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Friday, October 2, 2026

El emperador Adriano vuelve a ponerse en pie tras 2.000 años: así reconstruyeron su estatua en Cibira

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La emperatriz Sabina reaparece junto a su esposo, Adriano, entre los escombros de una puerta romana derribada por un sismo hace 1.600 años.

Yacimiento arqueológico
Excavaciones en Cibira- Fuente: YÖK - Estatua de Adriano

Erica Couto

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Bajo los escombros de una puerta monumental que llevaba dos milenios en silencio, un equipo de arqueólogos turcos ha devuelto la vida a dos rostros que gobernaron el Imperio romano en su momento de mayor esplendor territorial. En la antigua ciudad de Cibira, en el suroeste de Anatolia, han reaparecido los restos de las estatuas del emperador Adriano y de su esposa, la emperatriz Sabina, que permanecieron enterrados durante casi 1.950 años bajo un amasijo de bloques de mármol.

El hallazgo deriva de una excavación sistemática que la Universidad Mehmet Akif Ersoy de Burdur lidera desde 2006. En los últimos años, el proyecto arqueológico ha concentrado sus esfuerzos en desenterrar una de las estructuras más singulares de la ciudad: la Puerta Monumental. En ese punto de Cibira no solo han emergido ejemplares de arte romano de altísima calidad, sino también una instantánea congelada de la catástrofe que sepultó la antigua urbe hace siglos.

¿Cómo desaparece del mapa una ciudad próspera? ¿Qué queda de sus gobernantes cuando la piedra se derrumba? La respuesta a estas preguntas procede, en este caso, del rostro sereno de un emperador que quizá nunca llegó a pisar el lugar que lo honró a través del mármol.

En Cibira, ha reaparecido una estatua de Adriano de 2,14 metros, esculpida hacia el año 130 d. C. y sepultada a causa de un terremoto.

Estatuas romanas halladas en Cibira
Estatuas halladas en Cibira. Fuente: YÖK

Cibira, una ciudad anexionada por Roma que el tiempo sepultó

La urbe de Cibira se alzaba en la actual provincia de Burdur, en la costa mediterránea de Turquía. Pasó a manos romanas en el año 133 a. C., tras la anexión del reino atálida a la provincia de Asia. Durante los siglos siguientes, se convirtió en una ciudad de cierta relevancia en el entramado administrativo romano de Anatolia.

Su Puerta Monumental, uno de los pocos ejemplos de este tipo de arquitectura conservados en la región, se distingue por las torres circulares que la flanquean y por un paso central con tres arcos. Estaba situada en el punto exacto donde el camino procedente de la necrópolis se adentraba en la urbe, un lugar pensado para impresionar a quien llegaba. Las excavaciones, que comenzaron en 2025, encontraron la estructura reducida a una pila de bloques desprendidos.

El trabajo ha sido ingente. Los equipos han movido, clasificado y catalogado alrededor de 2.500 bloques de piedra solo en esta zona de la ciudad. El director de las excavaciones, el profesor Şükrü Özüdoğru, calcula que se necesitará al menos otra temporada de excavación para completar el desmontaje del conjunto, antes de iniciar la restauración definitiva de la puerta.

La cabeza intacta del emperador permitió reconstruir el cuerpo de la estatua, caracterizada por una coraza decorada con un león y un águila.

Materiales escultóricos de Cibira
Materiales escultóricos de Cibira. Fuente: YÖK

Un emperador reconstruido

Fue en medio de todo ese mármol disperso donde se encontró una de las piezas estrella del hallazgo: una estatua de Adriano de aproximadamente 2,14 metros de altura, tallada en mármol de las canteras de Afyon-İscehisar. La escultura pudo reconstruirse gracias a un dato afortunado: entre los fragmentos apareció una cabeza-retrato prácticamente intacta que, al cotejarla con un torso armado hallado previamente, permitió reconstruir la figura casi por completo.

La estatua representa al emperador con indumentaria militar. En su coraza se distinguen los relieves de un león y un águila, símbolos habituales de poder y protección imperial en el arte romano. Según Özüdoğru, los rasgos del rostro confirman que se trata de Adriano, lo que convierte la pieza en un ejemplo especialmente valioso, ya que las estatuas completas de este emperador son relativamente escasas en Anatolia.

Los expertos sitúan la talla hacia el año 130 d. C., en pleno gobierno de Adriano, quien llevó las riendas del imperio entre 117 y 138. Una hipótesis plausible apunta a que la ciudad la habría encargado con motivo de una posible visita imperial, siguiendo una práctica habitual en la época. Por el momento no existe, sin embargo, ninguna prueba documental de que Adriano llegara a pisar Cibira en persona.

Junto a Adriano, se encontró una escultura de la emperatriz Sabina, aún incompleta, en una puerta romana que un sismo en el año 417 d. C. redujo a escombros.

Sabina y los otros rostros que emergieron del derrumbe

Junto al emperador apareció también una segunda figura, algo menos completa: la de su esposa, la emperatriz Sabina. La estatua conserva porciones significativas del cuerpo, aunque todavía faltan fragmentos que los arqueólogos esperan localizar en próximas campañas. Su presencia junto a la de Adriano no es casual, ya que ambos formaban parte del mismo programa escultórico pensado para exhibirse en la parte superior de la puerta.

Excavación
Excavación. Fuente: YÖK

Las excavaciones sacaron a la luz una tercera estatua, la de otro emperador con armadura, de unos 1,86 metros, además de una cabeza masculina de apenas 30 centímetros y una figura femenina cuyo cuerpo apareció partido en dos secciones . En total, la campaña de 2026 ha permitido recuperar veinte fragmentos de estatuas.

Estas y otras piezas escultóricas de Cibira demuestran que las provincias romanas también exhibían estatuas imperiales de altísima calidad artística.

El terremoto que derribó a los dioses de piedra

¿Por qué acabaron estas figuras hechas pedazos? La respuesta más probable, según el equipo dirigido por Özüdoğru, es un terremoto ocurrido en el año 417, que habría hecho caer las estatuas desde lo alto de la puerta y las habría fragmentado contra el suelo. Ese instante de destrucción, paradójicamente, es también el que ha permitido conservar los restos hasta hoy, protegidos bajo las capas de escombros.

Una vez completada su restauración, las cuatro estatuas se trasladarán al Museo de Burdur, donde se expondrán al público. En Cibira, ya se habían encontrado otras piezas notables, como un busto del dios grecoegipcio Serapis y una estatua de Asclepio, el dios griego de la medicina.

Este tipo de hallazgos cambia, en cierta medida, nuestra manera de imaginar cómo se vivía la presencia del poder imperial en las provincias más alejadas de Roma, y demuestra que aún se conservan capítulos enteros de la historia antigua a la espera de ser desenterrados.

Referencias

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