Poniatowska Amor compartió en la UNAM sus sentimientos por la labor periodística
Celebró con un centenar de jóvenes los 70 años de la Biblioteca Central de la máxima casa de estudios
Eirinet Gómez
Periódico La Jornada
Viernes 18 de septiembre de 2026, p. 5
Un conversatorio frente a un centenar de estudiantes en la Biblioteca Central de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) llevó a Elena Poniatowska Amor a sincerarse: “Nunca he pasado de ser una pinche periodista, no lo digo por humildad, sino porque es un sentimiento”.
Ya con las risas y la atención del público universitario, la escritora explicó que si ella tuviera oportunidad de volver a nacer le gustaría tener formación académica, aunque reconoce que fue un privilegio formarse en las calles, gracias a las personas que entrevistó y con los sucesos que atestiguó.
En la charla que tuvo lugar en el contexto del 70 aniversario de la biblioteca, la escritora agregó sobre los vínculos que estableció con la UNAM, el gusto por la lectura que desarrolló en Francia, los inicios en el periodismo y su transición a la publicación de libros.
Sobre su interés por estudiar en la UNAM, la autora de Leonora contó que intentó revalidar los estudios que cursó en una escuela de monjas, pero no se lo permitieron. “Me dijeron que no, que las monjitas eran unas bestias peludas que no sabían nada, que lo único que yo sabía era pecar”.
Pero esto no le impidió relacionarse con la casa de estudios. El quehacer periodístico que inició cerca de 1950 la llevó a vincularse con intelectuales de esta institución, como Rosario Castellanos y Guillermo Haro, quien fundó y dirigió el Observatorio Astronómico Nacional de la UNAM y se convertiría en su esposo.
Destacó que en aquellos años en que se inició en el periodismo lo difícil era salir de la sección de sociales, donde se reseñaban bodas, bailes y cocteles. Pero a ella, escribir ahí le permitió entrevistar a Gabriel Figueroa, María Félix, Dolores del Río, “y hacerles preguntas a partir de mi ignorancia”.
Sobre Hasta no verte, Jesús mío
Durante la conversación que sostuvo con Elsa Margarita Ramírez Ley-va y Ricardo Papaqui, directora y restaurador de la Dirección General de Bibliotecas de la UNAM, Poniatowska contó que su novela Hasta no verte, Jesús mío, surgió de la curiosidad que le causó una mujer que tenía un vocabulario muy florido.

▲ La autora de Tinísima, ayer, durante la charla con estudiantes universitarios.Foto Luis Castillo
“En una azotea en la calle Revillagigedo, en el centro de la Ciudad de México, muy cerca del periódico Novedades, oí a una mujer que era lavandera. Su voz era de una fuerza tan extraordinaria y lo que decía me parecía tan fuera de lo común, tan distinto a lo que yo había oído, que me propuse seguir hablando con ella”, contó.
El volumen publicado en 1969 relata la vida y los recuerdos de Jesusa Palancares, personaje inspirado en Jesusa Bórquez, mujer de origen humilde de Oaxaca. La pieza se considera un retrato social de la primera mitad del siglo XX en México.
La autora de Tinísima refirió que como parte de su quehacer informativo se interesó en conocer a escritores como Carlos Fuentes, Octavio Paz, Fernando Benítez, Carlos Monsivaís y Gabriel García Márquez. “Se hizo como una pelota que fue rodando y fue recogiendo voces y más voces hasta obtener la de los estudiantes y de los presos en Lecumberri”.
La escritora también rememoró sus encuentros con Diego Rivera, José Clemente Orozco y Juan O’Gorman, este último, autor del mural monumental de la Biblioteca Central de la UNAM.
“O’Gorman era un hombre enojón, siempre estaba de malas, repelando por algo. Él me contó que él mismo recogió todas las piedritas que tapizan los muros, y yo le dije que eso no era posible: ‘usted no pudo haber recogido todas’, y se enojó.”
Frente al auge de la inteligencia artificial (IA) y a la controversia reciente, Poniatowska reconoció que no sabe nada de la IA y no puede opinar de ella: “Yo creo en los libros, en la información, en la educación. No tengo acceso a la IA y no pretendo tener acceso”.
Después de la conferencia, la escritora de La noche de Tlatelolco firmó autógrafos a un número limitado de asistentes, entre ellos, Rosario Márquez, estudiante de tercer semestre de filosofía, quien es la tercera vez que la escucha en persona, y Lilian Castillo, de sicología, quien se identifica con la escritora: “ella no tiene etiquetas, no piensa que va a quedar mal, es muy sincera”.
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