Sergio Ortiz Briano*: La educación actual, entre la tradición y la novedad
urante los últimos meses, en un ejercicio que se advertía como de preocupación para el gobierno de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, en muchas de las Mañaneras del Pueblo se dijo que era necesario abrir el debate nacional en torno al uso de la IA y de dispositivos electrónicos en las escuelas, principalmente de educación básica. Luego se anunció que comenzarían las consultas en los consejos técnicos escolares a maestras y maestros de educación básica acerca de estos temas. Ahora que concluyeron estas reuniones de preparación para el ciclo escolar, que comienza este lunes 31 de agosto, se dijo que las encuestas fueron aplicadas a todo el magisterio de este nivel educativo.
Para sorpresa de muchos, al abordar este tema el viernes 28 de agosto por la mañana, la Presidenta señaló que en muchos países están regresando a la pluma y el papel, “porque resulta que utilizar la pluma y el papel te desarrolla tus habilidades sicomotoras o tus capacidades sicomotoras (…) entonces, eso es lo que queremos hacer, que por lo menos en las escuelas no se utilicen los dispositivos digitales, ni por los maestros ni por los estudiantes” (https://www.youtube.com/watch?v= tjuEaoaH4zM).
Esta declaración ha llamado sumamente la atención, pues se trata, primero, de un adelanto de las decisiones que podrían tomarse desde la Secretaría de Educación Pública, independientemente de los resultados de las encuestas aplicadas durante la última semana; por otro lado, parece que al pretender limitar el uso de los dispositivos también a las maestras y maestros se están desconociendo las características del momento en que nos encontramos, y del magisterio en particular.
Vale la pena decir que actualmente el grupo de edad con mayor cantidad de maestras y maestros en México se encuentra entre 25 y 44 años; en el mismo sentido, el grupo entre 25 y 34 años es el que más utiliza Internet, sólo después del grupo que se encuentra entre 15 y 24 años (https://www.jornada.com.mx/noticia/ 2026/06/17/economia/en-mexico-casi- el-doble-de-internautas-en-una-deca da). Por lo tanto, esta proporción resulta importante si consideramos que será la mayoría de maestras y maestros que crecieron envueltos en el uso de las tecnologías, que se apoyan en estas herramientas para la planificación de su trabajo, que acuden a Internet para resolver inquietudes –en ocasiones para conocer más acerca de los temas de clase–, que promueven la organización del grupo con ayuda de sus dispositivos, en fin, que emplean sus equipos y aparatos en el día a día de su quehacer docente para complementar tanto las carencias de recursos en las escuelas como otras, tal vez relacionadas con las debilidades propia de su formación para el magisterio.
Me parece que estamos a tiempo de establecer un debate real que nos permita a todas y todos, como sociedad, ser partícipes de un análisis que nos lleve a la construcción de una conciencia colectiva acerca de las implicaciones de uso responsable de los dispositivos electrónicos en los procesos de enseñar y aprender. Más que limitar, considero que será necesario promover la convivencia consciente y responsable entre aquellas tradiciones en las que nos formamos quienes venimos del siglo XX y la novedad que trae consigo la vertiginosidad en las nuevas tecnologías. Recordemos que, por naturaleza, aquello que más se prohíbe resulta mucho más atractivo para quienes se encuentran en proceso de formación.
Por otro lado, si en otras colaboraciones en este espacio he mencionado que la suma de las reformas educativas se ha convertido en una carga administrativa para el magisterio, en algunos casos ocasionada por la preocupación de autoridades por justificar su autoridad, para lo cual exigen el llenado de estadísticas carentes de sentido, cuadernos de incidencias a las que no se da seguimiento –en muchas ocasiones, por la multiplicidad de tareas con las que debe cumplir la maestra o el maestro en su trabajo con el desarrollo de los temas con sus alumnos– y cumplimiento de programas ajenos muchas veces a lo establecido en los planes de estudios, ahora me pregunto cómo podría establecerse una regulación en el uso de dispositivos electrónicos en las escuelas.
Dado que hasta ahora sólo ha sido mencionado como un tema de preocupación para el gobierno, no deseo imaginar lo que sucederá en este nuevo ciclo escolar cuando directoras, directores o supervisores estén frente a la tentación de “dar resultados” en este sentido y comiencen a hacer reportes de maestras y maestros que se atrevan a hacer uso de dispositivos electrónicos en el desarrollo de su trabajo docente. Finalmente, no pienso si será necesario dejar de implementar dispositivos electrónicos; en todo caso, mi pregunta estriba en si esto es posible, considerando que para las nuevas generaciones de maestras y maestros, el uso de los dispositivos es indispensable en todas sus actividades cotidianas, laborales y sociales.
* Profesor-investigador, adscrito a la Escuela Normal Rural “Justo Sierra Méndez”, Cañada Honda, Aguascalientes, México
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