Soja en Argentina: 30 años no es nada... o es todo

En este arranque de la siembra de soja. de pronto me di cuenta que justo se están cumpliendo 30 años de la irrupción de la soja RR, sin duda la llave maestra de la Segunda Revolución de las Pampas. Es un buen momento para celebrar la epopeya.
Desde Clarín Rural, el recordado y queridísimo Daniel Valerio había agarrado el timón de la temática de la siembra directa, que avanzaba con dificultades porque se topaba con la barrera de las malezas. Fue Daniel quien me contó, allá por 1993, que Monsanto había logrado insertar en el germoplasma de la soja un gen aislado de una bacteria (Agrobacterium sp C4), que le confería resistencia al glifosato. Me pareció demasiado futurista, pero lo contamos igual. Revuelo.
Aquí Monsanto era básicamente una empresa de agroquímicos. Con excelente marketing, había introducido herbicidas preemergentes exitosos, como el Lasso. Y hacía mil piruetas para vender glifosato, que se podía usar para barbechos pero no sobre ningún cultivo. Todo el mundo reconocía su efectividad, y enseguida se entendió lo que sería el impacto de una soja tolerante. Para Monsanto se abría la puerta para vender más herbicida. Pero para los productores, era la oportunidad de un salto espectacular.
El primer aliado fue Víctor Trucco, el adalid de la siembra directa en el país. Pero quien mejor la aprovechó fue Nidera, la muy pujante multinacional dedicada fundamentalmente al trading, hasta que dos visionarios, Eduardo Leguizamón y Francisco Firpo, le cambiaron el foco.
Leguizamón, que se convertiría en presidente de la empresa a principios de los 90, había encontrado la vuelta de originar mercadería para exportar, proveyendo insumos a los productores. Semillas, agroquímicos, fertilizantes, hasta maquinaria. Armó un caño de ida y vuelta potentísimo, y llevó a la empresa a la integración vertical. Entonces, a instancias de Francisco Firpo, compró la filial argentina de la por entonces líder en semilla de soja, Asgrow.
Asgrow en Estados Unidos tenía un contrato con Monsanto para sus eventos biotecnológicos. El breeder era el mítico Rodolfo Rossi, un indispensable en el desarrollo sojero en la Argentina, que hoy sigue impulsando desde Acsoja. Rodolfo transformó sus variedades incorporando el gen, pero Nidera tenía que perfeccionar el acuerdo con Monsanto en Saint Louis, EEUU.
Allá fueron Francisco y Eduardo. Los de la desaparecida Monsanto les mostraron toda la paleta de genes en camino. Los de Nidera mostraron enorme entusiasmo por el gen de alta lisina, y otros que hacían a la calidad del producto, y no a las funcionalidades agronómicas. Los de Monsanto les insistían con que lo importante era el RR. “Claro, ustedes quieren vender glifosato… Pero en la Argentina el problema de malezas se controla con rotaciones y los chacareros son muy fierreros. No va a andar…”
Perplejos por el desinterés en el RR y, sobre todo, por el interés en los traits de calidad, los negociadores de Monsanto armaron un documento y pusieron igual al RR. Leguizamón pidió que lo saquen. Firpo, cara de poker. Hasta que dijo “si tiene que venir en el combo, que venga”.
Y vino en el combo. Volaron a Nueva York a firmar en el bufete de abogados. Se vinieron con el RR debajo de brazo, previo brindis con bastante champán en el Pier…
Monsanto no tenía compañía de semillas y es cierto, querían vender más glifo. Vendieron un montón gracias a la RR de Nidera, y enseguida de Don Mario.
¿Qué pasó? Entre 1993 y 1996, la soja se había estancado en las 15 millones de toneladas. El 25 de marzo de 1996 Felipe Solá autorizó la siembra, con enorme presión del sector que había hecho de la RR un clamor popular. Triplicamos la producción en diez años. La Argentina se hizo viable, avanzó la directa sin vuelta atrás, tenemos mejores suelos, mejores rotaciones, y un enorme efecto difusión sobre toda la economía del interior. Y sobre la macro.
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