Alberto Cortés, el actor que hace de Lorca en 'La bola negra': "Pasó algo muy espiritual y muy raro cuando me vieron caracterizado por primera vez. Me miraban casi como a un fantasma"

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Hasta ese momento, Alberto Cortés (Málaga, 1983) estaba relativamente tranquilo. "No, tú eres Lorca", le dijeron cuando él propuso hacer de Rafael Rodríguez Rapún en la prueba de cámara. "Ahí entendí lo que estaba sucediendo y que estaban pensando en mí como Lorca", explica a Fotogramas. "Me dio un sarpullidito en el estómago. Disimulé dignamente, tragué saliva y dije: 'Pues nada, Lorca', como si me hubieran dicho cualquier cosa". Días antes, cuando el mensaje de una empresa de casting le había llegado por Instagram, nadie le especificó cuál era el personaje. Una llamada en casa de sus padres, en Semana Santa, le disipó algunas dudas: "Hay un papel pequeño en 'La bola negra' que a lo mejor te interesa, creemos que puede ser para ti y nos gustaría verte". Al principio, incredulidad. "Pensé que era una broma. A veces llegan propuestas que parecen un poco fake", recuerda Alberto Cortés.
La broma ya la han visto más de dos millones de espectadores en apenas 10 días y ha terminado siendo la película española del año, un monumental y ambicioso lienzo cinematográfico queer convertido en un acontecimiento social inenarrable con el que Javier Calvo y Javier Ambrossi quieren asaltar los Premios Oscar 2027. "Está siendo una ola muy fuerte, ando un poco sobrepasado. Es inevitable que te atropelle, que te tambalee", admite Cortés sobre el éxito de 'La bola negra', que, hilvanando tres épocas históricas a través de la última obra inacabada de Federico García Lorca, pretende remover conciencias para desenterrar la memoria de aquellas vidas que no pudieron ser, las sepultadas en cunetas y las encerradas durante décadas en armarios.

Que se enteren los señores
"Lo primero que les dije fue que yo no había hecho ninguna película en mi vida, que no tenía ni idea de cine", confiesa Cortés sobre el interés que mostraron en él para resucitar a Lorca. Dramaturgo y creador escénico, se formó en la Escuela de Arte Dramático de Málaga y escribe e interpreta sus propias piezas. Javier Calvo le descubrió leyendo una de sus obras, 'Siempre vengo de noche', y Yolanda Serrano, directora de casting de la película junto a Eva Leira, le grabó interpretando las líneas de diálogo de Lorca que sacuden el corazón de 'La bola negra' al final del metraje, cuando el poeta granadino se reencuentra con Rafael Rodríguez Rapún, interpretado por Miguel Bernardeau. "Si me muero, que se enteren los señores", proclama Cortés en un momento de la conversación. La escena, un arrebato de vida fugaz y espectral, emocionó a Serrano, que terminó enviando la grabación a Calvo y Ambrossi. "Qué listos son estos niños", comentó la directora de casting al terminar la prueba de cámara. Dos semanas después, los Javis querían conocerle.
¿Todavía llevas a Lorca metido en el cuerpo?
Supongo que algo queda. Cuantas más veces veo la película, más vuelve. A lo mejor siempre ha habido un poco de Lorca en mí. No es tanto que se haya activado desde 'La bola negra', sino que la película ha sido el resultado de una serie de cosas que se han unido.
¿Estabas familiarizado con él antes de 'La bola negra'?
Es una figura que me ha acompañado durante mucho tiempo, sobre todo como referencia creativa. Siempre lo he mirado así. Intuyo que ya había alguna chispilla, alguna llamilla por ahí dentro, y la película ha terminado de exponerla de una forma más clara. Federico García Lorca es una figura que a todos nos ha llegado y que ha estado con nosotros desde el colegio, el instituto y la literatura. Luego, en la escuela dramática, me llegó desde otro punto de vista, con más profundidad, desde lo teatral y desde lo marica. Siempre he bordeado toda su obra, la he leído y me ha interesado, pero también he intentado esquivarlo en cierta manera durante mi carrera. Nunca he montado a Lorca, como no he montado a ningún autor, porque, salvando las distancias, quería parecerme a él en el sentido de creador. No quería montar sus piezas; quería hacer las mías, como él hacía las suyas. Para mí era un espejo y una forma de sentirme motivado por ese creador andaluz que podía hacer esas cosas. Ha sido siempre un impulso.
Y de pronto llega un proyecto en el que tienes que ser Lorca...
Ha sido muy raro, porque no he llegado a Lorca interpretando su obra, sino fijándome en la persona. Su obra está ahí, me ha influido y tiene importancia, pero lo que me interesaba era su persona.
Los Javis han contado que 'La bola negra' iba a ser una película de Lorca sin Lorca. Después, les dijeron que eliminaran la escena del guion, que no iba a funcionar. ¿Eras consciente de esa presión?
No del todo, pero lo intuía. Ellos ya me dijeron que iban a hacer una película sin Lorca y que luego pensaron otra cosa. Entiendes que, en el montaje de una película de este tipo, que a priori parecía larga, podía haber cortes y que te podías quedar fuera. Pero es verdad que trataron ese diálogo con mucho amor y apostaron mucho por que estuviera. Ahora pienso que el lugar que ocupa en el metraje tiene un significado muy fuerte: han querido darle un espacio bastante sagrado.

Federico García Lorca, con 21 años, posa junto a su madre, Vicenta Lorca, y sus hermanos Concha, Francisco e Isabelita en una fotografía familiar de 1919.
¿Qué imponía más? ¿Hacer de Lorca o aterrizar en un mundillo distinto al teatro?
Me imponían las dos cosas... pero a la vez no. Fui con muchísima ilusión y con ojos muy curiosos. En el rodaje era observador: estaba todo el rato mirando qué pasaba, cómo funcionaba el juego. No es tan distinto del universo teatral. Cambia mucho la mecánica, pero cuando se dice "acción" lo que ocurre es muy parecido. Me agarraba a esa experiencia de la representación en presente. No tuve una sensación de respeto bloqueante. Me fascinaba ver la maquinaria y entenderla. Tampoco podía acercarme a la figura de Lorca desde el bloqueo de su condición de figura universal. Me alejé mucho de esa idea. No quise construirlo pensando: "Voy a formarme sobre Lorca, a leer su obra y su biografía antes de hacerlo". Esa idea de figura universal de la literatura no me iba a venir bien para la interpretación. Me habría bloqueado.
En la escena, vemos a un Lorca arrollador, embaucador con sus amigos, jovial, vitalista, feliz, seguro de sí mismo... ¿Era esa la idea?
Me acerqué a un Lorca humano, marica, vulnerable, seductor, irónico y divertido. También a ese creador, dramaturgo y andaluz, a los lugares que tenían que ver conmigo y desde los que podía comunicarme con él. A partir de ahí me sentí cómodo. Lo que tenía que hacer era hablar con un chico guapo, seducirlo y decirle adiós. Me interesaba esa humanidad. Lo que sentí fue alegría, inquietud y curiosidad, pero no un respeto bloqueante.
¿Cómo fue la primera vez que te viste caracterizado?
Eso sí que fue rarísimo. Para mí ha sido lo más fuerte. La primera vez que me vi en pantalla, me quedé en shock: "Hostias, ese soy yo. Eso lo he hecho yo". También hay una pérdida de control, porque en mi trabajo no estoy acostumbrado a esto. Yo soy el director y el ejecutor de todas mis cosas, de toda mi imagen. Aquí, en el cine, te entregas y dices: "Haced conmigo lo que queráis". Fue rarísimo verme; cuando me miraba al espejo o me hacía una foto, era como si no supiera si yo estaba detrás. Aún me sigo viendo en la película y sé que soy yo porque me voy acostumbrando al que está hablando, pero hay algo en la imagen e incluso en el movimiento que me sigue resultando extraño. Sé que soy yo, pero se genera algo muy particular. La caracterización era muy concreta. Me veía y pensaba: "Parezco mayor".

¿Cuál fue la reacción del resto del rodaje al verte andando como Lorca?
Pasó algo muy espiritual y muy raro ese día. Voy a parecer místico, pero fue así. Yo iba como Lorca y, cuando me veía, aparecía un fantasma. Caminaba por el set, con los extras y con todo lo que había, y notaba las miradas. La imagen de Lorca es muy característica, así que había algo de mirarlo casi como a un fantasma. Tenía una escena en la que dialogaba con varias amigas. Conozco a algunas personas de ese grupo, como Pablo Messiez y Sabina Urraca, gente cercana del teatro. Recuerdo acercarme y que no me reconocieran. Me acerqué a Pablo y le dije: "Pablo, ¿qué tal?". No me conoció hasta que dijo: "Alberto". Sabina también se quedó en shock. Recuerdo sus caras cuando aparecí. Había un respeto casi sacro, como de decir: "Lorca resucitado". Era muy rara la sensación de pasar por allí y sentir cómo te miraban. Yo mismo lo sentía dentro del cuerpo. Recuerdo que había impresión y una especie de "¿qué hace Lorca aquí?". Creo que esa sensación se transmite.
¿Cómo vivió Miguel Bernardeau vuestra escena?
Estaba muy asombrado, muy sobrecogido. Se había construido su personaje desde esa fascinación y ese amor por la figura de Lorca. Recuerdo que, en el ensayo, casi no podía mirarme a la cara. Cuando me vio, estaba sobrecogido y me decía: "Es que eres Lorca. No puedo mirarte a los ojos porque eres Lorca". Se emocionaba y estaba cohibido durante el ensayo. Esa sensación de admiración al ver a Lorca era muy real, incluso en la escena estaba muy sobrecogido. Miguel se portó muy bien conmigo, me hizo partícipe de todo, fue muy amable y muy generoso. Fue especial porque era su última última jornada de rodaje. Estaba allí su familia y había algo bonito que se transmitía en el set. Me emocionó mucho el propio día de rodaje y Miguel me lo puso muy fácil. Fue, sobre todo, muy generoso conmigo.
En el cine, recuerdo un silencio sepulcral cuando apareces en pantalla. Se respiraba algo inmaterial, como una fascinación eterna. ¿Te has colado ya en alguna sesión para palpar esa reacción de la gente?
La primera vez vi la escena me quedé en shock. Estaba solo y me emocioné mucho al entender lo que estaba haciendo y lo que simbolizaba, pero el proceso no terminó ahí. Se completó cuando fui al cine, a una sala llena, a ver la película con mis amigos en Cines Embajadores, el cine de mi barrio en Madrid. Entonces pude entender lo que significaba y el valor que tenía para muchas personas que yo fuera Lorca. Lo estoy entendiendo ahora. Durante la grabación no quería ni podía meterme en ese lugar para hacerlo. Ahora sí entiendo cómo puede emocionarse la gente. Me emociona sobre todo por mi gente: por la gente del teatro que me conoce desde hace muchos años y por las amigas cercanas que de repente me dicen: "Alberto, tenías que ser tú". Como le decía a una amiga, "yo me emociono por vosotros", no tanto por mí, sino cuando veo a mi gente emocionada. Lo entendí cuando vi la sala llena, ese silencio y a mis amigas cogiéndome del brazo cuando aparezco en pantalla, llorando en mi hombro.

Álvaro Morte, que acaba de presentar en el Festival de San Sebastián 'La voz quebrada', nos decía que ya no es solo que no sepamos dónde está el cuerpo de Lorca, sino que ni siquiera sabemos cómo sonaba su voz. ¿Cómo te has enfrentado a ese vacío documental?
No puedo reconstruir una voz ni pensar en un personaje para construir algo de lo que no hay conocimiento. Lo que a priori era un impedimento se convirtió en una posibilidad. Creo que lo que buscaban los Javis no era una similitud imposible de alcanzar ni que entrara en un personaje que no podemos atrapar. Cuando hablé con ellos, Ambrossi me decía: "No buscamos esto, buscamos su aura, su mirada, su alma". No podíamos recrear algo que no existía. Tuve que dejar eso aparte y decir: "La voz de Lorca va a ser mi voz. El cuerpo de Lorca va a ser mi cuerpo y la mirada va a ser mi mirada". Construí desde la parte humana y acepté eso. Seguramente la voz de Lorca no tenía nada que ver con la mía, o a lo mejor sí, no lo sabemos. Mucha gente me dice: "Es que me lo imagino así, esta es la voz de Lorca". Seguramente no es la voz de Lorca, esta es mi voz, pero ha servido para traerle aquí, para pensar en él.
¿Cómo trabajaste físicamente a Lorca? ¿Hay algo deliberado en la gesticulación y en la forma de moverse?
Hay un trabajo de delicadeza y una apuesta por cómo quieres presentar a Lorca. Muy conscientemente he querido presentar a un Lorca andaluz, con acento, marica y con afectación. Es un posicionamiento que yo he querido hacer y que también estaba en mi cuerpo. He visto muchas representaciones de Lorca que lo presentan como un señor solemne, que habla castellano, con seriedad y gravedad. En cierta manera, eso borraba políticamente su mariconeo, y no quería caer en ese lugar. Para mí ha sido muy consciente la afectación, sus manos y su forma de mirar. Quería que fuese así; lo sentía como mío. Esa forma de gesticular y de estar la reconozco en mis escenarios y en mis representaciones escénicas. Lo he pensado: no es casual, aunque también sea orgánico. No es casual que Lorca tenga esa corporalidad. Quería que fuese así.
¿Has tenido algún contacto con su familia?
No, absolutamente ninguno. ¿Qué pensarán? No sé... No sé qué pensarán ni dónde estarán. Mi Lorca, por supuesto, está hecho desde mi posición y desde mucho amor, pero no he tenido contacto con ellos.

¿Qué hacemos con esas "historias de amor enterradas en los campos"? ¿Qué sentido tiene que 90 años después sigamos sin saber dónde está el cuerpo de Lorca?
Me parece un disparate absoluto que no tengamos su cuerpo, igual que me parece un disparate que no tengamos el cuerpo de muchísimas personas enterradas en cunetas. La película lo pone de manifiesto: hay una herida gigante en este país que no está resuelta. Es una herida que no se cerró en su momento. Hubo procesos que no se hicieron y algo sigue supurando. Creo que esto es consecuencia de aquello y que todavía estamos pagando sus consecuencias. La película es una forma poética de desenterrarlo, un golpe sobre la mesa para decir que esto sigue aquí, que sigue vivo. Seguimos arrastrando el pasado y las mismas heridas, y no se están solucionando. Algo bueno que está consiguiendo 'La bola negra' es la capacidad mainstream de expandir este tema. Muchas películas han tocado la Guerra Civil y han hablado de la herida no resuelta del pasado, del fascismo y de los daños de la guerra. Pero la idea clara de los Javis de hacerlo mainstream, épico y grande es un arma letal: le está llegando a muchísima gente. Esa combinación de hablar de estos temas para todo el mundo y a lo grande está generando un acontecimiento nacional.
¿'La bola negra' es una película política?
Es inevitablemente política, aunque no creo que sea una cuestión azarosa ni que de repente haya ocurrido sin más. La película se podría hacer desde muchos puntos de vista y habla de la Guerra Civil española. Desde el momento en que se enmarca ahí, hay una serie de elecciones conscientes. Aunque digamos que es una película de amor, para todos los públicos, estamos atravesados por la política: hay un contexto histórico muy concreto, una guerra y unos maricones. Eso es político, es inevitable. La decisión de que sea de maricones y de que esto ocurra en la Guerra Civil es política. Son posicionamientos conscientes, hechos de una manera expansiva, que acoge y puede abrazar a muchas personas. Ese abrazo generalizado, ese hacer la película a lo grande, es precisamente su fuerza.
¿Cómo imaginas la vida de Lorca si no lo hubieran asesinado?
Habría sido una estrella. Ya lo era cuando lo mataron. Era un genio desde muy joven, mucho antes de que ocurriera su asesinato y de que se consagrara. Desde muy pequeño, con 18 o 19 años, empezaba a tocar el piano, a escribir cosas maravillosas. Siento que esa genialidad estaba muy marcada. Imagino que habría sido inabarcable, habría seguido creciendo. Quizá habría podido ahondar más en su mariconeo de una forma explícita. Tal vez esta idea de 'La bola negra' estaba derivando hacia poner algo sobre la mesa, porque los tiempos iban a cambiar y él iba a tener un tiempo para contar y expresarse más libremente. Ya se sentía libre, ya era libre en su momento, pero quizá habría dado más alcance a su libertad marica.

Retrato sin fechar (hacia 1930) de Federico García Lorca.
Javier Ambrossi lo veía como un director de cine...
Podría ser perfectamente. Pero también como una estrella pop. Siento que tenía algo de estrella y que desprendía un encanto que arrastraba a todo el mundo.
¿Qué opinaría Lorca de una película como 'La bola negra?
Intuyo que estaría contento de que se desarrollase esta conversación, pero también horrorizado de que hubieran concluido su obra. Como autor y dramaturgo seguramente diría: "No, yo esto no lo iba a escribir así, esto no era así". Tendría en la cabeza todo su esquema sobre 'La bola negra', que seguramente no tendría nada que ver con lo que se recrea en la película. Esa parte le horrorizaría. Pero, por otra parte, pienso que el regreso de su figura le halagaría mucho, como buen vanidoso que debía de ser.
¿Qué pensaría de tu interpretación?
Esto es algo a lo que le he dado muchas vueltas. ¿Qué tiene que ver Lorca conmigo? Yo soy de un barrio de Málaga y él era de una familia absolutamente adinerada. Nuestras vidas son casi opuestas, pero también muy cercanas. Me lo planteé mucho y alguna vez he hablado con él internamente, para saber si yo era la persona correcta.
¿Y qué te ha dicho?
No sé qué decirte. Imagino que le gustará que haya una persona andaluza, aunque a lo mejor piensa: "No, debería ser de Granada", y yo le digo: "No, soy malagueño". Quizá pensaría que yo era la persona adecuada porque me he dedicado a la escena, al teatro, en cuerpo y alma. Pero también pienso que quizá no querría que lo representaran así, o que no tuviera esa pluma. Si Lorca me viese caracterizado, seguramente sentiría el mismo extrañamiento que yo cuando me veo en el cine y se reiría. "¿Cómo puede ser que este hombre haga de mí? Yo no era así". Pienso mucho en ello.
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