pero el compositor tuvo que rechazar el trabajo debido a otros compromisos previos. El cineasta John G. Avildsen contactó entonces con Bill Conti, con quien iba a haber colaborado en la película ‘Un caradura simpático’ (John G. Avildsen, 1975), antes de que el estudio rechazase su trabajo. Conti aceptó el encargo a pesar de que el único presupuesto disponible para la banda sonora era de 25.000 dólares totales, de los que habría que restar el coste de material, el salario de los músicos y el alquiler del estudio. Aún así, Conti realizó un épico trabajo musical que se convirtió rápidamente en una de las bandas sonoras más laureadas de la historia del séptimo arte, y cuyo tema principal, ‘Gonna Fly Now’, llegó a copar durante semanas la primera posición de las listas de éxitos.

Tras su estreno, la película tuvo una increíble acogida en salas que la convirtió de manera instantánea en uno de los mayores fenómenos en taquilla de la historia del cine, tras recaudar a nivel mundial más de 225 millones de dólares frente al escueto millón que había costado su financiación. Stallone vio por fin como su carrera era lanzada al estrellato de la manera más meteórica, y su imagen se popularizó hasta tal punto que durante los siguientes meses apareció de manera frecuente en diferentes entrevistas y programas de televisión. Así pues, ‘Rocky’ se convirtió en una de las grandes apuestas de la temporada, una inercia que consiguió continuar hasta la 49º edición de los Premios de la Academia celebrada el 28 de marzo de 1977, a la que se presentó ni más ni menos que con diez nominaciones. Aunque en aquella edición había otras producciones que partían como favorita a los premios principales, como ‘Taxi Driver’ (Martin Scorsese, 1976), ‘Todos los hombres del presidente’ (Alan J. Pakula, 1976), o ‘Network, un mundo implacable’ (Sidney Lumet, 1976), finalmente ‘Rocky’ dio la sorpresa al conseguir tres estatuillas doradas, en las categorías de Mejor montaje, Mejor director para John G. Avildsen, y el premio principal de Mejor película.
La ceremonia dejó un sabor agridulce a su protagonista y principal impulsor, Sylvester Stallone, que a pesar de ver como el film de bajo presupuesto que había sido confeccionado por él mismo triunfaba en los premios cinematográficos más prestigiosos y mediáticos del mundo, se quedaba a las puertas de lograr el Oscar a título individual por partida doble, en las categorías de Mejor actor principal y Mejor guion original. A pesar de ello, Stallone explicó algunos años más tarde que aquella noche se convirtió en una de las más tristes de toda su vida, no por el hecho de que no pudiese alzarse con los premios individuales, sino por la ausencia de sus propios padres en la gala, con quienes mantenía una complejísima relación personal, y quienes consideraron que el éxito de su hijo había sido insuficiente como para brindarle su apoyo acompañándolo durante la ceremonia.
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