Cazadores de trabajo, la industria que crece en torno al desempleo

Harry Henríquez (44) se sentía obsoleto. Realizó un MBA, fue gerente de operaciones en una multinacional francesa en República Dominicana y Paraguay. Pasó 15 años escalando en la misma empresa como ingeniero civil industrial, pero se sentía obsoleto: no sabía cómo conseguir trabajo. Estaba seguro de sus capacidades, esa no era su preocupación. En 2025 fue despedido de su cargo como gerente de operaciones en Chile y se dio cuenta de que se enfrentaba a un mundo laboral desconocido. El profesional encontró su puesto en un aviso que se publicó en el diario. Esa posibilidad ya no existía.
Los primeros meses de cesantía hacía un barrido por LinkedIn. Fue a un par de entrevistas que no terminaron como esperaba. Cuando cumplió nueve meses cesante, decidió que necesitaba una guía en su búsqueda, sobre todo para una vacante de alto ejecutivo.
“A principios de este año empecé a sentirme estancado, como que no me estaba resultando esto de la búsqueda de trabajo, y comencé a averiguar sobre especialistas que te ayudaban y guiaban a buscar un trabajo”, dice el ingeniero.
Al igual que Henríquez, en el país hay más de un millón de personas que se encuentran buscando trabajo. Juan Bravo, académico de la UDP, explica que no solo ha aumentado el número de desempleados, sino que también el tiempo en que las personas se demoran en encontrar un empleo, y esto afecta especialmente a los trabajadores con estudios superiores. Tal como le sucedió a Henríquez.
De acuerdo con los datos del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales, en base a los indicadores procesados del INE, al comparar las cifras con 2025, este año el segmento de personas con educación superior completa y que están en desempleo de larga duración –un año o más– aumentaron en 13.223.
El académico explica que del millón de personas cesantes, el 18,8% enfrenta desempleo de larga duración. Entre los desempleados con educación superior completa esta cifra se eleva a 20,5%. De igual manera, a nivel agregado los desocupados cuentan en promedio 8,2 meses buscando trabajo, pero esta cifra crece a nueve meses entre los desocupados con educación superior completa. La urgencia de encontrar trabajo y la alta demanda han abierto la oportunidad de un negocio detrás del desempleo.
Así es como Harry Henríquez llegó a Lukkap, empresa que realiza asesorías y acompañamiento hasta que las personas encuentran trabajo. Contrató el plan más robusto, con un valor de $ 3.600.000. Pese a que significó asumir un alto costo, lo consultó con su familia y tomó la decisión. Confiaba en que este apoyo lo ayudaría a encontrar trabajo.

Estos servicios, también conocidos como job hunter, están siendo ofrecidos por muchas empresas y profesionales que ven una oportunidad en medio de una crisis de empleo en el país. Mientras la cifra de desocupados crece, la demanda por los “cazadores de trabajo” también avanza. A diferencia del head hunter, que presta servicios a empresas para encontrar el cargo ideal –en la mayoría de los casos para puestos ejecutivos de alto rango–, el job hunter comenzó como un servicio que ocupaban los empleadores para que los trabajadores de gerencia que eran despedidos tuvieran apoyo para reubicarse en otros trabajos. Sin embargo, con la creciente crisis de desempleo también se ha ampliado a otros públicos con diferentes ingresos.
“Ustedes no están sin trabajo, su trabajo es buscar trabajo”. Esa frase es la que repiten en la asesoría. Carla Fuenzalida, tutora de Lukkap, explica que aunque el 85% de sus clientes corresponde a empresas, durante este año ha crecido la demanda de profesionales particulares. Uno de ellos es Henríquez, quien hace cinco meses contrató la asesoría: tiene reuniones semanales con su tutor personal, talleres grupales con otros profesionales y reuniones mensuales sobre cómo mejorar la presentación laboral.
Sin embargo, para muchos de los asistentes, el acompañamiento va más allá. “El desempleo es muy fuerte emocionalmente. Te desmoraliza, te deja sin identidad. Pasa mucho esto de que dicen ‘antes yo era gerente y ahora no soy nada’. Hay una terrible reconstrucción de identidad y autoestima”, afirma Fuenzalida.
Precisamente esa es la situación anímica que refleja la Encuesta Termómetro UC-ACHS 2026: las personas desempleadas registran un 36,7% de síntomas de depresión versus un 14,1% en el caso de los ocupados.
Lo mismo apunta Henríquez: “Esto te permite que conozcas a otros ejecutivos que están en tu misma situación y te das cuenta de que no estás solo, que no saliste porque fallaste”.
“Un círculo vicioso”
El estrés y frustración de los procesos de búsqueda de trabajo se agudizan aún más con la irrupción de la inteligencia artificial, que transmite la idea de que no basta con la experiencia y el currículum. Así es como el método de las asesorías ha encontrado su lugar: la urgencia por encontrar trabajo, la falta de contención durante el período de cesantía y la idea de que necesitas ayuda para que tu perfil pase los filtros de la IA.
El sicólogo laboral Reynaldo Cepeda se dedica a las mentorías hace dos años, y desde 2025, relata, ha crecido la demanda de sus servicios, que van desde $ 30.000 a $ 100.000.
“Trato de tener precios diferenciados para las personas que están cesantes. Aunque no ha sido un crecimiento explosivo de los clientes, sí he visto un aumento. Diariamente tengo 10 sesiones. En los días con menos clientes atiendo dos al día, incluso los fines de semana”, señala Cepeda.
El sicólogo explica que hace 10 años este era un servicio prácticamente exclusivo para empresas; sin embargo, actualmente se ha diversificado debido a la demanda: ahora no solo las consultoras buscan estas asesorías, sino que las personas desempleadas contratan a profesionales para que los orienten.
“Las personas mayores de 40 años son las que tienen más dificultad para mejorar su perfil con IA, se les abre un mundo cuando les dices que su currículum ni siquiera alguien lo leyó porque no tenía las palabras claves para pasar las ATS, el sistema de seguimiento de candidatos ejecutado por la IA”, dice Cepeda.
Eso es lo que reclamaba constantemente Pedro Chacón (46), desde que quedó cesante hace cinco meses. Lo despidieron después de tres años desempeñándose como ingeniero industrial en el área de análisis de ventas. La rutina cambió en su casa de San Miguel, donde vive con su esposa y su hijo de 13 años.
Con su esposa como el único sustento del hogar, asumió con más protagonismo las labores cotidianas que antes solían repartirse entre ambos. Está a cargo del orden matutino, prepara la comida y recoge a su hijo después de clases. Su día también tiene otra constante: revisar los portales de ofertas laborales. El ingeniero sagradamente hacía un barrido por las publicaciones de LinkedIn. Después buscaba avisos por Laborum y Computrabajo. Así pasaba varias horas.
Durante los primeros dos meses postuló a alrededor de 60 vacantes. Contrario a lo que pensó, no recibió llamados para avanzar a una entrevista o al menos un correo sobre en qué etapa de postulación se encontraba.
“Estaba preparado mentalmente, en el sentido de que no me iban a llamar de inmediato, sobre todo por la crisis del país, pero lo que es frustrante es que no recibes ninguna respuesta. Es como que nunca postulaste. Te doy el ejemplo de que apliqué a un puesto a principios de agosto y esta semana me llegó un correo que decía que el cargo ya fue ocupado. Pasaron más de dos meses. No alcanzas a interactuar con un humano”, relata el ingeniero.

La académica de Sicología de la Universidad de los Andes, Romina León, explica que “el uso de IA en los procesos tiende a generar en las personas una sensación de impenetrabilidad del mercado laboral. La idea de que ni siquiera logran llegar a conversar con un humano genera altos niveles de impotencia, a eso súmale que es una práctica común que las empresas no te informen si eligieron a otra persona”.
Por lo mismo, para agilizar su búsqueda, Chacón se suscribió a la versión pagada de LinkedIn, que le permitió enviar mensajes a las personas vinculadas a las empresas que ofrecían vacantes. El mensaje lo repite casi de memoria: “Buenas tardes. Me llamo Pedro Chacón. Estoy súper ávido de encontrar un trabajo. Me di cuenta de que ustedes están promocionando una vacante, me gustaría participar”.
Cuando cumplió cuatro meses sin trabajo, Chacón dio con una publicidad en Instagram sobre una sicóloga que ofrecía servicios de job hunter a un precio que podía pagar: había realizado otras cotizaciones con cifras que escapaban de su alcance.
Ana da Costa, sicóloga que se desempeña hace nueve años como job hunter independiente, asesoró a Chacón. Por un pago único de $ 80.000 lo entrenó para futuras entrevistas y lo guió para identificar a qué tipos de trabajo aspiraba. Además, ella consiguió ofertas laborales y rellenaba las postulaciones, también comenzó a manejar el LinkedIn de Chacón.
El último mes consiguió cinco entrevistas; aunque no quedó seleccionado, ha visto un cambio. Un escenario similar relata Henríquez: bajo la consultoría de Lukkap asistió a tres entrevistas mensuales. Para llegar a este número los tutores los instan a hacer una ronda de conversaciones con sus contactos, además los otros postulantes aportan con datos de trabajo y la consultora también explora por su parte. Pese a que lleva un poco más de un año buscando trabajo y cada vez repite el mismo proceso, el ingeniero confía en que pronto se unirá a los celebrados en el grupo de WhatsApp donde comparten cuando un candidato consigue trabajo. “Envían una foto de tu compañero dando la buena noticia y todos nos alegramos, porque de cierta forma todos sabemos por lo que pasó hasta encontrar trabajo”.
Sin embargo, el académico de la UDP David Bravo advierte que “los períodos extensos de desempleo suelen conllevar una serie de efectos perjudiciales: mayor riesgo de caer en la pobreza, deterioro en la salud física o psicológica y depreciación del capital humano, lo cual, a su vez, dificulta aún más la empleabilidad, generando un círculo vicioso que perpetúa la desocupación”.
La búsqueda constante
Pedro Chacón tiene dos entrevistas programadas para esta semana. Está satisfecho con la asesoría, por eso se la recomendó a una amiga arquitecta que hace poco más de seis meses que está buscando trabajo.
Lo mismo cree Henríquez: “Independiente si encuentras trabajo o no, yo creo que cualquiera que esté en este proceso de búsqueda debería considerar hacer una asesoría”.
Para la sicóloga Romina León estos métodos tienen éxito en este contexto de desempleo por dos razones principales, que tienen relación con la desconexión humana y el pertenecer a una comunidad.
En ese sentido, la académica recalca que “funcionan como una especie de dispositivo compensatorio. Ya sabemos que la inteligencia artificial nos está dejando fuera de todos los procesos, esto es una alternativa que, además del entrenamiento laboral, puede aportar justamente el factor humano. El conversar con otra persona respecto de mi situación particular en un contexto que no sea una sicoterapia”.
Además, destaca que hay una pertenencia involuntaria a una comunidad. “La gente se da cuenta de que no son los únicos atravesando el desempleo. Este espacio evidencia que somos hartos los que sentimos frustraciones similares, que no tienen algo malo”.
A 13 meses de su despido, Henríquez piensa en un segundo plan en el caso de que no encuentre trabajo. Aunque está convencido de que la asesoría ha sido de gran ayuda, se autoimpuso un plazo de seis meses.
“Si es que no encuentro trabajo estoy pensando en comenzar un emprendimiento o quizás consultorías independientes. No lo tengo muy definido”, dice Henríquez.
Carla Fuenzalida, tutora en Lukkap, señala que pese a la crisis de empleo, hay constantes ofertas por reestructuraciones, pero que de todas formas a sus clientes les advierten de la realidad: “Somos súper transparentes al decir que no es como el Chile de antes, que teníamos un 7% de desempleo. Va a costar un poco más, pero no es algo imposible, porque las empresas siguen contratando. En el último mes cerca de 15 candidatos encontraron trabajo”.
Para Chacón el panorama es distinto: cada mes la economía familiar se vuelve más difícil de sostener. Se mantiene firme en que quiere encontrar trabajo en su profesión, pero está seguro de que no volvería a costear una asesoría.
“Aprendí demasiado, me fue muy bien. Pero no sé si después de un tiempo invertiría de nuevo. Es como que el tema va más allá de lo que te enseñan y se enfrenta a la realidad del país: que muchas personas igual a ti están buscando trabajo”, relata el ingeniero.
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.