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Saturday, October 3, 2026

El socialismo después de Escalona

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Carolina ToháPor 

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La muerte de Camilo Escalona representa el cierre de una era muy significativa para el socialismo chileno, y hace más evidente de lo que ya era la necesidad de imaginar una nueva etapa. Él fue una de las figuras más representativas de una visión política que orientó por casi cuatro décadas la conducción de ese sector incluso más allá del PS. Las principales definiciones de esa visión fueron: primero, el socialismo sin democracia no conduce a ninguna emancipación humana, sino a nuevas formas de dominación. Por ello, el cultivo de la democracia debe ser un pilar del proyecto socialista. Segundo, para cuidar la democracia hay que cuidar la institucionalidad y, de consecuencia, la conducción de los conflictos y luchas sociales debe darse sin debilitarla. Tercero, el avance social es el resultado acumulado de reformas y cambios socioculturales sostenidos en el tiempo y no de abruptos procesos revolucionarios. Cuarto, para sostener esos cambios se necesitan mayorías sólidas.

Esas ideas siguen teniendo fuerza y vigencia en la actualidad, pero las herramientas para llevarlas adelante no pueden ser las mismas. Todos sabemos que las amenazas a la democracia y la institucionalidad son muy distintas hoy. Si antes debíamos evitar golpes de Estado y asaltos al poder, hoy debemos contrarrestar derivas iliberales y populistas. A pesar de lo desafiante que ello pueda resultar, las mayores interrogantes son otras.

La primera es la necesidad de actualizar el proyecto de sociedad que se propone. Cuando los socialismos reales se desplomaron, el socialismo chileno quedó blindado por su compromiso temprano con la democracia, que marcó el proyecto de Allende y se transformó en doctrina tras la experiencia dictatorial. El imaginario de una sociedad más justa e igualitaria combinado con la definición democrática eran suficientes para llenar el compartimento del proyecto de sociedad. Pero ya no. La idea de igualdad necesita una claridad mayor en su alcance y contenido. El abandono de la idea de una economía gestionada por el Estado también abre interrogantes, porque si esa no es la fórmula para lograr una economía que reparta mejor sus frutos, habrá que buscar otra. La posibilidad de hacerlo vía impuestos y redistribución sigue siendo la mejor fórmula que conocemos, pero sabemos de sus límites. Y podríamos seguir recorriendo temas relevantes que requieren nuevas definiciones. El mundo socialista es sólido en su oferta de políticas públicas, pero necesita aclarar su horizonte estratégico, su promesa de futuro, para volver a representar la esperanza en una vida realmente mejor.

El segundo tema engorroso es cómo construir mayorías en la actualidad. El camino de unirse con el centro político fue la fórmula con que ello se logró en el tiempo de Escalona. Esa unidad era considerada tan gravitante para sostener una gobernabilidad progresista de largo plazo que dejó de ser tratada como una fórmula instrumental para transformarse en un mandato ético. Pero esa alianza, en el Chile de hoy, ya no basta para construir mayorías. El centro no es lo que era, el socialismo tampoco, y los partidos ya no tienen la tracción que tenían para convocar a la sociedad. Reemplazar eso por la unidad de la izquierda está lejos de alcanzar la amplitud que se requiere. Más aún, es una fórmula que hasta ahora no ha servido para que el socialismo fortaleza su influencia en la sociedad. Así, el mandato de unidad que se volvió consigna ética para construir mayoría hoy funciona como bloqueo mental para imaginar cualquier otra alternativa.

Camilo Escalona y muchos de su generación levantaron un orden conceptual y político que cambió a Chile. Para bien. Hoy toca hacer un ejercicio del mismo tipo, adaptado a los tiempos que nos toca vivir, muy distintos en varios aspectos, pero bastante parecidos en cuanto a la ambición, la generosidad y el talento que demandan.

Por Carolina Tohá, ex ministra del Interior.

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