Las claves del Barça-Alavés, por Lobo Carrasco
Si analizamos exhaustivamente la semana del Barça en la Champions y el Clásico, los minutos finales fueron los que echaron por tierra el olor a remontada blaugrana.
En París, porque la maquinaria de Luis Enrique no se quedó atrás -todo lo contrario pese al decaimiento físico- y ante el Madrid, porque Gerard Martín y Lamine facturarían en nueve de diez repeticiones. Como tampoco tengo dudas de que Cubarsí rectificará y ganará cuando le llegue otro ‘Camavinga’.
Conclusión, los metros de la verdad y los minutos decisivos son los finales. Ahí, en ellos, el OFICIO y el FÍSICO son importantísimos para decantar un partido igualado o para mantener un resultado favorable.
Hoy, Alavés. Un equipo armado y bien dirigido por Quique Flores. Utilizará línea de cinco delante de Sivera -cuando tengan que defender- y querrá que Ángel Pérez, lateral diestro, siga jugando con vocación de extremo para centrar a Lucas Boyé y Toni Martínez (o Mariano). En la otra banda podría estar Rebbach aunque no descarto que vuelva Otto. La misión, frenar a Lamine.
En lo colectivo, ahora Barça, recuperar el ritmo ofensivo trabajado por Hansi Flick. A sus futboleros les faltó eso, vuelo y continuidad hasta el final
2. EN PARALELO, NO; POR DELANTE.
Para que las posiciones sobre el terreno produzcan el intimidatorio fútbol blaugrana, y más control desde atrás, me gustaría ver a Pedri por delante de Rodri con más asiduidad.
Defender en paralelo minimiza espacios frente a la ofensiva rival, perfecto, pero con pelota en tu poder hay que soltarse para atravesar los tres/cuartos de campo y llegar al área. Como exige Luis de la Fuente a Fabián, Olmo, Fermín y el propio Pedri en la selección.
En el dibujo 4-2-3-1, la flexibilidad de Flick permite intercambios de posición que puede complicar el marcaje a los adversarios. Movilidad y precisión técnica (control/pase) sirven para optimizar los desmarques internos y, por fuera, pueden poner en ventaja a los cuatro jugadores que trabajan en las dos bandas.
A mayor velocidad incrementas la dificultad técnica pero puedes conseguir evitar la reagrupación defensiva rival y, por ende, lograr la profundidad.
3. LAS CONJURAS NO GANAN PARTIDOS.
Cuanto más se reúne un vestuario, más crece la incertidumbre externa alrededor del equipo. Soy más de reuniones privadas y de jugadores que piden la pelota cuando se tuerce un partido.
El último ejemplo fue antes y tras el descanso del Clásico: corrillo sobre el césped, falta de ritmo y carácter durante el encuentro.
Pasando al plano táctico-estratégico, volvimos a ver a Cucurella fuerte y seguro en el marcaje a Lamine. Para que eso no ocurra frente a marcajes que se atragantan, ESCAPAR de la banda -intercambiando la posición- y jugar por dentro puede resultar reactivante para el genial regateador de Rocafonda.
Misión colectiva azulgrana: volver a conectarse al ritmo alto con y sin pelota. Objetivo, regresar a la senda de las victorias.
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