Nutrición en maíz tardío: la llave para capturar el potencial de una campaña que promete

Por María Fernanda Gonzalez Sanjuan, Franco Córdoba y Esteban Ciarlo (FERTILIZAR AC).
La evolución genética de los híbridos transformó al maíz en uno de los cultivos más versátiles de la agricultura argentina. Lo que años atrás parecía restringido a una ventana de siembra relativamente acotada, hoy permite planteos exitosos desde fechas tempranas hasta esquemas tardíos, adaptándose a diferentes ambientes y estrategias productivas. Es así como toma un lugar fuerte la elección de la siembra tardía, con el objetivo de evitar que las deficiencias hídricas habituales del mes de enero coincidan con el período crítico de definición del rendimiento, limitando, pero estabilizando los rendimientos medios.
Pero sea cual sea la fecha, la nutrición sigue siendo lo que más pesa en la distancia entre el rendimiento que se logra y el que el cultivo realmente puede dar En este sentido, los requerimientos nutricionales del maíz sean tempranos o tardíos, son muy similares.
Será el correcto diagnóstico de suelos al momento de la siembra (fundamental la medición de nitrógeno de nitratos-N-NO3- y el anaeróbico mineralizable -Nan) lo que nos permita optimizar la estrategia de fertilización que nos garantice cubrir los requerimientos y así lograr los rendimientos esperados.
La campaña 2026/2027 empezó, como la anterior, con buena humedad y perfiles bien recargados. Y las últimas campañas mostraron que, con agua, el maíz responde con fuerza. Con esta condición solo falta que el maíz tenga todos los nutrientes necesarios para convertir el agua en biomasa y, después, en granos.
La brecha sigue siendo grande: los rendimientos promedio están entre 30 y 40 % por debajo de lo alcanzable en cada ambiente, y buena parte de esa diferencia se explica por limitaciones nutricionales. Con dosis balanceadas de nitrógeno, fósforo, azufre, zinc y, en algunas zonas con deficiencias, también potasio, se podría recuperar una parte importante de ese potencial.
Si bien siempre se destaca que las estrategias de fertilización deben asegurar el balance correcto de nutrientes requeridos, el nitrógeno sigue siendo el nutriente de mayor impacto sobre el rendimiento. Para producir una tonelada de maíz el cultivo requiere aproximadamente entre 18 y 22 kg de nitrógeno, por lo que planteos de alto potencial demandan disponibilidades muy superiores a las habitualmente consideradas en muchos lotes.
Las evaluaciones realizadas por Fertilizar Asociación Civil muestran que las dosis promedio aplicadas (que son incluso menores en los planteos de maíz tardío), sumadas a las cantidades de nitrógeno disponibles en los suelos, solo pueden asegurar entre 120 y 150 kg de nitrógeno por hectárea, lo que estaría poniendo un techo al rendimiento entre 6.000 a 7.500 kg/ha. Las dosis actuales aplicadas de fertilizante continúan por debajo de aquellas necesarias para maximizar rendimientos, existiendo amplio margen rentable para incrementar la oferta de nitrógeno y acompañar metas de rinde más altas.
Una situación similar ocurre con el fósforo. Los cultivos se llevan más de lo que se repone y, con los años, muchos suelos agrícolas fueron perdiendo fertilidad natural. Como el fósforo es clave para el desarrollo de las raíces, la implantación y la definición temprana del rendimiento, no puede faltar en un maíz de alto potencial.
Los mapas de suelos elaborados por el INTA Balcarce , la Universidad Nacional de Mar del Plata y FERTILIZAR destacan que más del 70 % del área sembrada se encuentra en condiciones de deficiencia de este nutriente. Este dato es relevante, ya que el fósforo es también un nutriente limitante en una gran parte del área que se destine a maíz en esta campaña.
A medida que los rendimientos crecen también adquieren relevancia otros nutrientes como azufre y zinc, dando lugar al concepto de nutrición balanceada. Hoy resulta cada vez más evidente que los mejores resultados provienen de estrategias construidas sobre diagnóstico, análisis de suelo y objetivos de rendimiento realistas para cada ambiente.
En un escenario favorable, fertilizar es una de las inversiones que mejor se pagan y transforman el potencial productivo en toneladas efectivamente cosechadas. Hay una gran oportunidad en esta campaña. El agua puede definir el potencial. La genética puede ampliar el techo. Pero son los nutrientes los que permiten transformar ambos factores en toneladas de grano.
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