¿Cómo era el melón que se comía hace 900 años? Dos semillas conservadas desde la dinastía Song lo revelan
Dos semillas de 900 años revelan cómo era el melón antiguo chino antes de los frutos dulces y naranjas actuales. Un estudio revela su historia genética.
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Es una de las frutas más apreciadas de la gastronomía, tanto por su frescura como por su sabor dulce, perfecto para crear contraste con el gusto salado. Imagina ahora un melón que no fuera anaranjado, ni empalagosamente dulce, ni aromático como los que hoy llenan los supermercados. Es probable que esa imagen mental coincidiera, precisamente, con el tipo de melón que circulaba por los puertos de la China medieval. Dos semillas recuperadas de un antiguo muelle inundado acaban de ofrecer la primera lectura genética directa de la versión milenaria de estos frutos.
El hallazgo, publicado en 2026 por Walker-Hale y su equipo en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, explora un momento clave en la historia de la gastronomía: aquel en el que las preferencias humanas todavía no habían transformado esta popular fruta en el postre azucarado que conocemos.
La identificación de varias semillas de melón en Shuomen Gugang han permitido estudiar el consumo de esta fruta en la China de la dinastía Song.
Primer paso: las semillas de melón del puerto de Shuomen
El hallazgo arqueológico se produjo en Shuomen Gugang, un antiguo puerto de Wenzhou vinculado a la dinastía Song, que gobernó China entre 960 y 1279 d. C. La excavación de este yacimiento sacó a la luz infraestructuras portuarias, restos de embarcaciones y materiales asociados a intensas redes comerciales marítimas y fluviales. Shuomen Gugang era, por tanto, un nodo de intensos intercambios: las semillas pudieron llegar como mercancía, entre las provisiones de a bordo o ser simples residuos de consumo. La saturación permanente de agua favoreció una conservación excepcional del material orgánico, incluido el ADN.

Pie de foto: Semillas de melón halladas en el antiguo puerto de Shuomen Gugang, vinculado a la dinastía Song, antes de ser sometidas a análisis de ADN antiguo.
Los investigadores analizaron 24 semillas, repartidas en tres yacimientos. Veinte procedían de Nanshan y Tingshan, cerca de Shaoxing, con cronologías mucho más antiguas (entre 770 y 476 a. C., en el periodo de Primaveras y Otoños), y cuatro de Shuomen Gugang, ya en la época Song.
La antigüedad y las condiciones de preservación explican por qué el resultado no fue homogéneo. En las semillas más antiguas, de más de dos milenios, el ADN se había degradado demasiado como para obtener una secuencia útil. Las cuatro de Shuomen, sin embargo, al estar protegidas del oxígeno por el entorno anegado del puerto, ofrecían mayores garantías. Aun así, solo dos de ellas (GG1 y GG4) conservaron suficiente ADN endógeno de calidad para reconstruir directamente sus genomas nucleares, con coberturas aproximadas de 5,5 y 2,1 veces respectivamente. La datación radiocarbónica vinculada al material de Shuomen situó ese contexto entre 930 y 800 años cal. AP, es decir, aproximadamente entre 1020 y 1150 d. C.
Shuomen Gugang era un nodo de intensos intercambios: las semillas pudieron llegar como mercancía, entre las provisiones de a bordo o ser simples residuos de consumo.
Segundo paso: el análisis del ADN antiguo de semillas
Las técnicas de ADN antiguo, cuando se aplican al estudio de las plantas, pueden permitir identificar la especie, situar una muestra en su árbol genealógico y detectar algunas variantes genéticas concretas relacionadas con rasgos visibles, como la presencia o ausencia de un alelo determinado. Sin embargo, no permite reconstruir por completo aspectos como el sabor, el aroma, la textura o el contenido de azúcar de un fruto que se comió hace nueve siglos. Esos aspectos solo pueden inferirse por comparación con melones actuales. La ciencia, por tanto, consigue reconstruir los genes, pero no la experiencia de morder aquel melón.
El equipo investigador identificó ambas semillas como pertenecientes a la especie Cucumis melo. Se integraron en el grupo genético asiático oriental conocido como agrestis, lo que respalda la presencia de un tipo de melón, cultivado o en proceso de domesticación, en la China de la época Song. En una de las semillas se identificó una variante relacionada con una morfología más redondeada del fruto, otro dato leído directamente del genoma. Este indicio sugiere que la selección humana ya estab
El dato más llamativo, y el único directamente observable en el ADN, tiene que ver con el color. Ninguno de los dos genomas presentaba el alelo His108 del gen CmOR, la variante asociada a la acumulación de carotenoides y, por tanto, a la pulpa naranja de muchos melones modernos. Ambos conservaban la variante Arg108. Este dato indica que aquellos frutos carecían del rasgo genético responsable de la pulpa naranja de muchos melones actuales, como el cantalupo. Se puede inferir, no sin cautela, que se trataría de frutos de pulpa verde, blanca o verdosa.
El ADN antiguo permite identificar la especie, situar una muestra en su árbol genealógico y detectar algunas variantes genéticas concretas, pero no la experiencia de morder un melón de 900 años.

Tercer paso: comercio, preferencias y la difícil pregunta del origen
¿Cómo llegaron estos melones hasta un puerto de la costa oriental china? El estudio propone conexiones históricas entre las poblaciones de melón de Asia oriental y meridional y contempla, además, la posibilidad de que la fruta se hubiera transportado tanto por rutas terrestres como marítimas. Con todo, no establece una única vía de llegada ni descarta por completo procesos de domesticación o de selección local dentro del vasto territorio chino.
Con solo dos genomas antiguos, resulta imposible determinar si el melón penetró en China desde el sur asiático, si hubo varias entradas sucesivas o si algunas poblaciones de fruta se domesticaron directamente in situ. La arqueología de la alimentación propone, además, una cuestión de mayor interés si cabe: ¿qué hacía que un melón resultara útil o deseable antes de la expansión de los tipos modernos? Un fruto menos dulce quizá podía comerse fresco, emplearse en preparaciones culinarias o seleccionarse por su textura, su rendimiento o la conservación de sus semillas.
Se puede inferir, no sin cautela, que se trataría de frutos de pulpa verde, blanca o verdosa.

Con solo dos genomas antiguos, resulta imposible determinar si el melón penetró en China desde el sur asiático, si hubo varias entradas sucesivas.
¿Postre o algo muy distinto?
Este melón antiguo chino que circulaba por Shuomen y cuyas semillas se han analizado probablemente se parecía poco al que hoy servimos como postre. Sin la pulpa naranja y sin garantías de un dulzor intenso, es plausible que fuera un fruto de pulpa clara, quizá crujiente, valorado por razones que aún no podemos estimar con precisión. ¿Lo comían fresco, lo cocinaban o aprovechaban sus semillas? Aunque el ADN nos acerca al fruto, deja el plato final a la imaginación.
Referencias
- Walker-Hale, N. et al. 2026. "Ancient DNA reveals early use of melons in China's Song dynasty". Proceedings of the National Academy of Sciences. DOI: 10.1073/pnas.2610284123.
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