Noemí Juárez Pérez*: Maestras, maestros: no estamos solos
xiste un espacio donde todos los días se teje comunidad, presente y futuro: nuestras escuelas.
Hoy más que nunca, frente a los complejos desafíos sociales que enfrentamos en prácticamente todo el mundo, nuestros salones de clase deben procurarse como un espacio seguro no sólo para nuestras niñas, niños y adolescentes, que son nuestra razón de ser, sino también para las maestras y maestros que hacen efectivo el derecho a la educación.
Como normalista y profesora de secundaria, mantengo intacta la convicción de que las aulas no son únicamente espacios de transmisión de conocimientos, sino el corazón de nuestras comunidades y el lugar donde nuestras infancias y adolescencias experimentan la convivencia, la diversidad y el ejercicio pleno de sus derechos.
Garantizar que nuestras maestras y maestros cuenten con el respaldo, las herramientas y las garantías necesarias para ejercer su vocación es una prioridad que no podemos dejar en un segundo plano, pues nada es más valioso que la labor de quienes dedican su vida a formar y cuidar el presente y futuro de nuestro país.
Por ello, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo instruyó un decreto para garantizar que las plataformas digitales sean también espacios seguros, haciéndolas responsables de su contenido y obligándolas a retirar de inmediato publicaciones o cuentas que promuevan discursos de odio, ciberbullying, violencia sexual, autolesiones deliberadas, trastornos alimenticios, suicidio, violencia en el entorno escolar, conductas ilícitas o contenido sexual.
Las compañías tecnológicas también deberán desarrollar mecanismos de seguridad desde el diseño, clasificar contenidos por edad y ofrecer herramientas de supervisión a madres, padres y tutores, además de colaborar con las autoridades de seguridad y procuración de justicia mediante un punto de contacto disponible las 24 horas, el cual atenderá solicitudes, preservará evidencias y emitirá alertas ante riesgos inminentes a la vida.
Sin embargo, los espacios escolares seguros requieren una distribución clara de responsabilidades en la que el hogar y la comunidad juegan un papel insustituible. Lo que pasa en las casas y en el entorno de nuestras infancias y adolescencias se refleja en los salones de clase.
Recordemos a Rita Segato, quien señala en Pedagogías de la crueldad, aquellos actos aprendidos y normalizados que habitúan a desensibilizarse ante el sufrimiento ajeno; prácticas vinculadas a “mandatos” estructurales que exigen demostrar superioridad. La nula empatía convierte a nuestros jóvenes en sus primeras víctimas mediante una violencia que deriva en agresiones y formas de violencia hacia el entorno social.
Frente al avance de estas pedagogías de la crueldad y de los mandatos violentos, Segato propone desarticular esa lógica mediante la reconstrucción de los vínculos comunitarios, un pilar de la Nueva Escuela Mexicana.
Por ello, la responsabilidad digital en el hogar no es sólo un asunto de control técnico, sino un llamado permanente a madres, padres y personas cuidadoras para acompañar a sus hijas e hijos en un uso consciente y crítico de las pantallas, dejando atrás mandatos de violencia y fomentando la empatía, el cuidado mutuo y el diálogo pleno sobre sus emociones desde la infancia.
La transformación educativa se mide en el bienestar de nuestros estudiantes y docentes, así como en la fortaleza del vínculo entre la escuela, las familias y la comunidad. Seguiremos trabajando con el magisterio y defendiendo la educación como lo más poderoso para transformar las realidades de nuestro tiempo, mediante una pedagogía de la esperanza, del cuidado y la emancipación.
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