El embajador de Francia cuenta cuáles son sus restaurantes favoritos en Buenos Aires y analiza nuestras costumbres

-¿Cuáles son los tres lugares que recomendaría para probar cocina francesa en Buenos Aires?
-La Brasserie La Petanque en el barrio de San Telmo; Merci! en cualquiera de sus sucursales (Recoleta, San Telmo, Puerto Madero); Lo del Francés café bistrot en San Telmo y Chez Manu, un restaurante en Ushuaia que mezcla raíces de la cocina francesa con productos de la Patagonia.
-¿Y los platos imperdibles de cada uno de esos lugares?
–En la Brasserie La Petanque el tartare de salmón con mousse de palta y la crème brûlée de pistachos; en Merci! las croissants de almendra y luego el éclair de pistacho; de Lo del Francés cafe bistrot la milanesa de lomo a la florentine, y de Chez Manu, sin dudas, la merluza negra con arroz.
-Si recibiera amigos o familiares del exterior, ¿a qué restaurantes porteños los llevaría?
-Creo que el asado y las empanadas son dos platos de la cocina argentina que nadie puede dejar de probar. No solamente por la calidad de la materia prima local, sino también porque hay diferentes maneras de hacer cada uno de sus esos platos según la provincia.
-¿Qué debería probar sí o sí alguien que visita la Argentina?
-El dulce de leche, sin dudas.
-Cuando termine su misión, ¿qué va a extrañar gastronómicante de nuestro país?
-La charla entre amigos, el tener siempre un pretexto para encontrarse y comer: es una costumbre que voy a extrañar de este país el día que me toque volver a Francia.
-¿Qué costumbres gastronómicas argentinas sumó y cuáles todavía le cuestan?
-El trabajo de un diplomático requiere, en lo posible, adaptarse a las costumbres del lugar en que reside durante su misión. En este caso, en la Argentina, los horarios de las comidas son un poco tardiíos para los europeos y particularmente para los franceses, pero con la dinámica de mi trabajo y las actividades que realizo durante la semana me pude adaptar muy bien a las cenas después de las 21 y, sobre todo, disfruto mucho de las largas sobremesas entre amigos.
-¿Hay algún plato argentino que todavía no logró incorporar?
-No se me ocurre ninguno en particular.
-¿Cuál es su refugio en Buenos Aires?
-Cada lugar de la Argentina podría considerarlo mi refugio, en tanto y en cuanto me nutrí y me deslumbré con su belleza y riqueza geográfica. Pero el refugio nunca es un lugar: es mi familia, siempre. Donde esté con mi esposa Ariana, con mi familia, he allí mi refugio.
-¿Hay algún ingrediente o producto de su país que le gustaría traer aquí?
-Existen dos productos de mi ciudad natal, Nimes, que siempre recuerdo: el pélardon, que es un tipo de queso muy cremoso y sabroso, elaborado con leche cruda de vaca y que se come con una baguette durante el desayuno, y la tapenade, una pasta con aceitunas negras y verdes, anchoas, hierbas, alcaparras y aceite de oliva, ideal para acompañar una rodaja de un rico pan tostado. Son sabores que quedan grabados en la infancia y permanecen como un refugio en la memoria.
-¿Cuál es su especialidad en la cocina?
-Hace unos años, en el marco del evento Goût de France, tuve el honor de cocinar en la embajada con Karina Gao. Hicimos un plato llamado Tartiflette que lleva papas, queso Reblochon, panceta ahumada cocida, cebolla, vino blanco seco, manteca, sal y pimienta a gusto. Una receta emblemática de la gastronomía francesa.
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