Eduard Fernández, actor: "He tenido mis defectos como padre. Mi hija me contó más adelante que sufría mis ausencias cuando yo trabajaba fuera"

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Eduard Fernández llega al Festival de San Sebastián en uno de los momentos más brillantes de su carrera. Después de 'Marco' (Aitor Arregi, Jon Garaño, 2024) y 'El 47' (Marcel Barrena, 2024), el actor vuelve a la Sección Oficial con 'El mal padre', la tercera película de Roberto Bueso, un drama familiar que competirá por la Concha de Oro tras celebrar en el certamen su premiere mundial. La película, escrita por Bueso junto a Óscar Díaz, llegará a los cines el próximo 20 de noviembre.
En ella, Fernández interpreta a Santiago Balmes, un célebre escritor y académico que reúne a sus tres hijos, años después de haber roto la familia, para pasar juntos unas últimas Navidades en la casa donde veraneaban de niños. A partir de ese reencuentro incómodo, hablamos con el actor sobre cómo interpretar a un mal padre sin convertirlo en villano, las heridas de una masculinidad incapaz de mirarse, el humor pasivo-agresivo como defensa, la necesidad simbólica de matar al padre y la pregunta inevitable: si, después de todo, él se considera un buen padre.

¿Cómo se interpreta a un mal padre sin convertirlo en villano, pero a la vez sin pedir al espectador que lo absuelva?
Ese era el reto. El guion me gustó mucho y estaba muy bien escrito, así que había que atreverse. Uno, como actor, generalmente siempre quiere salvar al personaje o no ser tan chungo, pensar que en el fondo no es tan malo. Pero no, yo creo que es mejor darlo todo, había que ser desagradable. Cuando veo algunas escenas, digo: “Hostia, esa duele, esa es muy fea”. Pero era 'El mal padre', había que pasar por ahí.
¿Crees que el gran problema del personaje es pertenecer a una generación a la que no le han enseñado a pedir perdón y ni a mostrarse débil ante nada?
No le han enseñado a mirarse. No le han enseñado a ser crítico consigo mismo ni a pensar que, si hace una cosa, a lo mejor es porque a él le pasa algo. Todo lo contrario, le han dicho que en la vida hay que tirar para adelante. Él tiene esa cosa de arrasar con todo. Incluso, como es muy inteligente, puede armar un discurso para justificar el ser así. Si él no ha llegado a cumplir la expectativa que tenía para sí mismo, es imposible que ningún hijo logre ninguna expectativa. Se las va a castrar siempre, sin saber que es por eso.
¿Podría evitarse todo esto con un buen psicólogo?
Claro, este hombre tiene una gran herida. Lo de tener esa necesidad de que le quieran, de escribir una gran obra, de que la gente le admire y de ser el centro de atención, es para decirle: “Oye, ¿y a ti qué te pasa?” Un psicólogo le diría: “Vamos a ahondar en eso. ¿Por qué esa necesidad?” Cosa que él nunca ha pensado, porque para esa generación ir al psicólogo… Yo, cuando iba, mi madre decía: “Pero ¿por qué, hijo, si tú estás bien?” Y yo decía: “Mamá…”. Para ellos, ir al psicólogo era estar loco, ser alguien a quien le pasaba algo muy grave.

¿Qué ocurre cuando un hijo adulto mira a su padre y deja de ver la autoridad para descubrir todos los defectos? ¿Es mejor que esto ocurra lo antes posible?
Es bueno matar al padre de una manera figurada, es bueno para que el hijo pueda ser él y crecer. El otro día alguien me comentaba que vio firmar a alguien y firmaba igual que el padre. Y luego pensé yo en mi firma y dije: yo, de alguna manera, he imitado bastante la de mi padre, adaptándola a mí. Pero sí, de alguna manera hay que matar al padre y cada uno hacer su camino. Lo bonito es que, si además tienes una buena relación con el padre, el padre lo permita.
¿Habla también de esto la película, de qué hacemos con los hombres brillantes que no lo fueron tanto de puertas adentro?
Creo que sí. Esa generación tenía unas premisas de ser padre que eran llevar dinero a casa. Ni hablemos de fregar un plato o poner un vaso en la mesa. Era así. Mi padre lo hizo así toda la vida, y era un buen tío, pero creo que ellos tenían esas premisas. Tenían esa desgracia, digámoslo así. Ellos pretendían triunfar en la sociedad. Lo único que importaba era lo que ocurría de casa para fuera, la vida íntima no contaba. Y eso le pedía la sociedad al hombre, que triunfara, que fuera más que el vecino, más que el otro, que ganara más dinero. Eran esclavos de eso.
¿Estamos mejorando?
Es bueno hacer esta revisión sobre la masculinidad, sobre el machismo y demás, si no viene la extrema derecha y vuelve a abortarlo todo. Creo que un hombre que sea padre hoy en día se lo plantea distinto, y debe ser así. Ya tiene la oportunidad de plantearse qué es eso y cómo hacerlo: cómo ser padre, cómo vivir en pareja, cómo respetar y estar con la pareja. Hay que mirarse un poco a uno mismo y ser responsable de lo que haces.

'El mal padre' logra hablar de todo esto mientras rebaja el tono con humor, ¿el reproche pasivo-agresivo es una manera de autodefensa?
Bueno, puede ser un poco todo, también es una defensa, una manera graciosa de decir algo de lo que te ríes y luego dices: “Hostia, ¿de qué me he reído? Tampoco tiene mucha gracia”. En todo caso, soy muy de humor. Roberto (Bueso) también. Nos entendemos muy bien en el humor, nos reímos muchísimo y tenemos una visión parecida de la vida. Nos reímos mucho y hablamos muchísimo del personaje. Yo soy un poco obsesivo con la composición física y, en este caso, teníamos claro lo del bigote, el pelo blanco, el bastón… Hablamos mucho antes de rodar y de que llegaran todos. Estábamos un poco encarrilados, íbamos en equipo.
Aunque los personajes son muy diferentes, en 'Marco', 'El 47' y 'El mal padre' encarna personajes atravesados por la memoria, la identidad y su propio relato. ¿Sientes que está en una etapa de su carrera en la que dialoga sobre cómo alguien quiere ser recordado?
No lo sé. Ha ido así. Es verdad que yo elijo también, tengo esa suerte, pero creía que eran buenos guiones en general, buenas películas que contaban cosas que a mí me interesaba contar. Que pasen por ahí tiene una cierta lógica, porque es algo interesante de contar. Sigo sin saber cómo voy a hacer el próximo papel, que también está bien. Ahora me lo estoy planteando, hay algo ahí a lo que le estoy dando vueltas. Me sigo divirtiendo mucho con mi oficio, me sigue gustando.
¿Qué tal la acogida en San Sebastián?
Estoy feliz, muy feliz de estar en San Sebastián. Venir con esta película, que empezó muy tranquila, muy abajo, que la hemos llevado con mucho respeto y mucha honestidad, y llegar al Festival de San Sebastián, a Sección Oficial a concurso, es muy bonito. Y ha sido todo sin dolor.

Después de hacer esta película, ¿es más fácil saber lo que es un mal padre?
Según lo que piense o lo que sepa cada uno antes y después. Pero creo que está bien retratado un mal padre. No solo por ausente en este caso, sino por ausente y por castrador. Una figura bastante común en aquella generación. “Hijo mío, tú nunca vas a ser nada”. Mi padre me dijo una vez: “A ver, en el arte, los que viven de ello son cuatro genios…”. Y evitaba decir: “Y no vas a ser tú”. Pero luego aceptó que me fuera bien.
Esta mañana hemos entrevistado a Greta Fernández, su hija, y le hemos pedido que aprovechase para mandarle un recado por algún pecado cometido como "mal padre". Ha estado un rato pensando y ha terminado reconociendo que no tiene nada que reprocharle.
Es más maja… La tengo muy bien educada.
Eduard, ¿es un buen padre?
Yo creo que sí, aunque he tenido mis defectos como padre. Mi hija me contó más adelante que sufría mis ausencias cuando yo trabajaba fuera. Y yo también, he llorado en muchos bolos por ahí, en el hotel, por no estar al lado de mi hija, que es lo más bonito que me ha pasado en mi vida. Pero la vida es así y esta película creo que cuenta un poco la vida.
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