The Daily Newsstand · Free, Always
Wednesday, October 21, 2026

¿Sabrías distinguir un coral muerto de uno que solo lo parece?

Translate

¿Coral muerto? Descubre cómo algunos pólipos de una colonia mediterránea se esconden, sobreviven al calor y vuelven a crecer. Lee la historia.

Logo Muy Interesante

Creado:

En el fondo del Mediterráneo, una colonia de coral puede mostrar amplias zonas de esqueleto desnudo y, aun así, seguir viva. Lo que a simple vista parece una ruina mineral puede esconder pólipos que se han contraído para resistir. Un seguimiento de 16 años en las islas Columbretes ayudó a entender ese engaño de las apariencias y aportó una dosis de esperanza prudente.

Una colonia que parece muerta no siempre lo está

La especie protagonista es Cladocora caespitosa, un coral colonial masivo y el único del Mediterráneo descrito como capaz de formar arrecifes. Cuando una ola de calor marina golpea una de sus colonias, el tejido vivo puede desaparecer de buena parte del esqueleto. El resultado visual es inequívoco: una estructura blanquecina y aparentemente sin vida.

Sin embargo, esa imagen puede ser incompleta. El trabajo de los ecólogos Diego K. Kersting y Cristina Linares, publicado en Science Advances en 2019, documentó que algunos pólipos —los pequeños animales individuales que componen la colonia— no mueren, sino que se repliegan dentro de sus cálices, las cavidades del esqueleto donde habitan. Quedan tan reducidos que resultan casi invisibles para un observador ocasional.

Vista submarina en el Mediterráneo: colonia de coral Cladocora con esqueleto blanco y pólipos retraídos en cavidades, luz azu

Qué es el rejuvenecimiento y en qué se diferencia del blanqueamiento

El fenómeno tiene nombre propio: rejuvenecimiento (en inglés, rejuvenescence). Ante condiciones adversas, el pólipo superviviente se encoge y se retira parcialmente dentro de su esqueleto. Cuando el estrés térmico disminuye, ese mismo pólipo puede formar un cáliz más pequeño, recuperar tejido y reproducirse por gemación, es decir, generando nuevos pólipos que vuelven a crecer sobre zonas que parecían muertas.

Conviene no confundir este proceso con el blanqueamiento, un término mucho más conocido. El blanqueamiento consiste en la pérdida o reducción de las algas simbiontes —las microalgas que viven dentro del coral y le dan color y buena parte de su alimento— y de sus pigmentos. El rejuvenecimiento es otra cosa: no habla de perder algas, sino de pólipos que se contraen, sobreviven y después vuelven a crecer. Son respuestas distintas, y una no explica la otra.

Tampoco se trata de una resurrección literal. Esto es clave: el tejido muerto no revive. La recuperación parte siempre de pólipos que seguían vivos, aunque escondidos. Lo que renace no es lo que murió, sino lo que resistió.

Esto es clave: el tejido muerto no revive. La recuperación parte siempre de pólipos que seguían vivos, aunque escondidos. Lo que renace no es lo que murió, sino lo que resistió.

Las cifras de un seguimiento de 16 años

El valor de este estudio reside en su duración. Entre 2002 y 2017, el equipo monitorizó anualmente 243 colonias de Cladocora caespitosa en las islas Columbretes, frente a la costa mediterránea española. Un seguimiento tan prolongado permitió algo que una campaña puntual no habría logrado: distinguir una colonia realmente muerta de otra con supervivientes retraídos.

Los resultados fueron reveladores. El 38 % de las colonias afectadas por la mortalidad asociada al calentamiento mostró señales claras de recuperación durante el periodo observado. Entre las colonias que presentaron rejuvenecimiento, el área previamente dañada se recuperó a una tasa media de 4,27 % anual, con una desviación de ±2,70 puntos porcentuales.

Esa última cifra pide una lectura cuidadosa. El 4,27 % no significa que ese porcentaje de todas las colonias se recuperara cada año. Mide algo más concreto: la superficie dañada que fue recolonizada anualmente dentro del grupo de colonias que sí se recuperaban. Dicho de otro modo, describe la velocidad de recolonización de una herida, no la proporción de colonias sanadas.

Geometría de arrecife en aguas profundas: fragmentos blanquecinos de coral con pequeñas depresiones; polvo de partículas flot

Por qué el tiempo lo cambia todo

Este es quizá el matiz más interesante del trabajo. Un seguimiento breve podría haber registrado únicamente la fase de contracción y aparente muerte, sin llegar a observar la recolonización posterior. Lo que durante años se clasificaba visualmente como una colonia perdida resultó ser, en algunos casos, una fase de supervivencia extrema seguida de una lenta recuperación.

El propio ritmo de esa recuperación obliga a la cautela. Una tasa media del 4,27 % anual implica que recolonizar una superficie extensa puede requerir muchos años, en ocasiones más de una década. No estamos ante una reparación rápida tras una ola de calor, sino ante un proceso pausado y desigual entre unas colonias y otras.

Esperanza, sí, pero con límites claros

¿Significa esto que los corales del Mediterráneo están a salvo? La respuesta es no, y el propio estudio invita a no sobreinterpretarlo. El rejuvenecimiento puede mantener viva una colonia o permitirle recuperar parte de su superficie, pero no elimina la causa del estrés: el calentamiento del mar sigue ahí. Esta capacidad no revierte las olas de calor marinas ni garantiza que la estructura del arrecife, la reproducción o la diversidad genética se restablezcan por completo.

Aun así, el hallazgo no demuestra una adaptación genética al calentamiento. La evidencia disponible documenta contracción, supervivencia y crecimiento posterior de pólipos, pero no prueba que la población haya evolucionado para tolerar temperaturas más altas. Es una estrategia de supervivencia observada en una población viva, no una solución al problema de fondo.

La lección, quizá, es doble. Por un lado, la naturaleza guarda mecanismos de resistencia que una mirada apresurada no alcanza a ver. Por otro, esa resiliencia tiene un techo. Reconocer ambas cosas —la esperanza y sus límites— es lo que distingue un dato alentador de una falsa promesa. La pregunta que queda abierta no es si los corales pueden resistir, sino cuánto y durante cuánto tiempo podrán hacerlo si el mar sigue calentándose.

View the original on Muy Interesante →

KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.