La psicología dice que las personas que se guardan estas 6 opiniones para sí mismas en las cenas familiares tienden a ser más seguras que las personas que necesitan que todos sepan cuál es su postura

Una cena familiar ofrece material de sobra para opinar. Alguien educa a sus hijos de una manera que no compartimos, un primo toma una decisión financiera que consideramos desastrosa, aparece la política, una pareja discute y hasta la comida puede convertirse en objeto de crítica. La diferencia está en qué hacemos con esas opiniones.
La psicología utiliza el concepto de humildad intelectual para describir la capacidad de reconocer que nuestras creencias pueden ser imperfectas y que no necesitamos defenderlas como si fueran una extensión intocable de nuestra identidad. No significa carecer de convicciones. Significa poder tenerlas sin convertir cada diferencia en una batalla.
Un estudio de investigadores de la Universidad de Pittsburgh, encontró que las personas con mayor humildad intelectual respondían de forma más constructiva ante conflictos con familiares, amigos y compañeros de trabajo. También tendían a utilizar menos respuestas destructivas cuando aparecía el desacuerdo.
Esto no prueba que guardar silencio en una cena sea automáticamente señal de seguridad. Una persona también puede callarse por temor o sometimiento. El punto está en poder hablar y elegir que no hace falta hacerlo.
Las seis opiniones que no siempre necesitan llegar a la mesa
1. Cómo otra persona debería criar a sus hijos. Ver un estilo diferente al propio no convierte la situación en una invitación para corregirlo.
2. Qué debería hacer un familiar con su dinero o su carrera. Alguien puede dejar un trabajo estable, seguir alquilando o hacer una compra que nunca haríamos nosotros sin que nuestra opinión sea necesaria.
3. la postura política frente a cada comentario provocador. Tener una convicción fuerte no obliga a defenderla cada vez que alguien expresa lo contrario. El psicólogo británico Kyle Davies explica que las opiniones pueden tener un peso especial para quienes las sostienen, por lo que no todos los desacuerdos necesitan convertirse en una discusión.

4. Lo que pensamos de la relación sentimental de otro miembro de la familia. Observar una dinámica desde afuera no significa conocer todo lo que ocurre dentro.
5. Cómo debería haberse organizado la reunión. La comida llegó tarde, faltaron servilletas o el anfitrión eligió un restaurante que no nos gusta. El psicólogo clínico Forrest Talley ha relacionado la necesidad de demostrar competencia con el impulso de mostrar cómo deberían hacerse las cosas. No toda observación necesita convertirse en una corrección frente al resto de la familia.
6. Quién tiene razón en una pelea familiar ajena. Tomar partido puede convertir a quien intenta ayudar en un nuevo participante de un conflicto que quizá las personas implicadas solucionen poco después.
La seguridad psicológica no consiste en quedarse siempre callado. Hay conversaciones en las que hablar es necesario, en especial cuando existe daño, abuso o una decisión que nos afecta de manera directa. Pero tampoco consiste en demostrar todo el tiempo que tenemos una opinión correcta.
A veces, una señal de seguridad es poder escuchar algo con lo que no estamos de acuerdo y no sentir la necesidad de responder. La opinión sigue siendo nuestra aunque nadie en la mesa llegue a conocerla.
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