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Thursday, October 15, 2026

Tiempos de ilusión, una liviana comedia familiar francesa que fue un éxito en su país

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Tiempos de ilusión (Juste Une Illusion, Francia/2026). Dirección: Olivier Nakache, Eric Toledano. Guion: Olivier Nakache, Eric Toledano, Nathalie Hertzberg. Fotografía: Augustin Barbaroux. Edición: Dorian Rigal-Ansous. Elenco: Simon Boublil, Louis Garrel, Camille Cottin, Pietro Lottin, Rony Kramer. Duración: 116 minutos. Calificación: G (Audiencia general). Nuestra opinión: regular.

La nostalgia es peligrosa cuando es la única herramienta con la que se examina el pasado. Sobre todo porque puede transformarse en una coartada para evitar observar sus pliegues y contradicciones. La misma dupla de directores que consiguió un gran éxito internacional con Amigos intocables (la película fue un suceso extraordinario en Francia, donde vendió casi 20 millones de entradas, y recaudó más de 425 millones de dólares en todo el mundo) propone esta vez un viaje a los años 80 a través de una comedia familiar ligera y pensada centralmente para despertar empatía y emociones inmediatas.

La historia transcurre en 1985 y tiene como protagonista a Vincent, un chico de 13 años que vive en las afueras de París. Mientras descubre el amor, se prepara para su bar mitzvá y trata de entender las desconcertantes conductas de los adultos que lo rodean. Su familia atraviesa una crisis evidente: el padre, interpretado por Louis Garrel, oculta las consecuencias de su desempleo; la madre, a cargo de Camille Cottin, busca una independencia profesional que altera el equilibrio doméstico; su hermano mayor es un referente inestable.

Nakache y Toledano tienen una habilidad indiscutible para dirigir elencos numerosos, generar situaciones cómicas y hacer circular los afectos entre personajes muy distintos. Pero esa destreza está puesta únicamente al servicio de convertir los recuerdos personales en una experiencia reconfortante para todos.

La película acumula asuntos potencialmente espinosos -el antisemitismo, las diferencias de clase, el desempleo, las tensiones matrimoniales- enfocados con un tono demasiado superficialGentileza Analía Sánchez

La película acumula asuntos potencialmente espinosos -el antisemitismo, las diferencias de clase, el desempleo, las tensiones matrimoniales- enfocados con un tono demasiado superficial. Cada conflicto está dosificado para producir una inquietud pasajera antes de devolver al espectador a un territorio seguro.

En lugar de desarrollar una línea narrativa sólida con decisión e intensidad, el relato encadena como una sucesión de viñetas anécdotas de iniciación, discusiones familiares, canciones reconocibles y pequeñas revelaciones sentimentales. Algunas escenas tienen gracia, otras encuentran una emotividad genuina, pero la acumulación no produce necesariamente profundidad. La película avanza con fluidez, aunque pocas veces con la sensación de que algo importante esté realmente en juego.

La reconstrucción de los 80 es otro síntoma de esa complacencia. La ropa, los aparatos electrónicos, las referencias culturales y una banda sonora cuidadosamente seleccionada funcionan apenas como estímulos de reconocimiento. El pasado aparece envuelto en una calidez que atenúa todas sus asperezas. En vez de preguntarse qué significaba crecer en aquella Francia de Francois Miterrand, los directores parecen más interesados en reproducir la satisfacción de reconocerla. La memoria se convierte así en una colección de objetos entrañables, casi en un catálogo de época.

Louis Garrel y Camille Cottin, protagonistas de esta "historia amable" Gentileza Analía Sánchez

Lo más interesante de la película aparece cuando se aparta de Vincent. Garrel compone un padre vulnerable, desconcertado ante la pérdida de su lugar como sostén económico de la familia, y Cottin aporta muchos matices en la composición de su personaje, una mujer que intenta escapar de las obligaciones que la abruman.

La relación entre ellos contiene muchas de las contradicciones que el resto de la película apenas roza. Una historia concentrada en ese matrimonio, en el resentimiento y el afecto que conviven dentro de él, quizás habría permitido un resultado bastante más incisivo. Pero la idea era contar una historia amable que, justamente por su excesiva liviandad, difícilmente permanezca mucho tiempo en la memoria.

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