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Saturday, September 26, 2026

Ariadna Gil, actriz: "Para mí es incomprensible cómo en nombre de una religión puede alguien decidir sobre algo tan íntimo, tan personal y tan difícil como la decisión sobre tu propia vida"

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Después de irrumpir en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián de 2022 con 'Suro', ópera prima premiada en el certamen con el Irizar al Cine Vasco, el FIPRESCI de la crítica internacional y el reconocimiento al mejor guion vasco, Mikel Gurrea regresa al Zinemaldia con 'Sants', su segundo largometraje. Con estreno en cines previsto para el 26 de febrero de 2027, 'Sants' parte de una premisa irresistible: mientras afronta la inminente muerte de su madre, una mujer entra a formar parte de una banda de ladrones de figuras religiosas. La protagoniza Victoria Luengo, de nuevo con Gurrea tras 'Suro' y consolidada como una de las actrices más potentes de su generación, junto a Ariadna Gil, presencia fundamental del cine español desde los años noventa.

ariadna gil victoria luengo

Europa Press News//Getty Images

En el festival hablamos con Luengo y Gil sobre cuidados, culpa, madres e hijas, robos imposibles y las comunidades que aparecen cuando menos te lo esperas.

¿Qué imaginasteis al leer el guion y cómo os sorprendió luego su puesta en escena?

Victoria Luengo: Cuando leí el guion, lo que sí que intuí es que iba a ser una película distinta, que iba a ser una película que tenía un imaginario que no era accesible o que no vemos normalmente cuando veo cine, vaya. Y sobre todo por la combinación también de temáticas, por la combinación de espacios. Mikel es un director que crea mucho a través del espacio que ocupa, ¿no? A través del espacio en el que escribe. Y en 'Suro' ya le pasó mucho, que estaba como en el bosque de donde estaba arraigada la película, tenía que ver con el bosque, y esto pues le surgió, la semilla de la idea, en una iglesia. Entonces, había algo de todos esos iconos y toda esa energía y toda esa luz que es la que iba a ocupar la película.

Ariadna Gil: Yo no me imaginaba cómo iba a ser la película cuando leí el guion. Claro, se podía rodar de muchas maneras, pero sí es verdad que ya había muchas sorpresas solo en la lectura. Muchos giros inesperados, muchas cosas que yo no me esperaba al ir leyendo el guion, que de repente se iba a lugares que no eran tan evidentes. Al rodar, tenía una sensación de gran libertad, pero a la vez de tener muy claro cómo quería rodar cada secuencia. Pero desde un lugar, para el actor al menos, muy libre y muy cómodo. No me encontré en ningún momento haciendo cosas que no me eran orgánicas o que no se hablaban.

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JB Lacroix//Getty Images

Ariadna, ¿cómo trabajaste un personaje enfermo sin reducirlo a la enfermedad?

A.G.: Hablamos con Mikel desde el principio que la enfermedad que tiene el personaje no se lo comiera todo, que no fuera solamente una persona enferma terminal, cosa que me parece muy interesante. Porque es verdad que, cuando ves a alguien muy enfermo, enseguida te da lástima, le tratas ya de una determinada manera. Y la persona sigue siendo la misma, pasándolo muy mal con unas circunstancias, pero era muy importante que estuviera presente la mujer que es.

¿Cómo construisteis la relación madre-hija entre Lali y su madre?

V.L.: Cuando supimos que Ariadna por suerte nos iba a decir que sí a estar con nosotros en la película, con Mikel ya había hablado mucho de esa relación madre e hija. Y me contaba que para él era una relación de dos mujeres. Ella se supone que es una madre que me ha tenido muy joven y que, por lo tanto, han tenido una relación como de amigas, que no es un buen lugar de crecimiento para una hija porque no hay un sostén o un referente claro que marque unos límites. Estas madres que al principio dices: “Qué chulo tener una madre así”. Yo creo que cuando te vas haciendo mayor, a lo mejor dices: “Me ha pasado un poco factura no tener unos límites claros”.

victoria luengo

Carlos Alvarez//Getty Images

¿Trabajasteis juntas antes de comenzar el rodaje?

V.L.: Cuando llegó Ariadna al proyecto, Mikel nos propuso hacer un grupo de WhatsApp. Ella y yo no nos habíamos encontrado y ahí empezamos con esto. Nos puso un grupo de WhatsApp en el que nos proponía situaciones y decía, por ejemplo, un día donde Lali tenía 15 años y robó en casa un dinero y se fugó de casa. Entonces, ella y yo nos mandábamos audios ya en personaje, construyendo esta relación de tira y afloja y esta relación un poco bruta, yo creo, de dos mujeres que se han relacionado como han podido, donde la hija se ha sentido amiga y no tanto hija, donde la hija de repente ha tenido que compartir ciertos comportamientos de la madre con novios que le venían a casa y que a lo mejor no se trataban desde la delicadeza que esa niña necesitaba. Hablamos mucho de eso y también de todo lo bien que se lo habían pasado ellas dos, del referente que para Lali era también su madre a nivel de look, de fortaleza... Los fuimos haciendo cronológicos durante la vida de ellas hasta el día que quedamos para hacer un único ensayo físico. Fue una improvisación donde hicimos la escena del encuentro, de la primera vez que ellas se encuentran. Y fue precioso, la verdad.

¿Y cómo fue trabajar ya con Ariadna en el set?

V.L.: Muy fácil. A veces le decía a Mikel: “Creo que no estoy haciendo nada, estoy desaprovechando las escenas porque tendría que hacer más”. Y Mikel me decía: “No, es que lo que tenéis que hacer es escucharos y estar, que es lo que estáis haciendo y ya está”. Ha sido muy interesante y para mí era el corazón de la película. Yo creía que la película es magnética y es maravillosa porque va por muchos lugares, pero si no estaba bien el miedo de Lali a que su madre desapareciera, si tú no te creías esta relación, yo creo que todo lo demás no hubiera tenido la fuerza. Porque Lali sale fuera a buscar una segunda madre porque esta no se atreve a enfrentarla. Si esto no estaba claro, lo de fuera creo que hubiera perdido fuelle. Fue muy bonito trabajarlo.

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ANDER GILLENEA//Getty Images

¿El cine os ha dado también familias elegidas?

V.L.: Cuando llegó 'Suro' a mi vida, yo no conocía de nada a Mikel y se ha convertido en uno de mis amigos íntimos. Sí, el cine te trae familias. También te trae personas que te encantan, las conoces, te fascinan y no las vuelves a ver, porque no siempre tienes tiempo ni espacio en tu vida para generar vínculos profundos con todo el mundo. Pero sí, yo creo que la película también habla de eso, de la familia que eliges, de la gente que eliges para que te ayude a superar ciertos momentos, de los cuidados, de cómo el cuidado colectivo a veces es más fácil que el cuidado en solitario y cómo vivimos en una sociedad que nos lo pone muy complicado.

A.G.: También habla de las cosas prácticas de la vida, como los primeros auxilios o cierta economía familiar. Y de todo lo que lleva a vivir cada vez más solos, más independientes y más autosuficientes. Y te das cuenta de que necesitamos de la comunidad, de los otros, sobre todo en situaciones como estas. Y en la vida en general. Pero sí, el aislamiento hace más fácil el control también de todos nosotros. Y, como vemos todos los días, en cuanto la gente se junta para algo, se pueden cambiar las cosas.

¿La comunidad puede salvarnos de las injusticias que se aprovechan de ese aislamiento?

A.G.: Siempre hay un detonante, algo que enciende esas mechas. Y el caso actual de Mari Carmen, de esta mujer que han desahuciado, es tan insoportable, inexplicable y tan inaceptable que creo que realmente ha sido como la gota. Porque detrás de eso, por supuesto, está la tragedia que está viviendo esta persona, pero hay muchísimas familias a las que les está pasando lo mismo desde hace tantos años por la dificultad de la gente para vivir dignamente. Es imposible, los sueldos son los que son y no puede ser lo que está pasando. Ya se ha llegado al límite donde la gente. Y ojalá, porque al final siempre se tiene la sensación de que no podemos cambiar nada y de que tiene que llegar alguien que cambie las cosas. Y ese alguien somos nosotros, la sociedad, a la que no queda otra que reaccionar una y otra vez.

ariadna gil

Carlos Alvarez//Getty Images

¿Cómo os relacionáis con la muerte?

V.L.: A mí me asusta la idea de desaparecer. No le tengo miedo a la muerte física, no es un miedo al dolor. Lo que siento es como que no tengo ganas de desaparecer. No sé si es miedo la palabra, es como no tener ganas de eso. Y, por supuesto, la muerte de mi gente querida me aterroriza mucho más que la mía propia. Me da más miedo perder a la gente que quiero que desaparecer yo, la verdad. También creo que vivimos en una sociedad que, igual que decía Ariadna, no nos enseña muchas cosas, tampoco nos enseña a convivir con ello. Culturalmente vivimos muy de espaldas a la muerte, que es algo tan natural y vamos a pasar todos por ello. Películas como esta también abren un pequeño camino a contar esto. Yo tengo varios amigos cercanos que han tenido experiencias de despedir a sus padres o a sus madres de la mano, diciéndoles adiós, sabiendo que en ese momento estaban muriendo, y me lo han contado como una de las experiencias de más belleza que han vivido nunca. Ahora mismo me aterroriza pensar en eso con mi mamá, pero luego pienso que poder acompañar es algo bellísimo. Ojalá esta película haga que la gente se sienta un poco más fuerte si está viviendo algo así.

A.G.: Vivimos, como dice Victoria, muy de espaldas a la muerte, al hecho de esa transformación que es, al final, todo. Y como lo negamos, negamos nuestra mortalidad hasta el último momento. Y por eso también aceptar que alguien pueda decir: “No, no, yo ya hasta aquí. Hasta aquí. No quiero seguir viviendo de esta manera”. Con unas garantías, obviamente, por protegernos también de otras cosas. Pero es como que no lo pueden aceptar. Para mí es incomprensible cómo en nombre de una religión puede alguien decidir sobre algo tan íntimo, tan personal y tan difícil como la decisión sobre tu propia vida. Nadie tiene que intervenir ahí. Con unas garantías, claro.

victoria luengo

JB Lacroix//Getty Images

¿Qué aporta convertir los atracos en robos a iglesias?

V.L.: Me hace mucha gracia porque Mikel dice: “Es una película de atracos a iglesias”. Hay un momento, una frase, cuando mi personaje le pregunta al personaje de Rosario: “¿Qué es lo que hacéis? ¿Quién sois?”. Y ella dice: “Somos ladrones de ladrones”. Aquí cada uno que tenga su propia opinión y su propia lectura, pero sí que es cierto que hay algo curioso en colocar estos ladrones en un lugar tan sagrado. Ya no hablo tanto de si eres creyente de una religión o no, pero sagrado en relación a la belleza, a los espacios, al silencio, a lo grande que es, a todo esto. Y es que rodar todo el robo que hicimos en la catedral final fue Increíble. Estar un equipo de rodaje en la catedral de Vic, que es un lugar hermosísimo, a las tres de la mañana, te genera un impacto. Porque son espacios donde hay mucha conexión con el interior de uno, seas creyente o no lo seas. Es un espacio que te permite estar en silencio, que no podemos estarlo nunca.

¿Dónde está el límite moral cuando se trata de sobrevivir?

V.L.: Cuando se trata de sobrevivir tendrías que ponerme en un contexto. Imagínate que me dices que se va a morir mi sobrina y que tengo que sobrevivir con ella, pues a lo mejor la moral me la paso por el... no sé por dónde. Pero yo creo que para mí, a día de hoy, en un lugar donde no me siento en alerta ni en ataque, te diría que el límite está donde empiezas a herir al otro. En el momento donde hay alguien que va a sufrir o va a pasarlo mal con tu acto. En el caso de Lali, robar unas figuras religiosas no me parece que afecte enormemente al bienestar, a la tranquilidad o a la emocionalidad de otra persona. Así que te diría que esa la paso.

A.G.: Estoy de acuerdo totalmente. En el momento en que empiezas a dañar a alguien, a perjudicar a alguien directamente.

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