Hallan por primera vez el rastro de varios pasos de un T. rex adulto: cuatro huellas gigantes conservadas durante 66,5 millones de años
Cuatro pisadas gigantes conservadas en Dakota del Norte podrían constituir el primer rastro conocido de un Tyrannosaurus rex adulto y permiten reconstruir unos segundos de su vida hace 66,5 millones de años.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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Hay fósiles que permiten reconstruir cómo era un animal y otros, mucho más excepcionales, que conservan algo parecido a una escena. En algún momento hace aproximadamente 66,5 millones de años, un enorme dinosaurio terópodo caminó sobre los sedimentos húmedos de una llanura situada cerca de la actual localidad de Marmarth, en Dakota del Norte. Dio varios pasos y desapareció del lugar. Lo extraordinario es que una pequeña parte de aquel recorrido continúa allí.
Un equipo de paleontólogos ha descrito una sucesión de cuatro grandes huellas tridáctilas descubiertas en la Formación Hell Creek. El rastro mide alrededor de siete metros y contiene dos pisadas izquierdas y dos derechas, cada una con aproximadamente entre 90 centímetros y un metro de longitud. Por sus dimensiones, antigüedad, morfología y contexto paleontológico, los investigadores consideran que el candidato más probable para haberlas producido es un Tyrannosaurus rex adulto.
De confirmarse esta interpretación, no estaríamos simplemente ante otra huella atribuida al célebre depredador. Ya se conocían pisadas aisladas compatibles con ejemplares adultos de T. rex, pero los autores sostienen que este es el primer rastro compuesto por varios pasos que puede atribuirse razonablemente a un individuo adulto. Esa diferencia es importante: una pisada muestra dónde estuvo un animal; varias consecutivas permiten observar cómo se desplazó.
El hallazgo apareció en 2025 en terrenos federales próximos a Marmarth. Fue Kent M. Hups, profesor de instituto y buscador aficionado de fósiles que colaboraba con un equipo dirigido por el paleontólogo Tyler Lyson, quien detectó una extraña estructura que sobresalía del terreno. Lo que inicialmente podía parecer una roca peculiar terminó formando parte de una secuencia mucho más difícil de explicar como producto del azar.
Un paseo de siete metros conservado en piedra
Las huellas presentan tres dedos y son extraordinariamente grandes. La mejor conservada alcanza unos 96 centímetros de largo por 80 de ancho. En ella todavía pueden distinguirse las impresiones correspondientes a los dedos II, III y IV, aunque millones de años de erosión han fracturado y deformado buena parte de la superficie.
El tamaño constituye una de las principales pistas para identificar al responsable. En la Formación Hell Creek también vivieron grandes dinosaurios herbívoros capaces de producir pisadas tridáctilas, como Edmontosaurus. Sus huellas, sin embargo, suelen mostrar dedos más anchos y unas proporciones diferentes. Las encontradas en Dakota del Norte presentan impresiones digitales relativamente estrechas y dimensiones que encajan mejor con un enorme terópodo.
A ello se suma el lugar. Hell Creek es uno de los grandes archivos fósiles del final del Cretácico norteamericano y de sus rocas han aparecido numerosos restos de Tyrannosaurus rex. Los investigadores sitúan las pisadas unos 33 metros por debajo del contacto entre las formaciones Hell Creek y Fort Union. Combinando esa posición con datos paleomagnéticos y tasas estimadas de sedimentación, calculan una antigüedad aproximada de 66,5 millones de años.

Eso sitúa al animal sorprendentemente cerca, en términos geológicos, de la extinción masiva del final del Cretácico. El impacto que desencadenó la desaparición de todos los dinosaurios no avianos se produjo hace unos 66 millones de años. Estas huellas pertenecen, por tanto, a uno de los últimos capítulos del mundo dominado por los grandes dinosaurios.
La identificación, no obstante, debe formularse con cautela. Una huella fósil no funciona como una huella dactilar. El movimiento del pie, la consistencia del barro, la entrada y salida de los dedos y los procesos posteriores de erosión pueden alterar enormemente su aspecto. Precisamente por eso el estudio habla de un rastro “probablemente atribuible” a un T. rex adulto y combina diferentes indicios en lugar de depender únicamente de su forma.
Las cuatro huellas forman un recorrido de unos siete metros y constituyen el primer rastro conocido probablemente atribuible a un T. rex adulto.
Una casualidad geológica permitió que las huellas sobrevivieran
La conservación del rastro es casi tan llamativa como su posible autor. Estas pisadas no aparecen como agujeros hundidos en una superficie, sino como grandes relieves endurecidos que sobresalen de la roca. Son, en esencia, moldes naturales de las depresiones originales.
El dinosaurio habría hundido sus patas sobre sedimentos de grano fino depositados en una llanura de inundación. Aquellas depresiones se convirtieron posteriormente en puntos alrededor de los cuales se produjo una cementación mineral. El carbonato cálcico endureció la arena y generó concreciones mucho más resistentes que las rocas circundantes.
Después comenzó un proceso que duró millones de años. Mientras el material más blando desaparecía por erosión, las masas endurecidas permanecían. El resultado invirtió visualmente las pisadas: aquello que originalmente había sido una depresión terminó convertido en una estructura pétrea elevada.
Esta peculiar conservación ayuda también a explicar por qué encontrar rastros semejantes en Hell Creek resulta tan difícil. El paisaje del Cretácico tardío estaba atravesado por cursos de agua y zonas inundables. Era un escenario magnífico para dejar pisadas, pero pésimo para conservarlas durante decenas de millones de años. La mayoría habría desaparecido poco después de producirse.
Los investigadores digitalizaron las cuatro huellas y el conjunto mediante escaneado tridimensional de alta resolución. Esos modelos permiten medir y estudiar el rastro incluso aunque la erosión continúe afectando al yacimiento y ofrecen una copia digital precisa de estructuras demasiado valiosas como para depender únicamente de su conservación física.

El dinosaurio avanzaba con zancadas cercanas a los cuatro metros, dejando una secuencia que permite reconstruir unos pocos segundos de su vida.
Así caminaba el gigante de Hell Creek
La separación entre las pisadas proporciona una información imposible de obtener de un esqueleto inmóvil. La longitud aproximada de la zancada es de cuatro metros. A partir de esa distancia y del tamaño estimado de las patas, los autores calcularon una velocidad aproximada de entre 1,5 y 2 metros por segundo, equivalente a unos 5,4-7,2 kilómetros por hora.
No estaba corriendo. Todo apunta a un gran animal desplazándose a un ritmo de marcha relativamente normal. Los investigadores advierten además que la deformación de las pisadas introduce bastante incertidumbre y que la velocidad real pudo ser algo menor.
El rastro es demasiado corto para reconstruir comportamientos mucho más complejos. No permite saber hacia dónde se dirigía el animal, si buscaba alimento o simplemente atravesaba aquella zona. Tampoco demuestra por sí mismo que fuera un T. rex con absoluta certeza. Su importancia reside precisamente en algo más sencillo: conserva unos segundos de movimiento de un enorme terópodo que vivió al final del Cretácico.
Los huesos pueden permanecer donde cayó un animal durante millones de años. Una sucesión de pisadas es diferente. Cada marca corresponde a un pie que tocó el suelo, soportó durante un instante varias toneladas de peso y volvió a levantarse. Cuatro de esos momentos quedaron registrados consecutivamente en Dakota del Norte.
Y quizá no sean los únicos. Parte de la trayectoria continúa bajo una considerable cantidad de roca y sedimento. Excavarla resultaría complicado, según los autores, pero existe la posibilidad de que bajo la ladera permanezcan ocultos nuevos pasos. Después de 66,5 millones de años, el paseo podría no haber terminado todavía para los paleontólogos.
Referencias
- Falkingham, P. L., Hups, K. M., Tamez-Galvan, E. M., Bercovici, A. D., & Lyson, T. R. (2026). A large tridactyl trackway from the Upper Cretaceous Hell Creek Formation of North Dakota, likely attributable to an adult Tyrannosaurus rex. Journal of Vertebrate Paleontology. DOI: 10.1080/02724634.2026.2706201
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