Nuevo vocero: el ajuste de poder al interior de La Moneda

En las oficinas del Ministerio Secretaría General de Gobierno ubicadas en el segundo piso del ala oriente de La Moneda –cuyos ventanales apuntan hacia el Patio de Los Naranjos– se instaló el miércoles el nuevo subsecretario de la Segegob, Gonzalo Arenas.
Había llegado a las 7 de la mañana con 28 minutos y tras ser recibido por el Presidente José Antonio Kast y el biministro del Interior y de la Segegob, Claudio Alvarado, fue conducido por este a su nuevo hábitat. No se trataba de la oficina que tradicionalmente usan los subsecretarios de esa cartera, en el tercer piso del ala sur de Palacio, sino que de los aposentos que hasta el 19 de mayo ocupó la exministra Mara Sedini.
Fue una sorpresa para el recién llegado.
Pero la decisión estuvo lejos del azar. Fue un gesto político para empoderar –con cuasi rango de ministro– a quien será una figura clave, junto a Alvarado, en el aparataje comunicacional y de vocerías del gobierno.

El aterrizaje se produjo en medio de una crisis: las rebajas de condenas a 56 personas sentenciadas por delitos sexuales contra menores de edad, en medio de una ofensiva de la oposición demandando la salida del ministro de Justicia, Fernando Rabat, junto a la amenaza de una acusación constitucional que será definida el miércoles 28.
Todas, aristas analizadas la mañana del viernes por Kast en La Moneda, junto a los timoneles del oficialismo, en medio de un frenético control de daños ante un tema que les preocupa y que los ha golpeado a nivel político y de opinión pública.
“Hoy día nos acompaña el subsecretario Arenas, que ustedes conocen y que nosotros conocemos mucho”, fue la presentación oficial que le hizo Kast, en medio de las felicitaciones de los presentes, con varios de los cuales el exdiputado mantiene una estrecha relación.

Su presencia –la primera en ese espacio– daría lugar a una compleja vocería que fue conversada internamente y que buscó cambiar el eje. La defensa de la jurisprudencia instalada por Rabat en los tres primeros días en que se desató el conflicto fue redirigida por Arenas hacia un relato político. Si bien salió a blindar al titular de Justicia, diciendo que cuenta con el respaldo del Presidente, en paralelo anunció la paralización de todos los decretos que se puedan detener y expresó la decisión del gobierno de lograr un urgente cambio legislativo a esa normativa en el Congreso.
Ese texto –según una alta fuente de gobierno– será presentado esta semana al Parlamento.
Tras cartón estuvo el objetivo de Arenas de retomar el compromiso en seguridad y niñez con que esta administración llegó al poder y frenar -en parte- la arremetida opositora. “Por supuesto que el gobierno no está contento con los decretos que rebajan las penas. El gobierno ha prometido mano dura contra la delincuencia y ha prometido protección a los menores. Y por lo tanto, es un tema que para nosotros es fundamental y es doloroso”, admitió, aunque a renglón seguido insistió en que a pesar de que no les gusta ese tipo de decretos “somos un gobierno que cumple la ley, que cumple la Constitución”.
La polémica está lejos de un cierre, pero le permitió al nuevo vocero dar luces de su estilo y estrategia: añadir más política a un gobierno que en su diseño inicial buscó alejarse de ella.
Juego de tronos
El fichaje de Arenas –en reemplazo de José Francisco Lagos– levantó esquirlas y removió las piezas que componen el mapa del poder en La Moneda.
De partida, se trata de un político experimentado, que goza de una relación directa y franca con el Mandatario, y que ha dicho que mientras más libertad tenga para ejercer su rol, mejor.

Su nombramiento asestó –de acuerdo con el oficialismo– un golpe al modelo comunicacional centralizado que impuso el director de Comunicaciones y Contenidos del Segundo Piso, Cristián Valenzuela, tras el arribo de la nueva administración. Este contemplaba el control de las comunicaciones tanto del Presidente como del gobierno, y un vocero al cual prácticamente se le dictaban las bajadas y no participaba de las decisiones políticas.
A pesar de los ajustes –incluso con Alvarado como biministro desde hace cinco meses–, el modelo seguía sin cuajar en estos siete meses de mandato.
Con el debut de Arenas, en los propios partidos base plantean que Valenzuela perdió poder. O que su esquema, al menos, tuvo un rayado de pintura, visible a distancia. Pues aunque no se optó por nombrar a un nuevo ministro como vocero –diseño que tanto Valenzuela como Kast defendieron en la interna–, de ahora en adelante será la dupla Alvarado-Arenas la que coordine las comunicaciones del gobierno. Un movimiento que encasilla su rol básicamente en el Presidente, a quien suele acompañar en todas sus actividades dentro y fuera del país, además de acudir a las reuniones de comité político.

Lo que se buscó –se sostiene en Palacio– fue sistematizar la vocería, hacerla con mayor continuidad y separar la comunicación del Presidente y la del gobierno.
No fue fácil convencer al exdiputado, de 53 años, de carácter fuerte y de acciones y declaraciones punzantes, como el episodio de 2009 en el Congreso cuando le lanzó al rostro unos papeles con un indulto otorgado por Michelle Bachelet al entonces ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, en medio de una interpelación. Un incidente en que lo tuvo que separar Alvarado cuando compartían bancada.
“De algunas (cosas) me arrepiento, de otras más o menos, de otras no”, sostuvo con franqueza en la primera vocería que ofreció esta semana y que preparó en el despacho del ministro Alvarado con Valenzuela y el director de la Secom, Felipe Costabal. Aunque las bajadas comunicacionales las elaboró solo, en su oficina.
Hasta el último día, Arenas no estaba convencido de aceptar el cargo. No quería dejar el decanato de la Facultad de Derecho de la Universidad San Sebastián, cargo al que llegó en junio de 2024. De hecho, al inicio del gobierno le ofrecieron dos opciones –las subsecretarías de Seguridad y de Hacienda–, las que no aceptó.
Pero Kast –quien lo conoce desde hace 30 años y con quien suele intercambiar mensajes por WhatsApp– lo quería en su equipo. Así que cuando el Mandatario se convenció de que tenían una falencia en las comunicaciones, no dudó en llamarlo. El propio Alvarado le había planteado el asunto: su función de jefe de gabinete y de negociador en el Congreso no le daba espacio para las vocerías permanentes que requiere la sede de gobierno. Menos aún ante la implícita labor destinada a apagar los incendios políticos, que resume el casco de bombero que tiene en su oficina.
En mayo o junio, Alvarado lo sondeó para el cargo y la respuesta fue negativa. En agosto volvió a la carga, y esa vez su respuesta fue: “Yo creo que sí”, pero un par de días después volvió a decir que no.
En septiembre el propio Kast se reunió con él, en reserva, para sondearlo personalmente, justo en momentos en que arreciaban los cuestionamientos en el propio oficialismo por la falta de un vocero. Pero, nuevamente declinó.
El Presidente nunca tuvo sobre la mesa la opción de separar funciones y reinstalar un ministro para esa responsabilidad, porque quiere mantenerse en su idea de recortar carteras.
La conversación la retomó Alvarado en octubre y el domingo 11, al final, aceptó.
El martes 13, en medio de los temporales, subió con él al despacho presidencial. Esta vez con un sí. Pero Arenas puso condiciones: entraría como un vocero empoderado, con participación en las decisiones, con incorporación al comité político y con acceso directo a él y al biministro.
Estaba consciente de que la condición de subsecretario lo dejaba en una situación desmedrada frente al gabinete, en términos de jerarquía. Y que no podía, desde ese sitial, darles instrucciones a un Francisco Pérez Mackenna (RR.EE.), a un Fernando Barros (Defensa) o a un Iván Poduje (Vivienda) y, por tanto, necesitaba un empoderamiento especial.
Tampoco estaba dispuesto a una reedición del esquema Sedini.
La propia exministra relató en julio el control que ejercía el Segundo Piso sobre su cartera, revelando algunos episodios vividos puertas adentro que habrían marcado su salida. “Me dejé amarrar y presionar por personas adentro del Gobierno”, sostuvo. Punto que complementó afirmando que un integrante del Segundo Piso –en referencia al jefe de asesores, Alejandro Irarrázaval–, habría dicho: “Díganle a esa niñita que deje de hablar hueás”, y que cuando erróneamente sostuvo que Galvarino Apablaza había sido condenado por el crimen del exsenador Jaime Guzmán fue porque esa información se la entregaron mal desde Presidencia.

En el oficialismo describen a Arenas como un político de experiencia y con un carácter suficiente para oponerse a cualquier decisión que no se ajuste a sus criterios. Sostienen que tiene una buena relación con Valenzuela, a quien conoce desde los tiempos en que este frecuentaba el Congreso como asesor, pero advierten que si llegan a tener un conflicto “ahí va a haber un choque de trenes”.
No conoce a Irarrázaval (se juntan esta semana) ni tampoco al ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, de quien ha sido crítico. Sí a José García Ruminot (Segpres), porque ambos coincidieron como parlamentarios por La Araucanía y almorzaron el jueves. También ubica a Francisco Undurraga (Cultura), a Ximena Rincón (Energía), a Francisco Pérez Mackenna (RR.EE.) y a Fernando Rabat (Justicia), por actividades académicas. A Poduje lo conoció esta semana.
Habla con la mitad de la UDI, partido del que fue militante por 30 años hasta 2024. Pero hoy refrenda su calidad de independiente.
Arenas entra –dicen en Palacio– como alfil de Alvarado; juegan de memoria y conocen los códigos de la política, lo que refuerza la posición de ambos en la nueva nomenclatura.
Esa es la instrucción que le entregó Kast. También que realice vocerías con estilo directo, llano y pedagógico, un mundo que no le es ajeno porque él mismo –pizarra en mano– ha difundido sus planteamientos en cápsulas de análisis en Youtube, en programas como Sin Filtros; como columnista en El Mostrador con críticas a su propio sector, entre ellas una titulada “Crisis de identidad de la derecha: entre la Biblia y las 50 sombras de Grey”, y como fundador de la hoy inactiva plataforma electrónica El Muro.
Su nombramiento también revela aspectos del estilo de Kast. El Presidente privilegia a quienes confía personalmente para cargos clave. También a quienes observa sin ambiciones políticas, que no buscan entrar en su gabinete como trampolín político. Un perfil que va en línea con lo planteado por el nuevo subsecretario, quien ha dicho que su objetivo -después de esta experiencia de gobierno- es volver a la academia. Esto, en medio de los rumores que han circulado en orden a que su intención es asumir un ministerio en algún momento.
Cautela oficialista
La tríada Kast-Alvarado-Arenas se conoce hace décadas, en las que han cultivado una estrecha relación de confianza.
En el oficialismo, sin embargo, hay más cautela.

Aparte del episodio con Pérez Yoma, conocido como el “Papelazo en el Congreso”, no olvidan las duras críticas que formuló en contra del Poder Judicial en 2010, luego de que se dejara en libertad provisional justamente a un imputado por abuso sexual, asunto que hoy está en la palestra. “Requisito para ser juez: ser imbécil”, posteó en sus redes en esa oportunidad.
O su postura frente a las demandas en las movilizaciones estudiantiles de 2012: “Lucro = ganarse la vida trabajando. Cosa que no han hecho nunca los pulmones vírgenes de los dirigentes de la Confech”. Y sus ironías, en 2013, en contra de los altos mandos de la Armada por cuestionar que cadetes interpretaran en sus marchas cantos xenófobos en contra de ciudadanos de países limítrofes. “Los marinos están para ir a la guerra, qué pretende la Armada que canten la ‘ronda de San Miguel’”, panteó, junto a una sugerencia al comandante en jefe de la Armada en orden a que si quería evitar esos cantos ‘violentos’, mejor era que los inscribiera “en clases de bordado y punto cruz”.
También ha tenido diferencias con algunas figuras políticas, entre ellas, con Carlos Larraín (RN), por la ruda campaña presidencial de 2013 –que terminó con la bajada de Laurence Golborne y Pablo Longueira y la nominación apresurada de Evelyn Matthei–, fecha en la que emplazó al dirigente a “pedir perdón por lo que RN le ha hecho a la alianza”.
No tan lejanos han sido otros cuestionamientos. Sobre la candidatura de Longueira a la secretaría general de la UDI, advirtió en el programa Marco Teórico, el 24 de junio pasado, que si la administración Kast no lo incorpora puede ser un problema, lo que cayó mal entre los partidarios del histórico coronel gremialista, aunque otros tomaron esas palabras casi como un elogio.
“Si el gobierno –enfatizó– no es sabio en incorporarlo, va a ser un problema, porque Longueira no está para hacer de segundón en ninguna película. Está para ser protagonista, y si no se siente protagonista va a estar ahí dando sus ideas hasta que lo consideren, conocemos su personalidad. Pero si se incorpora rápido, como una voz, puede ser una fortaleza”.
Hoy su postura es distinta. No está dispuesto a realizar una vocería confrontacional, ni a enfrascarse en una “guerrilla comunicacional” con la oposición, como lo anunció al asumir, aunque debutó con un dardo a Gabriel Boric afirmando que “un expresidente debería tratar de aportar y no criticar como un parlamentario más”.
En su entorno sostienen que tiene fórmulas para salir del entuerto comunicacional en que se encuentra el gobierno. Ve potencial en mostrar avances en la ley de reconstrucción, en la baja del impuesto corporativo a las empresas, en las inversiones aprobadas y en los beneficios de una mejora en la producción de cobre, junto a la agenda de seguridad.
El jueves participó en una reunión con todos los jefes de comunicaciones en La Moneda, en una cita presencial, para conocer el engranaje. Y también estuvo en las dependencias de la Secom, que encabeza Costabal y que seguirá entregando insumos –por igual– a Alvarado, Arenas y Valenzuela.
La apuesta está en el 2027, año que se ve mejor aspectado –según los cálculos de Palacio– por la eliminación de las contribuciones para la primera vivienda de los adultos mayores de 65 años, y las rebajas en el TAG y en las cuentas de la luz. Aunque asume en medio de un bautizo de fuego por la rebaja de condenas y en medio de un contexto complejo por la caída del Fondo E, los elevados niveles de desempleo e inflación y, por sobre todo, el desplome de Kast en las encuestas. Una pista que dista de ser fácil.

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