Javiera Parra: “Volví a sentir por mi oficio un enamoramiento grande. Me volví a convencer que tenía sentido”

Aunque viene de una familia cuyo vínculo con la música es indisoluble, un clan que ha capturado la cultura popular como parte de su médula, Javiera Parra entrega una estadística que no deja de sonar algo asombrosa: “Desde que mi hijo Gael cumplió 30 días, fue la primera vez que viajamos en un avión para ir a tocar a Argentina. Desde ahí ya pensé que iba a ser así, que él iba a estar incorporado a mis actividades. Pero también me tomé harto tiempo para tratar de hacer la menor cantidad de cosas posibles lejos de él por mucho tiempo. O sea, a mí me entretuvo demasiado ser madre de un niño”, expresa la cantautora en el espacio Viernes de Culto de La Tercera.
Hoy Gael tiene 20 años, por supuesto que se ha habituado a la carrera de su madre -una de las artistas protagónicas de la escena chilena en los últimos 30 años- y desde hace unos días cuenta con una canción consagrada a su persona. Se trata de Cariñar, el último single de Parra, una pieza evocativa, y cuyos arreglos y modales interpretativos parecen continuar el conocido vínculo de la cantante con la balada del siglo XX, incluso con el estilo afelpado de nombres como Jeanette.
Es un evidente boleto a cierto pasado estelar, pero no sólo desde lo creativo. Parra ha intentado materializar en su nuevo tema su propia experiencia de maternidad, cuando quien da a luz deja de ser una sola persona para entregar su individualidad a otro.
“Esta canción habla mucho de ese sentimiento de la maternidad y también de la pérdida de ser alguien único, saber que nunca más vas a ser uno. Eso es un temazo y está subvalorado dentro de todos los temas que aborda la maternidad”.
Aunque el asunto es personal, también tiene un ángulo más colectivo: “Me pasa también que volví a sentir, no por Gael específicamente, sino que por la vida y por mi oficio, un enamoramiento grande. Me volví a convencer de que tenía sentido. Me volví a conectar con la gente y con una cantidad de músicos jóvenes, nuevos, increíbles, que me están nutriendo y yo también los estoy nutriendo a ellos. Y eso me renovó el voto de decir ‘ah, sabes, yo pertenezco a esto’. Y ahí me surgieron ganas de componer. Así de simple. Y como nunca le había compuesto una canción a Gael, fue muy natural, agarré el cuatro y de repente empezó a salir una composición para él”.

En lo estrictamente artístico, Cariñar inscribe el regreso de Javiera Cereceda Orrego -su verdadero nombre- a las composiciones originales, luego de años en que trabajó sobre el legado de su abuela Violeta Parra a través de diversos proyectos, después de facturar una carrera generosa en hits distribuidos en álbumes como Corte en trámite (1995), La suerte (1998) y El poder del mar (2004). “Un disco muy subvalorado”, dice del último.
Luego explica: “Hay muchas cosas de mi vida en el último tiempo. Viví un montón de situaciones especiales, estuve criando, perdí a mis padres y como que bajó bastante mi interés y mi energía por estar arriba de los escenarios. Yo necesitaba estar retrotraída, no empatizaba con estar tratando de encantar en un momento donde yo estaba desencantada por todo lo que me estaba pasando y al mismo tiempo encantada de criar también. O sea, como sentimientos muy viscerales, complejos, de cualquier mujer que está en esa mezcla entre la vida y la muerte tan fuerte”.
Pese a ello, destaca la intérprete, al final ganó la luz. “Esta nueva canción es muy luminosa. Porque el sentimiento de criar a un ser, traerlo a la vida, darle todas las herramientas que uno pueda, que quizás no son todas ni las mejores, pero uno lo hace con ensayo y error todo el rato. Y después viene el proceso inverso, que es dejarlo que vuele, liberarlo de tu hegemonía y verlo desapegarse de uno, dejar de ser un niño, un infante, y que pase a ser un hombre con sus decisiones, con sus pensamientos y con sus diferencias de mí”.

Cariñar será parte de un inminente EP de composiciones originales que extenderán una rúbrica similar: sonido rockero fusionado con instrumentos acústicos, letras íntimas y confesionales que sin ser explícitas narran capítulos en la vida de su autora. “Yo diría que es una sonoridad intrínsecamente indie”, etiqueta, aunque luego va mucho más allá: “Tiene reminiscencias de lo que siempre ha sido mi sonido, que viene del mundo retro, más almodovariano”.
Y la artista también se atreve a enumerar influencias precisas: The Marías, Tame Impala y Men I Trust. Nada extraño para una cantautora que, por ejemplo, en el último tiempo ha asociado su nombre a una de las divinidades del casillero indie, el grupo canadiense Arcade Fire: con ellos cantó en 2024 para las ediciones del festival Lollapalooza de Santiago y Buenos Aires. “Estoy preparando un mini documental en mi YouTube acerca de cuando toqué con ellos. Como que me guardé todo eso, porque fue muy fuerte para mí: hacer una amistad con ellos, seguirme escribiendo, todo. Me lo guardé, pero ahora me da para mostrarlo”, apuesta.
Y esos nuevos estímulos, ¿han cambiado su manera de componer y enfrentar la música? “Es que a la hora de componer, me sigo alimentando de la intimidad. Y también de la naturaleza. Me gustan las imágenes oníricas relacionadas con lo que brota, con lo que está vivo, con lo que fluye, con lo orgánico, con lo que sirve de bálsamo para estas vidas vertiginosas que vivimos”.
“No me intimida que la música hoy sea tan apabullante. No, porque depende de tus expectativas. Yo tengo hoy en día unas expectativas que son muy mías, que son como: ‘quiero que esta canción salga, que les pertenezca a todos los que quieran que les pertenezca’”.
Javiera Parra se presentará este domingo 13 de septiembre, a las 19.00 horas, en el Teatro Municipal de Las Condes, con el show Retrospectiva.
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