Entiendo a Raphinha
se está haciendo eterno el parón liguero por los compromisos de las selecciones. Son demasiados días sin ver jugar a un Barça que estaba maravillando. ¡Y todavía queda una semana más! Habrá que acostumbrarse a esta interrupción más larga en septiembre que se acordó para que no haya otra en octubre.
Nunca se sabe qué solución es la mejor en un calendario tan repleto de partidos y seguro que no gustará a todos porque criticar es gratis. A mí lo que me inquieta es que el equipo de Hansi Flick no mantenga su energía cuando vuelva a competir el sábado 10 de octubre ante el Getafe en el Spotify Camp Nou.
Hablo de inquietud porque soy culé y siempre nos gusta un poco martirizarnos poniéndonos en lo peor, pero no de preocupación porque considero que hay motivos para creer que el equipo azulgrana no bajará el nivel. Hay dos jugadores competitivos por puesto para hacer las rotaciones pertinentes y seguro que el entrenador alemán no permitirá distracciones ni relajaciones.
Las molestias de Eric y Raphinha, además, los dos que tuvieron que volver antes, quedaron en sendos sustos. Hay quien critica al brasileño por jugarlo todo con su país, pero como exinternacional en 32 ocasiones con España tengo que decir que es muy difícil dosificarse. Un futbolista es profesional y sólo hay una forma de jugar: darlo todo. En un entrenamiento en casa, para estar en forma, también hay que emplearse así y te puedes lesionar igual. Y las características del ahora delantero centro del Barça son la velocidad, la presión y la agresividad. No puede jugar a medio gas.
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