Repatrian pieza de oro zapoteca que podría pertenecer a las “Joyas del pescador” halladas hace 50 años en Veracruz

México repatrió un brazalete de oro zapoteca que podría integrarse al conjunto de las “Joyas del pescador”, hallado hace 50 años en Veracruz.
La pieza llegó desde Nueva York mediante valija diplomática, tras una entrega voluntaria realizada a finales de 2025 ante el Consulado General de México.
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El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) busca determinar si el objeto salió ilegalmente del país y si perteneció al cargamento de ornamentos prehispánicos recuperado en el río Medio.
El brazalete presenta un perfil de mono araña y dos elementos cónicos similares a rosetones. Sus rasgos técnicos e iconográficos guardan relación con una docena de piezas de oro, plata y cobre que permanecen bajo resguardo del Museo Local Fuerte de San Juan de Ulúa, en Veracruz.
Las secretarías de Relaciones Exteriores y de Cultura del Gobierno de México coordinaron la restitución con la sede consular mexicana en Nueva York. La pieza fue recibida de forma voluntaria por un particular antes de su traslado a territorio mexicano.
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La secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, sostuvo que el regreso del objeto permitirá ampliar las investigaciones sobre el conjunto arqueológico. “Cada pieza que recuperamos abre nuevas posibilidades para conocer y reconstruir nuestro patrimonio”, señaló.
La funcionaria agregó que el brazalete podría aportar datos sobre un hallazgo registrado hace medio siglo. También vinculó la restitución con la cooperación diplomática y cultural dirigida a recuperar bienes que salieron de México.
Una vez que el objeto arribó a la Ciudad de México, la Consultoría Jurídica de la Cancillería lo entregó a las autoridades del INAH. Antes, el personal de la Dirección de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos dictaminó que se trata de un bien arqueológico mueble.
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Alejandro Bautista Valdespino describió una banda de ocho centímetros
El subdirector de Registro de Monumentos Arqueológicos Muebles de la Dirección de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos, Alejandro Bautista Valdespino, explicó que la pieza consiste en un fragmento de banda ondulada y curvada.
El objeto mide ocho centímetros de largo y casi dos centímetros de ancho. Los antiguos orfebres lo elaboraron mediante fundición a la cera perdida y filigrana.
La datación preliminar lo ubica en el Posclásico Tardío, entre 1200 y 1521 d.C. El análisis atribuye su manufactura a orfebres zapotecos.
Las imágenes enviadas por el consulado permitieron a los especialistas comparar el brazalete con los ornamentos del corpus conocido como las “Joyas del pescador”. El conjunto conserva ejemplares completos e incompletos de apariencia semejante.
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Los brazaletes de ese lote fueron producidos con una aleación que combina oro, plata y cobre. La futura evaluación de la composición del objeto recién recuperado será determinante para establecer si procede del mismo grupo.
Raúl Hurtado Hernández encontró el conjunto en el río Medio hace 50 años
La historia de las “Joyas del pescador” se remonta a un descubrimiento ocurrido hace cinco décadas. El pescador Raúl Hurtado Hernández se sumergió entre los corales del río Medio en busca de pulpo y observó un destello dorado.
Durante los días posteriores, Hurtado extrajo varias piezas metálicas del sitio. Parte de los objetos fue vendida y luego fundida por joyeros de la localidad.
Las autoridades recibieron una alerta sobre lo ocurrido y decomisaron las piezas que aún permanecían en poder del pescador.
El lote recuperado quedó asociado desde entonces con una colección de orfebrería prehispánica de procedencia aún investigada.
Bautista Valdespino consideró posible que el brazalete repatriado hubiera formado parte de las piezas que se vendieron antes de la intervención oficial. Bajo esa hipótesis, el objeto pudo haber sido trasladado ilegalmente a Estados Unidos.
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La restitución abre la posibilidad de contrastar el objeto con los materiales conservados en Veracruz. Los especialistas deberán revisar tanto los rasgos visuales como la composición metálica de la banda.

Los investigadores de la Dirección de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos consultaron trabajos previos para documentar el posible origen del conjunto.
Entre ellos figuran los estudios de Edith Ortiz Díaz, investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.
La arqueóloga examinó el origen de aquel cargamento de oro y su posible relación con un intento fallido de cruzar el océano Atlántico. Sus conclusiones se apoyan en fuentes del siglo XVI y en excavaciones realizadas en la región.
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Ortiz Díaz identifica a la Sierra Juárez de Oaxaca como un territorio de expansión zapoteca durante la época prehispánica. La zona era conocida por sus placeres auríferos y despertó el interés de los conquistadores españoles.
Según la investigación, la región también fue codiciada después de que Moctezuma II quedó sujeto a la Corona española. El control de las áreas productoras de oro se convirtió en un objetivo para los grupos españoles asentados en el territorio.

La hipótesis sobre las “Joyas del pescador” también remite a los años 1526 y 1527. En ese periodo, Diego de Figueroa fundó la Villa Alta de San Ildefonso de los Zapotecas.
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De acuerdo con el estudio de Ortiz Díaz, Figueroa tuvo un conflicto con Alonso Herrera, primer gobernador de la villa. El enfrentamiento dejó herido al fundador, quien buscó recursos para regresar a España.
La investigadora relata que Figueroa saqueó tumbas de antiguos caciques de la sierra en busca de oro. La especialista plantea que el conjunto arqueológico podría formar parte de ese botín.
El barco en el que Figueroa salió del puerto de Veracruz se hundió antes de cruzar el Atlántico. Esa circunstancia sustenta la conexión propuesta entre el saqueo colonial y los ornamentos recuperados en el río Medio.
El artículo La metalurgia prehispánica en Oaxaca también sostiene que la procedencia serrana del conjunto se apoya en referencias de Bernal Díaz del Castillo, además de la iconografía y el estilo de los objetos.
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Los estudios químicos, las mediciones de fluorescencia y los exámenes microscópicos permitieron identificar técnicas de fabricación y aleaciones ternarias en cada pieza analizada. Para Bautista Valdespino, el examen del brazalete recién recuperado podrá confirmar si se suma formalmente a las “Joyas del pescador”.
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