Construir sobre roca

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Se venden muchos diarios los días lunes. Todo lo malo era evitable y todo lo bueno se presume obvio. Esta semana una excandidata presidencial daba por sentado el logro que significó la aprobación de la Ley de Reconstrucción, con la correspondiente baja de los impuestos, afirmando que “cualquier economista lo hubiera hecho”, ¡cuando ella misma proponía aumentar la carga tributaria en televisión abierta hace pocos años atrás!
Lo cierto es que los contrafactuales son infinitos y la realidad es una. Los méritos de la aprobación de la megarreforma no son de “cualquier economista” sino de Jorge Quiroz. Y son, en última instancia, del Presidente Kast, quien incluso en los momentos más difíciles, donde la pulsión estatista invadió con más fuerza a la opinión pública, estuvo dispuesto a defender las virtudes de una economía social de mercado.
Han sido muchas las oportunidades en que el recetario clásico de la política decía A, y José Antonio Kast optó por hacer B. Y la razón no es la mera obstinación, sino la distancia que guarda con los criterios que operan típicamente en este rubro: el cortoplacismo, la conveniencia política, el sálvese quien pueda. A lo largo de su trayectoria, el Presidente ha optado por construir su propuesta política sobre roca: principios, perseverancia y proyectos colectivos con mirada de largo plazo.
Esa es la forma de ejercer el liderazgo que lo llevó a La Moneda, que tiene a su gobierno con un nivel de eficacia legislativa que ya habrían querido otras administraciones, y que en pocos meses ya muestra una gestión contundente: disminuyen los homicidios, los ingresos irregulares por la frontera y las lista de espera oncológicas; aumentan los postulantes a carabineros, se combate la violencia estudiantil con Escuelas Protegidas, y se promueven con fuerza las familias de acogida.
¿Significa esto que no se han cometido errores? En absoluto, y el mismo Ejecutivo lo ha reconocido. ¿Habrá cambios de gabinete en el futuro? Todos los gobiernos tienen y es decisión del Presidente determinar cuándo. ¿Es necesaria la supeditación de la técnica a la política? Sí, pero no en el sentido en que muchos piensan. Quienes echan de menos el perfil del político “operador” y transaccional olvidan que este último también es, en algún sentido, un técnico: conoce las mañas del negocio y produce resultados. No por nada Aristóteles distinguía entre techne –el saber hacer productivo– y la phronesis –el criterio para discernir lo bueno–. El político, en el sentido más propio de la palabra, debe poseer esto último: la prudencia para orientar la acción hacia el bien común. Y en una república como la nuestra, el que fija ese norte es el Presidente.
Sus ministros, por supuesto, son los primeros llamados a colaborar en la formación de ese criterio, y por lo mismo, el Presidente ha hecho parte de su sello el atraer liderazgos con los que posee un ethos y un horizonte compartidos. Respetar ciertos códigos y contenidos sustantivos es lo más relevante. En consecuencia, se ha mostrado dispuesto a respaldar a sus ministros aun en los casos en que los comentaristas de salón sugieren lo contrario.
Bien harían muchos en recordar que el ruido de la contingencia es pasajero, pero las lealtades, los principios compartidos, el trabajo bien hecho… Esa es la base sin la cual ningún diseño puede ser realmente exitoso y duradero.
Por José Ignacio Palma, director ejecutivo de Ideas Republicanas
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