CEO de Undurraga: “Hay espacio para crecer, pero a costa de otros”
No es novedad decir que el consumo del vino ha venido cayendo a nivel global en los últimos años. Y que esto ha golpeado a la industria vitivinícola como pocas veces antes. Lo que sí es novedad es que entre las viñas ven ciertos destellos que levantan la esperanza de mejores tiempos.
Adolfo Hurtado, agrónomo y enólogo de la Universidad Católica, asumió como CEO de Undurraga Wine Group en abril. Y conoce bien este mundo. Antes estuvo al mando de Viñedos Familia Chadwick y Viña MontGras. Y es de quienes empiezan a ver la copa un poco más llena.
“El consumo tuvo un peak en la pandemia y, a partir de octubre del 2023, entra en una caída un poco más pronunciada, que ya se está estabilizando”, asegura. “Va a seguir cayendo en pequeños porcentajes, pero ya no en la caída abrupta que causó esta crisis”, añade.
Ahora, este freno no implica repunte. Por ello, las viñas están asumiendo que deben ajustarse para competir en mejores condiciones y ser las que puedan sostenerse. Porque no hay espacio de crecimiento para todos.
Hurtado lo explica recordando que la industria del vino chileno siempre fue traccionada por algún mercado extranjero. Primero fue Estados Unidos el gran motor del crecimiento de las exportaciones de vino nacional, luego fue Reino Unido, después China y ahora ese rol lo está jugando Brasil, pero en menor medida. Entonces, ante la falta de un país que traccione con fuerza, la opción que queda es crecer quitándole mercado al resto.
“El consumo del vino va a seguir existiendo. Ahora, cómo te vaya, cómo logres tu crecimiento, probablemente va a ser a costa de otro”, afirma sin ambages. “En la medida que tengas un buen equipo comercial, productos atractivos y buenos distribuidores, sí hay espacio para algunas viñas para crecer, pero ese crecimiento va a ser a costa de otros”, subraya.
Y en el caso de Undurraga, ¿cómo tienen esa estructura?
-Tenemos bastante bien alineada nuestra realidad productiva con nuestra realidad comercial, lo que no es nada de obvio en todas las compañías. Por eso, hemos tenido buenos resultados en el último tiempo. Estamos en un precio promedio de exportación de casi US$ 29 por caja, por encima de la industria que está en US$24,5.
Sin embargo, Hurtado explica que para alcanzar ese alineamiento estructural debieron ajustarse a inicios de este año. Recortaron un 14% la plantilla de la empresa, para hoy operar con 250 personas, y cambiaron ejecutivos.
Y en lo operativo, en su campo San Cayetano de San Javier, en Maule -de 290 hectáreas- arrancaron vides tintas antiguas (de cabernet sauvignon, carmenere y merlot) para reemplazarlas por cepa blanca de chardonnay, con el objetivo de abastecer mejor su base de vid para espumante. “Lo que hemos estado haciendo es reemplazar tintos de bajas producciones y altos costos por blancos de buenas producciones y bajos costos”, explica.
Undurraga cuenta en total con 1.200 hectáreas de vides. Además de San Cayetano, cuenta con campos en Santa Ana, en Talagante (44 hás); Lomas de Leyda, en San Antonio (200 hás); Codigua, en Melipilla (204 hás); y Cauquenes (388 hás).
La decisión de cambiar de vides en la Región del Maule se alinea con su proyección de que en el corto o mediano plazo la uva blanca va a ser más deficitaria en Chile que la tinta. De hecho, el precio del kilo de uva blanca es bastante más caro que la tinta en calidad equivalente. Según diversas publicaciones especializadas, el kilo de uva tinta para vinificación fluctúa entre los 200 y 250 pesos y el de uva blanca, entre 350 y 400 pesos. “El tinto es más versátil donde lo puedes plantar. Los blancos requieren zonas más específicas, con ciertas condiciones ideales”, explica Hurtado. Y el balance de tierras de Undurraga apuesta al blanco: un 60% respecto a un 40% de tinto.
La compañía, que actualmente incorpora las marcas Undurraga, Bouchon, Volcanes, Bisquertt, VFC y Talagante International Brands, no da a conocer cifras financieras. Sólo dijo el año pasado a DF que su margen Ebitda era del orden del 13%-14% y que proyectaban utilidades para 2025 y 2026. Esta vez, Hurtado sólo se limitó a señalar que hasta ahora su facturación de exportaciones ha subido un 6% en lo que va del año respecto al ejercicio pasado y un 5% en el mercado nacional.
En cartas de despido de este año, Undurraga Wine Group justificaba las desvinculaciones por la situación de la industria, que exportó 692 millones de litros en 2025, un 10,9% menos que el año previo, por un valor de US$ 1.523 millones, una baja anual del 4,3%. “Durante el último período (no especifica el periodo), la empresa ha registrado una caída del 16,3% en el volumen exportado y una disminución del 13% en el valor, lo que ha afectado gravemente nuestra rentabilidad a pesar de todos los esfuerzos financieros que hemos realizado”, repiten varias de esas misivas.
En uno de esos juicios, Undurraga aportó sus estados financieros consolidados, pero de los ejercicios 2023 y 2024: ese último año, tuvo ingresos por $45.850 millones y un 56,7% correspondió a ventas por exportaciones. En 2023, Undurraga perdió $646 millones y en 2024, otros $ 3.291 millones.
La consolidación sectorial que augura Undurraga ya ha sido empujada por la propia empresa. En julio de 2024, Undurraga adquirió los derechos sociales del grupo vitinícola VFC, que incluía a las viñas Bouchon y Bisquertt. Por el 100% de las acciones, Undurraga pagó 110.247 UF (unos $4.100 millones de entonces), monto por el que pagó 40 mil UF y se comprometió a pagar el saldo en cuotas hasta 2028. Además, asumió deudas que esas empresas mantenían con sus ex controladores, por otros $4 mil millones.
En 2026, la viña -cuya propiedad la comparten la familia Picciotto, con 56,4% y el empresario José Yuraszeck, con 42,8%- celebró las medallas de oro que consiguieron el mes pasado en el International Wine Challenge de Londres su Extinto Carmenere 2024 como el mejor vino chileno del año y la nominación de su enólogo jefe, Rafael Urrejola, como Red Winemaker of the Year, que ya ganó en 2023.
Para los siguientes años, el directorio diseñó un plan estratégico que considera que en 2027 y 2028 la empresa debe consolidar la operación, mejorar equipos y su cartera de productos, para luego abrirse a eventuales alianzas o nuevos negocios, como el lanzamiento de un vino ícono blanco.
El peso de las burbujas
La marca Undurraga ha ido crecientemente relacionándose más a los espumantes. De hecho, se nota en el peso de sus ventas. Si en la industria chilena en promedio, el balance es de 70% exportaciones y 30% mercado local, en Undurraga esa proporción es 50% y 50%. Esto, por el peso de los espumantes, cuyo 90% se vende en Chile y sólo el 10% va afuera.
Undurraga vende casi 2 millones de cajas y 650 mil son de espumantes, donde lideran en participación de mercado con 36%, seguidos por Valdivieso, Viñamar y Concha y Toro. Aunque compiten en Chile con importaciones, para las marcas extranjeras es difícil entrar directamente a producir.
“El mercado de los espumantes es complejo: requiere invertir en doble proceso de fermentación, cubas especiales, líneas embotelladoras especiales, con lo cual uno se asegura que la puerta de entrada para los competidores es un poco más difícil”, explica. “Es una categoría donde podemos seguir creciendo, porque tenemos menos competencia que con el vino en Chile”, acota.
Aunque asume que en exportación de espumantes al país le ha costado más. “Tenemos una deuda con la exportación de espumantes; en la mayoría de los países somos número uno en la exportación de espumantes, pero el volumen todavía no es significante”, reconoce.
Hay un negocio atípico que Hurtado resalta porque le está trayendo buenos réditos: el enoturismo. Son la segunda viña, después de Concha y Toro, que recibe más visitantes, con 90 mil personas al año en su bodega de Talagante, los que les permite mover 350 mil botellas al año entre degustaciones y ventas de tienda. “Hubo peaks en agosto en que recibimos a 1.000 personas al día, especialmente brasileños”, cuenta el gerente.
El impacto de las lluvias
Como negocio agrícola, las viñas también están pendientes de la evolución climática, marcada esta segunda parte del año por el fenómeno llamado “Súper Niño”. Las intensas y en algunos casos extemporáneas lluvias que han afectado a la zona central, según Hurtado, pueden afectar a la uva con hongos, aunque si se prolongan, podrían impactarla con mucha más dureza.
“Hoy el único efecto son las enfermedades fungosas, sobre todo el oídio. Pero si hay mucha más agua, te empieza a afectar otro hongo que está escasamente presente en Chile, que es el mildiu. Tienes que aplicar programas preventivos para dejar a esos hongos fuera de combate”, comenta.
Sin embargo, al menos por ahora, Hurtado cree que la uva está aguantando más que fruta, como la cereza.
“Si deja de llover antes de la floración, va a ser perfecto. Pero si la lluvia sigue el 15 de noviembre, nos puede afectar la floración. Si caen flores: menos grano, menos producción. Y si esto persiste hasta diciembre o enero, se nos puede complicar”, acota.
¿Podría afectar la calidad o la cantidad de la fruta, o ambas?
-Depende de hasta cuándo llueva. Si deja de llover en enero y tenemos un enero y un febrero secos, con buenas temperaturas, la calidad va a ser impecable. Si sigue lloviendo en febrero o marzo, el grano va a ser más grande, con menos concentración, y uno esperaría una vendimia un poco menos atractiva en términos de calidad. No así de cantidad, salvo que la uva se empiece a podrir.
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