¿Dónde vivían los denisovanos? Nuevos fósiles llenan un enorme vacío en el mapa de la evolución humana del sur de China
¿Denisovanos en China? Cinco fósiles de Bianfu confirman su presencia y reescriben la historia: descubre qué muestran y por qué importa.
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Durante más de una década, los denisovanos fueron un linaje humano conocido casi exclusivamente por sus moléculas. Un fragmento de dedo procedente de Siberia, cuyo hallazgo se anunció en 2010, bastó para revelar, mediante ADN antiguo, que una población humana arcaica desconocida había convivido y se había cruzado con nuestros antepasados. Ahora, un yacimiento del suroeste de China se ha convertido en una de las principales fuentes para obtener algo de lo que apenas se tenía constancia: sus huesos.
Descubiertos primero por su genoma y después por sus restos óseos, los denisovanos se van dibujando poco a poco sobre el mapa asiático de la evolución humana. Cada nuevo descubrimiento sobre los denisovanos enriquece el conocimiento y, al mismo tiempo, sirve para recordarnos que seguimos sin conocer su verdadera diversidad, su parentesco con otros homínidos y los motivos de su desaparición.
Un yacimiento del suroeste de China se ha convertido en una de las principales fuentes para obtener algo de lo que apenas se tenía constancia: huesos de denisovanos.
La fuente de los huesos: el yacimiento de Bianfu
El estudio principal responsable de la identificación se pulblicó en la revista Nature en septiembre de 2026 y está firmado Huiyun Rao y su equipo. Para llevarlo a cabo, los investigadores se enfrentaron a una tarea titánica: revisar más de 60.000 fragmentos óseos procedentes de la cueva de Bianfu, en la provincia de Yunnan.
De esa enorme masa de restos, casi todos irreconocibles a simple vista, seleccionaron 76 fragmentos para un primer cribado y 17 para un análisis proteómico más detallado. De este modo, lograron identificar cinco piezas compatibles con denisovanos: dos fragmentos parietales, un fragmento proximal de radio, un cuarto premolar inferior y un segundo molar inferior.
Los depósitos arqueológicos de la cueva abarcan una cronología de 190.000 a 70.000 años AP, un intervalo amplio que sugiere una ocupación prolongada. Los cinco fósiles homininos, en cambio, se sitúan entre 167.000 y 134.000 años AP.
Los investigadores lograron identificar cinco piezas compatibles con denisovanos: dos fragmentos parietales, un fragmento proximal de radio, un cuarto premolar inferior y un segundo molar inferior.
Tres técnicas, tres tipos de evidencia distintos
Cuando se trabaja con restos fósiles de homínidos, los científicos suelen recurrir a tres clases de pruebas o análisis: anatómicas (centrada en la forma de huesos y dientes), genéticas (basada en el ADN) y proteómicas. En el caso de Bianfu, los análisis proteómicos son los que han sostenido, principalmente, la atribución de los restos a denisovanos.

El ZooMS (acrónimo de Zooarchaeology by Mass Spectrometry) analiza pequeños fragmentos de colágeno mediante espectrometría de masas y compara su patrón molecular con bases de referencia. Esta técnica permite distinguir un hueso humano de otro animal aunque la anatomía esté demasiado dañada para reconocerla. La paleoproteómica va más allá: estudia el conjunto de proteínas conservadas y sus secuencias, y puede aportar señales evolutivas concretas.
Una de esas señales resultó decisiva. Los cinco restos presentaron la variante proteica COL1A2 R996K, asociada en el estudio con material denisovano. Los análisis filogenéticos bayesianos situaron cada una de las cinco piezas junto al espécimen Denisova 3 con un apoyo del 100 %. Las proteínas funcionan aquí como huellas moleculares parciales: identifican un parentesco, pero no permiten reconstruir por sí solas toda la historia de una población.
Los cinco restos presentaron la variante proteica COL1A2 R996K, que el estudio asocia con material denisovano.
El detalle del radio: un mosaico, no un eslabón
De los cinco fragmentos identificados, quizás el más sorprendente sea el radio. Catalogado como BFD771, es el primero de este tipo descrito y atribuido a un denisovano. Su interés no reside en resolver el árbol evolutivo, sino en mostrar un elemento de variación. Su anatomía se ha descrito como un mosaico: combina rasgos comparables a los de neandertales con otros más próximos a Homo sapiens.
Con todo, los científicos rechazan la idea de que se trate de un eslabón evolutivo intermedio. Una combinación de caracteres es, sencillamente, una señal de variabilidad morfológica dentro del grupo. No demuestra que los denisovanos fueran una población a medio camino entre los neandertales y los humanos modernos, ni que todos compartieran esa misma anatomía.
El radio es el resto óseo más sorprendente. Su anatomía se ha descrito como un mosaico: combina rasgos comparables a los de neandertales con otros más próximos a Homo sapiens.
Las capacidades adaptativas de los denisovanos
Bianfu se suma ahora a la cueva de Denisova en Siberia y al yacimiento tibetano de Baishiya, donde una mandíbula se atribuyó al linaje denisovano mediante proteómica. Las evidencias disponibles hasta el momento refuerzan la idea de una presencia denisovana prolongada en Asia oriental.
La distribución de restos dibuja una geografía amplia. Siberia, la meseta tibetana y el suroeste de China cuentan con evidencias denisovanas o compatibles con ellas; incluso se han propuesto conexiones con restos de Taiwán. Todo apunta a una notable capacidad para habitar entornos muy distintos, desde la altiplanicie fría del Tíbet, a más de 3.000 metros de altura, hasta los ambientes subtropicales de Yunnan.
La genética de las poblaciones actuales parece apuntar en la misma dirección. Un análisis de 2024, publicado por Ongaro y Huerta-Sánchez en Nature Genetics, propuso al menos tres episodios genéticamente diferenciados de introgresión denisovana en poblaciones modernas, es decir, varias entradas de ascendencia procedentes de grupos distintos.
Todo apunta a una notable capacidad de los denisovanos de habitar entornos muy distintos, desde la altiplanicie fría del Tíbet, a más de 3.000 metros de altura, hasta los ambientes subtropicales de Yunnan.

Cuestiones por resolver
Una de las limifaciones del estudio deriva de que la identificación es proteómica y anatómica, pero no genómica. Esto se debe a que no se recuperó ADN antiguo endógeno de los nuevos huesos analizados. La diferencia importa, porque un genoma nuclear permitiría establecer posibles parentescos o identificar episodios de mezcla con otras poblaciones, mientras que las proteínas ofrecen una fracción mucho menor de esa información. Tampoco se puede establecer si los cinco restos pertenecen a uno o varios individuos, ni deducir su sexo, edad, estatura, rostro, dieta o conducta social.
Así, las grandes cuestiones siguen abiertas. ¿Bajo la etiqueta "denisovano" se esconde una única especie homogénea, varias poblaciones estrechamente emparentadas o una red de linajes con intercambios genéticos? La relación con Homo longi y el cráneo de Harbin, de al menos 146.000 años y que trtabajos recientes han vinculado a la variabilidad denisovana, sigue sin resolverse. Otro tanto ocurre con Homo juluensis, una propuesta de 2024 que agrupa ciertos homininos del este de Asia y que ha sido debatida sin constituir un consenso. El debate, por tanto, sigue abierto.
Referencias
- Bae, C.J. y Wu, X. 2024. "Making sense of eastern Asian Late Quaternary hominin variability". Nature Communications 15, 9479. DOI: https://doi.org/10.1038/s41467-024-53918-7
- Ongaro, L. y Huerta-Sanchez, E. 2024. "A history of multiple Denisovan introgression events in modern humans". Nature Genetics 56: 2612–2622 DOI: https://doi.org/10.1038/s41588-024-01960-y
- Rao, Huiyun, et al. 2026. "Ancient proteins identify various Denisovan remains from Southwest China". Nature: 1-7. URL: https://www.nature.com/articles/s41586-026-10976-9
- Xia, H., Zhang, D., Wang, J. et al. 2024. "Middle and Late Pleistocene Denisovan subsistence at Baishiya Karst Cave". Nature 632: 108–113). DOI: https://doi.org/10.1038/s41586-024-07612-9
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