Carlos Cuevas: "Me da vergüenza, a mí el primero, pero eso de que a los actores no nos gusta vernos es un tópico. Es como el cocinero que prueba lo que acaba de cocinar"

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Con solo cinco años, Carlos Cuevas (Moncada i Reixac, Barcelona, 1995) empezó a protagonizar anuncios publicitarios. Ahora ha cumplido los 30 y acumula las suficientes muescas en el revólver como para no dejarse encasillar en papeles adolescentes ni perder la ilusión, ni la disciplina, por su oficio. Omnipresente en Cataluña desde que interpretó al hijo de Emma Vilarasau en la serie 'Ventdelplà' (2005-2010), se ha criado frente a la cámara y sobre las tablas esquivando los peligros de ser niño actor hasta llegar a la adolescencia, donde fue uno de los líderes del fenómeno 'Merlí' (2015-2018), que continuó con su secuela 'Sapere Aude' (2019-2021).

Después de rodar 'El anfitrión' en Grecia, donde ha trabajado con Willem Dafoe, y de adentrarse en los peligros del salto BASE protagonizando 'La fiera', presenta en el Festival de San Sebastián su nuevo proyecto: 'Gènesi', serie que narra los orígenes y la revolución gastronómica del emblemático restaurante de Ferran Adrià, en la que interpreta a su hermano, Albert Adrià. Hablamos con el actor sobre el reto de dar vida a una persona real, su encuentro con el propio Albert y esa necesidad de seguir demostrando que, a sus 30 años, todavía le queda mucho por cocinar.
En 'Gènesi' interpretas a Albert Adrià, una persona real. No sé hasta qué punto has sentido responsabilidad a la hora de interpretarlo. ¿Cómo ha sido el proceso y tu relación con él?
Efectivamente, en 'Gènesi' interpreto a Albert Adrià, que no solo es un personaje real, sino que está muy vivo, le quedan muchos años por delante. Entonces, hay mucha gente que le conoce y que me puede dar su opinión, sobre él y sobre mi interpretación. Cuando interpretas a un personaje que está vivo, sí que está un poco la responsabilidad de hacer que sea verosímil y que su entorno y la gente que le ubica y le conoce valide esa interpretación. Aun así, yo no he querido hacer en ningún caso una imitación de Albert, sino una interpretación de su espíritu, del perfil del personaje, del motor con el que él llega al restaurante El Bulli en los años 80, siendo un chaval sin ningún tipo de vocación gastronómica ni culinaria, y termina siendo uno de los mejores cocineros del mundo. Esa ha sido mi voluntad, además desde un perfil un poco más tímido que su hermano Ferran.

Da la impresión de ser muy reservado.
Es un tipo nada expansivo, muy reservado, sí. Albert dice que su lema es "callar y trabajar". Entonces, yo he intentado hacer una interpretación más sutil, a base de lenguaje no verbal, intentando comunicar mucho con la mirada. Siendo muy curioso, he intentado que el proceso del personaje fuera desde una mirada muy curiosa hacia un conocimiento muy total al final de la serie. Es alguien que mira con cariño y con curiosidad las cosas y termina al final de la serie siendo un profesional y un experto en la materia.
¿Y cómo ha sido tu relación con él?
Albert ha sido muy generoso conmigo. Ayer, por ejemplo, le quise mucho, me cuidó mucho. Nos invitó a su restaurante Enigma en Barcelona, a todo el equipo, porque querían conocernos y tener un gesto con nosotros. Pude estar con él y tener una reunión de un par de horas en su despacho, donde fue muy generoso conmigo. Le hice todas las preguntas que yo tenía. Iba con una agenda y con una libreta: "Pregunta uno, vale, a ver aquí, ¿qué pasó? Pone esto el guion, ¿es verdad?". Luego cogí a toda la gente de su entorno para hablar de Albert, porque cuando él me habla de sí mismo me va a decir unas cosas y el de al lado va a decir otras. Entonces, me encargué de hablar tanto con su hermano y su hijo como con los cocineros. Además, he visto todos los documentales que existen sobre Albert Adrià, todas las entrevistas, me compré un libro de cocina... Creo que he entendido bastante el perfil. Otra cosa es que lo haya logrado interpretativamente, pero creo que entiendo bastante el personaje.
¿Qué tal te llevas tú con la cocina? ¿Eras cocinillas antes o has aprendido ahora?
A ver, cuando me pongo, me pongo (risas). Entonces, si un día me pongo a cocinar, lo consigo. Pero no soy constante, no tengo el hábito. Corto cosas, caliento cosas y casi ni caliento, ¿sabes? (Risas). Como todo el día ensaladas, así sobrevivo. Me gusta comer bien, pero no soy muy cocinillas.

Hay algo curioso en 'Gènesi': los métodos de trabajo de una cocina y de un rodaje tienen bastantes similitudes. ¿Lo has sentido así?
Son mundos bastante parecidos por los métodos. Una cocina se parece bastante a un rodaje. Hay mucho oficio, ahí está todo muy parcelado, pero hay tensión, hay nervio, llegan unas horas del día en las que hay que correr, pero hay ilusión y, sobre todo, la voluntad de entregárselo a alguien. Es un acto de entrega. Nosotros tenemos películas para el público, no para quedarnos tras nosotros en un taller, sino que las exhibimos y el cocinero también entrega sus platos y se expone a la opinión del comensal.
Tú ya tienes una carrera consolidada, aunque sigues siendo joven. Imagino que al principio también tenías esa sensación de tener que ir demostrando tu valía.
Sí, pero esa sensación de seguir validándote y demostrando es continua y diaria, pese a que acabo de cumplir 30 años y no soy el Carlos de 20. Cada peli es una nueva oportunidad para aprender y enseñar cosas, también para no hacerlas bien en caso de que no estés afinado. Y pese a que estoy muy agradecido y muy contento con el lugar en el que estoy, yo no levanto nunca el pie del acelerador porque en todos los proyectos hay cosas por aprender, compañeros y compañeras con los que mejorar. Esto es un caminito de hormiguita muy largo. Yo quiero trabajar toda la vida de esto, entonces no tengo prisa por nada.
¿Cuáles dirías que son los ingredientes fundamentales de un actor?
Mucha capacidad de trabajo, mucha capacidad de concentración, mucha escucha, mucha mirada, mucha disponibilidad para saber acatar una directriz, un cambio de situación que no te esperas, una propuesta que no es la que tú traías de casa, pero que hay que jugar a ese juego. Y creo que buen gusto, en todas las profesiones, es algo que se educa con los años y que también es un privilegio poder tenerlo porque significa que has podido ver muchas películas o hablar con mucha gente que sabe mucho. También es importante el instinto. Creo que hay algo muy intuitivo de saber cómo es la vida, cuándo estás bien en un lugar, cuándo no, cuándo tu olfato te dice que una cosa funciona... Si tienes el bichito, no hay que perderlo.

Si tuvieras que valorar tu propio trabajo, ¿qué parte de tu carrera dirías que está más "al dente"?
Madre mía, pues no sé (risas). No estoy muy contento con muchas cosas. La última peli que estrené, 'El anfitrión', es una peli con la que estoy muy contento y creo que hago un personaje pequeño y que está muy contadito, pero eso prefiero que lo digan los demás. A veces, la sensación interna no es la misma que la externa. Ayer, un compañero con el que íbamos a estrenar la serie estaba muy inseguro y ha hecho un trabajo soberbio. Es decir, que la autopercepción es un tema. A veces, crees que has hecho algo que no está a la altura y el resultado es brutal, y a veces al revés, estás endiosado y tampoco. Creo que hay que saberse ver y tener un poco de conciencia de lo que haces, pero al final se nos escapan muchas de las cosas.
¿Y qué haces cuando ves algo tuyo y sientes que no está a la altura?
Pues tragar (risas). Asumir, aprender, seguir, decir: "Vale, aquí esto no". Yo creo que lo de que no nos gusta vernos es un tópico de los actores. Nos da vergüenza vernos, a mí el primero, pero creo que es importante verse también. Es como el cocinero que prueba lo que acaba de cocinar, punto. Eso no quiere decir que te comas tres platos, ni que lo pruebes cada día, pero tú tienes que saber. De hecho, esto nos lo contaban los cocineros de El Bulli: la figura del chef absoluto, el que está al mando y es la última persona antes de que los platos salgan a sala, lo prueba todo. Cada día se prueban todas las elaboraciones: una cucharada, un nada, un gesto, pero se prueba todo. Hay un control de calidad que tiene que haber en la cocina y creo que nosotros debemos ver las películas y las series que hacemos, y aprender de ellas para seguir mejorando, escuchando los consejos de la gente que sabe más.

Para terminar, ¿qué actor o actriz de este país te parecería similar a la figura del personaje que interpretas, que fue una persona creativa que rompió moldes en su profesión y marcó a todo un país en los medios?
Para mí, el símil de Ferran Adrià en el cine es Javier Bardem. Ha roto muchos moldes, ha cruzado fronteras, se ha admirado en todo el mundo, querido en casa, con un carisma brutal y un oficio inmenso.
¿Y te llevas algún truco de cocina de todo este proceso?
Sé más cosas y truquillos. En el rodaje había varios cocineros de El Bulli, que fueron los asesores gastronómicos, y uno de ellos, Alen, es vecino de mi barrio. Yo vivo en el barrio de Gracia, en Barcelona, y un día fui con él al mercado y me dijo las paradas donde había que comprar. Fue un regalo de por vida que me quedo: saber dónde está el buen producto. Y eso sí que me lo guardo para mí. ¡No lo voy a decir! (risas).
Director digital de Fotogramas.es y el español vivo que ha visto y ve más cine español. Se mete 1,7 películas al día y escribe sobre ellas 40 horas a la semana desde hace 20 años. Y no solo cine patrio. Desde los títulos más indies hasta los blockbuster imprescindibles o lo más selecto de los festivales internacionales. Todo vale para alimentar su inagotable ansia cinéfila. Y, por supuesto, sin dejar de lado las series de televisión.
Por su grabadora ha pasado todo el 'star system' español… y gran parte del internacional. Desde que se licenció en Periodismo allá por… Bueno, desde que se licenció en Periodismo, ha trabajado en varias cabeceras de Hearst, como TP, Supertele o Teleindiscreta, antes de aterrizar en Fotogramas, curiosamente, la revista que le empezó a despertar su pasión por el séptimo arte desde bien pequeñito.
También es actor pero, a la espera del Goya Revelación, está felizmente encasillado en su papel.
María Juesas es experta en películas y series, especializada en las británicas, asiáticas y, en general, en todo lo que esté bien escrito. También es periodista cultural y miembro de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE), la organización que otorga los Premios Feroz. Su amor por el cine empezó con los animales parlantes de ‘Babe, el cerdito valiente’ y, desde entonces, ha crecido entre los horizontes de John Ford, las galaxias de George Lucas y las playas de Agnès Varda. Ávida defensora de que una buena historia puede cambiarte la vida, no tiene género favorito porque su historial cinéfilo no conoce límites (ni vergüenza). Eso sí, nómbrale a Richard Curtis y tendrás conversación para rato.
Llegó a la redacción de Fotogramas como becaria en prácticas después de trabajar como proyeccionista en el mejor cine de Sheffield (en Reino Unido, donde también formó parte de una granuja Blues Band), y de escribir sobre películas, música, teatro y literatura en medios como la revista Nuebo, Milana o El Generacional. En Fotogramas, ha cubierto festivales como la SEMINCI de Valladolid o los encuentros Rendez-vous de Unifrance en París, además de entrevistar a personalidades como Robert De Niro, Renée Zellweger, Benedict Cumberbatch, Olivia Colman o Richard Gere.
Apasionada de la música y el cine, desde Vigo llegó a Madrid para estudiar el doble grado de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III. Cuenta la leyenda que prefería saltarse clases para ir a algún estreno aunque, si se lo preguntas, lo negará. Tras una breve pero transformadora etapa de formación en Onda Cero Pontevedra, volvió a coger el micro como directora y presentadora del podcast Estrofas en Primer Plano, para después completar un curso de Dirección de Producción en RTVE Instituto. Si no la encuentras, es que estará viendo alguna película de Kurosawa. Da igual cuándo leas esto.
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