Preparen la palomitas
El primer equipo del Barça ha empezado la temporada lanzado. Tras un mercado de verano intenso y marcado por el 'fiasco' de la 'Operación Julián', las dudas invadían al sufridor culé. La prioridad siempre fue contratar un '9' para garantizar la producción goleadora tras las salidas de Lewandowski y de Ferran. Y al final del cuento, lo que se contrató fue a dos extremos rápidos (Gordon y Adeyemi) y a un pivote 'top' (Rodri). El debate estaba servido. Y llegó, sobre la bocina, Gabriel Jesús. Un plan 'B' que algunos pensamos que resultará ser mejor que el 'A'.
Todavía es muy pronto para sacar conclusiones y lanzar las campanas al vuelo, pero vistos los cinco primeros partidos oficiales de la temporada, la cosa es para ilusionarse: cinco victorias (cuatro de Liga y una de Champions), 22 goles a favor y solo tres en contra. Nadie lo hubiese firmado hace apenas un mes.
A todo esto, el debate del '9' se ha evaporado. Raphinha está que se sale en su nuevo rol y Gabriel Jesús aguarda en la recámara su oportunidad. Si la temporada pasada el equipo podía adolecer de tener un banquillo flojo, ahora la competencia es máxima. Los refuerzos mantienen el nivel e incluso llegan a mejorarlo. Pero hay que ser prudentes. El verdadero nivel de este Barça lo veremos en octubre, cuando encadenará tres salidas difíciles (Galatasaray, Betis y PSG) y recibirá al Real Madrid en el Camp Nou (el 25 de octubre).
El fútbol femenino también tuvo en vilo a los barcelonistas. Salieron Alexia, Salma, Mapi y Ona Batlle. Casi nada. Pero la dirección deportiva se puso las pilas y las nuevas incorporaciones parecen haber encajado como un guante. El Barça ya no maneja el mercado como antes y se hace muy difícil competir económicamente con los grandes clubes europeos y la entrada en escena de mecenas potentes como la empresaria Michele Kang. A pesar de ello, el equipo se ha reforzado muy bien y ha comenzado la temporada como terminó la anterior, desplegando un fútbol incontestable y sin conocer la derrota.
El balonmano azulgrana ha empezado como un tiro ganando la Supercopa Ibérica y ayer empezó la liga arrasando al Logroño. El baloncesto quizá sea la gran incógnita. La revolución que se ha hecho es tan brutal (11 jugadores y el entrenador son nuevos) que volver a ganar títulos se intuye complicado. Pero ver a tantas caras nuevas y el hambre que están mostrando en la pretemporada parecen haber devuelto la ilusión al Palau.
A todo esto, el saneamiento económico del club avanza satisfactoriamente. LaLiga anunció que podía aumentar el límite salarial en más del 34%, de 432 a 582 millones de euros. Señal de que los ingresos del club aumentan. Queda mucho por hacer, pero eso es una muy buena señal. Además, La Masia funciona y va dando sus frutos y se ha convertido ya en una importante fuente de ingresos.
En el plano patrimonial se acaba de resolver la venta de los terrenos de Can Rigalt por 30 millones y las obras del nuevo Camp Nou avanzan sin prisa pero sin pausa, y ya se empieza a intuir la majestuosidad de la gran reforma. El trastorno y las incomodidades que conllevan tantos meses de convivencia con las excavadoras se verán recompensadas con el orgullo de tener uno de los mejores estadios del mundo.
En general, da la sensación de que se está trabajando bien en todos los frentes. Y si el barcelonista es capaz de gestionar bien las expectativas, podrá llegar a ser feliz muy pronto. Ahora está viviendo un momento dulce. Sin títulos, todavía, pero convencido de que antes que tarde pueden llegar.
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