Los diluvios de Leonardo da Vinci: así representó la fuerza destructiva del agua
Descubre cómo Leonardo da Vinci representó diluvios e inundaciones y qué revelan sus dibujos sobre la fuerza de la naturaleza.
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El genio florentino Leonardo da Vinci abordó, como muchos otros artistas, los diluvios y las inundaciones. Pero nadie supo reflejar como él las fuerzas desatadas de la naturaleza.
El diluvio universal es un motivo recurrente en la pintura europea. Artistas de distintas épocas y estilos imaginaron y representaron la gran inundación bíblica. Miguel Ángel la pintó en 1509 en la bóveda de la Capilla Sixtina del Vaticano, como expresión del castigo divino y de una catástrofe marcada por el sufrimiento humano.
Jan Brueghel el Viejo también dedicó una tabla al tema, que después copió su hijo, Jan Brueghel el Joven. La obra, titulada La entrada en el Arca de Noé, fue pintada en 1613 y se conserva en el Museo Nacional del Prado.
Otros ejemplos son El Diluvio Universal (c. 1530), del pintor neerlandés Jan van Scorel, y El invierno, también conocido como El diluvio, que Nicolas Poussin pintó hacia 1660-1664. En una época más reciente, el pintor e ilustrador francés Gustave Doré dedicó tres grabados al asunto, incluidos en la monumental Biblia que ilustró y que se publicó en 1866.
Leonardo y la fuerza destructiva del agua
Leonardo da Vinci (1452-1519) también dedicó varias láminas al diluvio. Forman parte del Códice Windsor, uno de los conjuntos de manuscritos de Leonardo que se conservan en distintos lugares del mundo. Pero su motivación era muy distinta: no representó las típicas escenas de la catástrofe humana propias del imaginario cristiano.
La inquieta mente de Leonardo se interesó por las fuerzas de la naturaleza y, en particular, por el poder destructivo del agua. Quiso comprender su comportamiento y lo plasmó en numerosos dibujos. Además, daba muy poco crédito a la supuesta veracidad del relato bíblico: no creía posible que una inundación global llegara a cubrir las elevadas montañas de la Tierra.
Como buen observador de las crecidas del río Arno, en su Toscana natal, Leonardo conocía el historial de inundaciones catastróficas del río. También sabía que el drenaje de los suelos y la evaporación hacen que el nivel de las aguas descienda rápidamente.

Tormentas y lluvias torrenciales en sus dibujos
El dibujo más conocido de Leonardo sobre el diluvio muestra, de manera expresiva y dramática, una tormenta cataclísmica que provoca una inundación repentina. Chorros de agua brotan violentamente del centro de la lámina. Realizado con tiza negra, pluma, tinta y aguada, el dibujo data de la última etapa de su vida, hacia 1517-1518, cuando residía en Francia.

En la escena, unos bloques cuadrados de piedra se derrumban y caen del cielo. En la parte superior, de la oscura nube tormentosa brotan formas turbulentas, a modo de bucles o rizos, que representan la lluvia torrencial.
Leonardo vivió entre los siglos XV y XVI, cuando la Pequeña Edad de Hielo empezaba a dejar sentir sus efectos en Europa. Aquel periodo se caracterizó no solo por el descenso de las temperaturas y la crudeza de los inviernos, sino también por una meteorología más alterada y extrema. Es probable que, por ello, fueran frecuentes los episodios de tiempo adverso en la Toscana.
Otro de los diluvios de Leonardo incluidos en el Códice Windsor, realizado con la misma técnica y probablemente algunos años antes, muestra también una tormenta. En la parte superior derecha de la lámina aparece un nubarrón del que cae agua a borbotones, representada mediante los característicos bucles, sobre una colina boscosa.

La lluvia baja con fuerza por la ladera y provoca una riada que abate los árboles. En el centro del dibujo, la inundación sumerge y arranca de cuajo varios ejemplares. Leonardo plasmó con una precisión extraordinaria el impacto de las lluvias torrenciales y las inundaciones en el paisaje.
«Aparezcan en torno los añosos árboles desarraigados y arrancados por el furor de los vientos, y los montes arruinados y descarnados por el ímpetu de los torrentes, en ellos desplomándose y sus valles cegando, y los ríos rebosantes, anegando y sumergiendo innumerables tierras y a sus gentes».
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