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Saturday, September 19, 2026

La Argentina, ante el dilema de seguir con el actual o volver con el ex

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El cambio de régimen económico que ha emprendido Javier Milei parece haber recorrido hasta ahora apenas una parte del camino, y es probable que le permita al Gobierno llegar a las elecciones del año próximo con un puñado de logros visibles, pero todavía insuficientes como para darlas por ganadas. ¿Alcanzará con equilibrio fiscal, baja en la inflación y calles despejadas? Ni el libertario más optimista arriesga una respuesta. Lo que falta explica también las dudas de empresarios y ahorristas: el riesgo país no consigue bajar de la zona de 500 puntos básicos y la inversión cayó en el segundo trimestre 11,1% en relación con el mismo lapso del año pasado y 0,8% respecto del anterior.

Gran parte de esta incertidumbre es de índole política. Como todo está sujeto a lo que pase en 2027, en el establishment cuesta hasta calcular el valor de los activos. José Luis Manzano, Mauricio Filiberti y Daniel Vila, dueños de Edenor, acaban de comprar el restante 70% de Metrogas en 780 millones de dólares, lo que llevó la valuación de las acciones a 1060 millones. ¿Caro? ¿Barato? El sector suele medirlo en relación con un indicador que expone los beneficios de la empresa antes de restar los intereses de deuda, los impuestos, las depreciaciones y las amortizaciones. La famosa “Ebitda”: Earnings Before Interest, Taxes, Depreciation and Amortization. En el caso de Metrogas, esos 1060 millones de dólares equivalen a seis veces la Ebitda, bastante menos que la media de compañías similares de Brasil, que orillan las 9 veces. ¿Un valor atractivo? No necesariamente. “Solo si la Argentina funciona habrá sido barato”, explica un inversor.

La política, los partidos y las elecciones juegan. E inciden incluso en las consideraciones de quienes han entrado en el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), que lleva anunciados y registrados 150.000 millones de dólares, de los cuales 50.000 millones ya fueron aprobados y deberán ser desembolsados en 2027 para no perder los beneficios. Por eso tanta prudencia. ¿Y si el modelo fracasa? ¿Y si vuelve el kirchnerismo? En la discusión entran también intereses sectoriales. Hay quienes bajo este régimen deberán reconvertirse o dedicarse a otra cosa. El martes, en la reunión de junta directiva de la Unión Industrial Argentina (UIA), la coincidencia volvió a ser pesimista sobre el futuro. Casi todos han vuelto a pronunciar un concepto tabú, “tipo de cambio”: necesitan uno más devaluado para ser competitivos. Justamente lo que el Gobierno intenta evitar; por eso su relación con la UIA volvió a tensarse. Difícil, por ejemplo, encontrar ahora una fecha para aquel encuentro que Luis Caputo, ministro de Economía, le postergó a la conducción de la entidad fabril hace tres semanas, después de oír las críticas de Guillermo Moretti, empresario pyme de Santa Fe, durante la celebración del Día de la Industria.

Porque el menos convencido de dar un volantazo es Milei. Ni en política cambiaria ni monetaria ni, mucho menos, fiscal, aun con el costo que significa mantener este ajuste mientras cae la recaudación. Decisiones irrevocables por convicción y, por lo tanto, independientes de la política y las elecciones incluso si las pusieran en riesgo. A veces el Presidente parece desatender de manera deliberada los daños. Hasta ayer, nadie en lo más alto del poder había llamado a Patricia Bullrich para explicarle el desaire de haber incluido en el proyecto de presupuesto enviado al Congreso condiciones para la atención de discapacidad muy distintas de las que ella venía negociando con la oposición. Por eso la senadora tampoco dudó en expresarlo con un posteo explosivo, el video que la mostraba tarareando la letra de Lali Espósito, bastante más provocador para Milei que la Marcha de la Bronca que Bregman y Del Caño organizan para hoy. Y eso que no prosperó la canción más audaz que había propuesto su equipo: “Latonta”, de Jimena Barón, que incluye la frase “vuelvo a romper” y cuyo video termina con la casa incendiada.

Patricia Bullrich publicó un provocador video en twitter

“No soy una empleada y varios de los votos son míos”, la oyeron decir a Bullrich. Su bronca, para seguir con el homenaje al primo lejano Cantilo, residía no solo en el aspecto personal, sino en una posible reacción adversa de los aliados del Gobierno, algo que también ocurrió. A las 15 del miércoles, ya con el borrador del proyecto del presupuesto enviado, la diputada Karina Banfi entró en la Comisión de Discapacidad y miró a su par Silvana Giudice, de La Libertad Avanza, que no la dejó ni empezar a hablar. “Hola, sí, ya sé: nos pegamos un tiro en el pie”, se anticipó Giudice. Habían estado conversando ambas el día anterior con proveedores, ministros de Salud de varias provincias y ONG de discapacidad.

Vienen varias de estas discusiones. Un problema para los libertarios menos combativos, aquellos que piensan que el ruido legislativo nunca será gratuito y mete ruido en el mercado. El ministro de Economía dice haber estado trabajando para impedir efectos indeseables. ¿Contará otra vez con Scott Bessent? Hasta ahora no trascendieron detalles de su último encuentro con el secretario del Tesoro norteamericano. Misterio para casi todos. Pero algo pareció estar anticipando Bessent cuando, esta semana, en la Cámara de Representantes, volvió a defender aquel salvataje a la Argentina con el argumento de que Estados Unidos había ganado comprando pesos. “El objetivo fue proteger el capital del pueblo estadounidense. De hecho, obtuvimos decenas de millones de dólares”, dijo.

¿Será una de las cartas que Milei guarda para la campaña? Probable. Quienes llevan adelante las negociaciones con los republicanos no descartan ni esa posibilidad ni otra sorpresa en el tema Malvinas. Y no demasiado más: nadie espera tampoco un repunte demoledor en la actividad o el consumo. En materia económica el Gobierno parece estar apostando solo al movimiento que podría generar el regreso del crédito. “Es más un problema de demanda que de oferta”, dijo un banquero que argumenta que el deterioro en la mora empezó con la caída en los ingresos.

La expectativa libertaria estará entonces más bien puesta en lo que pueda ofrecer electoralmente la oposición. Hasta ahora, el peronismo ha jugado en favor de Milei. Pero no tanto por la dispersión de apetencias, algo siempre corregible, como por la ausencia de candidatos ajenos al fracaso económico reciente. La interna ayuda además al Gobierno. La crítica del kirchnerismo a Kicillof es cada vez más cruenta. “Fuerza Patria en algún punto pasó a ser Fuerza Pauta”, dijo Mayra Mendoza en el streaming Sakura. Massa lo cuestiona de un modo más sutil. En las reuniones con intendentes, a las que lleva encuestas de Sebastián Galmarini que lo dan ganador por 9 puntos en segunda vuelta, se lamenta de que el gobernador no tenga el aval de Cristina Kirchner a pesar de que, dice, él hace todo lo posible por acercarlos.

Todo está tan trabado que parece apuntalar a Milei. Sin sorpresa, como la que tuvo en los triunfos de Menem, Kirchner y hasta Alberto Fernández, el peronismo resta posibilidades. “Es como volver con una ex”, plantea el analista Gabriel Slavinsky, y agrega que en política “seguir con el actual” tampoco supone una decisión fácil porque es por cuatro años. En el fondo del dilema subyacen la inversión, el riesgo país y una vieja pregunta irresuelta: qué tan convencida está la sociedad de una transformación no exenta de dificultades y sin dudas inconclusa.

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