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Saturday, October 24, 2026

La crisis económica y las protestas en Francia ponen presión al mayor Estado de Bienestar de Europa

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En menos de un mes, lo que fue una tímida huelga de profesores en el liceo Saint-Exupéry de Créteil, una localidad al sureste de París, se convirtió en una de las movilizaciones sociales más violentas de la historia reciente en Francia. Cual guion de una clásica película francesa de protestas sociales, las manifestaciones de esta semana en las principales ciudades del país europeo -fruto del malestar social por el alto costo de la vida y la crisis económica- terminaron por desbordar al gobierno del presidente Emmanuel Macron tras las escenas de saqueos, violencia y vandalismo.

El tenso momento que vive la sociedad francesa se traspasó inmediatamente a los mercados financieros esta semana, donde los bonos galos sufrieron un duro golpe de desconfianza de parte de los inversores internacionales, quienes hoy dudan más de la sostenibilidad fiscal y capacidad del país europeo de pagar a tiempo sus deudas. Mientras la prima de riesgo francesa seguía subiendo, el rendimiento del bono local a 10 años superó el 5% luego de estar en niveles levemente sobre 3% en febrero pasado.

“Los mercados financieros están tratando a Francia como el nuevo enfermo económico del mundo occidental”, escribió recientemente el premio Nobel de Economía, Paul Krugman, quien cree que Francia avanza por una “trayectoria fiscalmente insostenible” y enfrenta riesgos mayúsculos por no haber ha corregido la edad de jubilación del país, pese al envejecimiento de la población.

“La dependencia de Francia del euro significa que es demasiado fácil ver cómo esta pérdida de confianza podría convertirse en una crisis fea... Ya vimos esta película en 2009-2012, primero en Grecia, luego en Portugal, España e Italia”, escribió en referencia a la crisis de deuda soberana que obligó a una amplia intervención del Banco Central Europeo.

Las palabras del economista revelan también la presión que tiene el mayor Estado de Bienestar de Europa, el que se caracteriza por generosos beneficios sociales a su población. Luego de la crisis de 2008-2009 y de la pandemia del Covid 19 reciente, la deuda externa francesa se aceleró con fuerza y hoy se acerca al 120% en relación al PIB (Producto Interno Bruto), en un momento en que el déficit fiscal anual supera el 5% del PIB. A modo de ejemplo, la economía chilena tiene en la actualidad una deuda bajo el 45% del PIB y un déficit fiscal efectivo que podría estar bajo el 2% al cierre de este año.

Con una población cada vez más envejecida y una baja tasa de natalidad, Francia tiene un sistema de pensiones cuyo gasto va en crecimiento acelerado y con dificultades políticas para reformarlo. La edad oficial de jubilación en Francia para alguien que quiere recibir la pensión completa era de 62 años antes de una disputada reforma previsional de 2023, la que eleva progresivamente la edad de jubilación a 64 años hasta 2030.

El gasto público, a su vez, ha escalado al 57% del PIB, uno de los guarismos más altos de Europa. “Y lo que ocurre cuando los estados de bienestar crecen sin límites terminan como hoy en día estamos viendo en la televisión. Terminan como Francia, que gasta un 50% del PIB y que no es suficiente, porque se genera una cultura en donde todo se espera que lo dé el Estado”, dijo esta semana el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, a propósito de las violentas protestas en diferentes ciudades francesas.

Modelo en la mira

Sin embargo, los expertos creen que las violentas protestas y la crisis económica que lo gatilla tienen un origen múltiple y que data de décadas. “No fue un shock único sino una acumulación”, afirma el economista francés Alexandre Janiak, quien es académico del Instituto de Economía de la Universidad Católica (UC).

Alexandre Janiak, Ph.D. in Economics, ECARES, Free University of Brussels (Belgium) and Sciences-Po Paris (France). Académico del Instituto de Economía UC.

Para el doctor en Economía de la Free University of Brussels (Bélgica) y del Sciences-Po Paris (Francia), el país europeo nunca volvió al equilibrio fiscal primario después de 2008 y reconoce que cada crisis económica se absorbió con más gasto público y con consolidaciones posteriores que fueron tímidas o se abandonaron. “Lo que cambió en los últimos dos años es que terminó la era de tasas de interés bajas. El servicio de la deuda pasará de unos 79 a 91 mil millones de euros entre 2026 y 2027, más de lo que el Estado gasta en defensa o educación superior”, complementa el economista.

“Además, políticamente, es imposible bajar la deuda. Desde la disolución de la Asamblea Nacional de 2024, no hay mayoría parlamentaria, y Francia incumplió sus metas fiscales en tres de los cuatro años entre 2023 y 2026. Esto destruyó la credibilidad frente a los mercados y el costo de endeudamiento a 10 años está en su nivel más alto desde 2002 y el diferencial con Alemania es el mayor desde 2011. A eso se suma un crecimiento potencial bajo que hace que la deuda no se licue con el PIB. La crisis social actual muestra el fondo del problema: un Estado que gasta muchísimo, pero cuya calidad de servicio percibida se degrada, y una población que ya no ve la relación entre lo que paga y lo que recibe”, añade Janiak.

El economista francés reconoce que el modelo de Estado de Bienestar actual del país europeo “está bajo presión”. Sin embargo, hace una precisión. “Lo que está en riesgo no es la existencia del Estado de Bienestar sino su financiamiento por deuda. Las pensiones y la salud representan la mitad del gasto público. Un sistema de reparto con una de las edades de jubilación más bajas de Europa y una tasa de empleo de los mayores de 60 todavía inferior a la de sus vecinos simplemente no cierra sin aportes crecientes del presupuesto general. Si no se decide políticamente qué ajustar, el ajuste lo impondrán los acreedores, y ese es siempre el escenario más regresivo”, estima el académico del Instituto de Economía.

A juicio de Janiak, el escenario “optimista” exige estabilizar el gasto en términos reales durante varios años, alargar la vida laboral y revisar el gasto fiscal ineficiente. “El Banco de Francia sostiene que el déficit puede bajar a 3% en tres años. Es técnicamente factible, pero requiere un consenso que hoy no existe y una elección presidencial que lo valide”, reconoce el economista. Las elecciones presidenciales en Francia fijadas para el próximo año y las encuestas muestran una ventaja para la ultraderechista Marine Le Pen.

El doctor en Matemáticas Aplicadas en la Université de Paris 1 (Francia), Sebastián Cea, considera que Francia no tiene un superávit que estabilice su deuda. “Los shocks de 2008, Covid y energía pueden explicar una buena parte de esa alza, pero con crecimiento débil y tasas más altas, los intereses absorben hoy casi todo el esfuerzo de ajuste”, explica el también economista.

Sebastián Cea, académico de la Universidad de Los Andes.

“No hay riesgo de default, pero sí de degradación: los intereses desplazan recursos de salud, educación y defensa. Volver al 3% exige un ajuste cercano a 80.000 millones (de euros), que no se logra solo con impuestos ni solo con recortes, por lo que la salida pasa por combinar revisión de eficiencia del gasto, más empleo, y reglas fiscales creíbles”, estima el también académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Universidad de los Andes.

Con todo, el economista y actual académico de la Paris School of International Affairs, SciencesPo, en Francia, Guillermo Larraín, pone un matiz en la discusión sobre el origen de la actual crisis económica gala y las grietas que muestra su Estado de Bienestar. Larraín, ex superintendente de Valores y Seguros y de Pensiones y ex presidente del BancoEstado, recalca que el malestar social en Francia tiene una naturaleza muy diversa y que se relaciona con el estancamiento de la actividad económica y la resultante “pérdida del estatus de Francia en el mundo”, la migración demasiado rápida y el temor al “reemplazo”, y la desindustrialización.

“Francia era un país industrial y ha perdido una parte importante de su base industrial en favor de servicios. Una parte importante de la industria se fue a Europa del Este en algún minuto, a países como Polonia, a Hungría, y les ha costado traerla de vuelta”, afirma el académico de la Universidad de Chile, quien reconoce también que en Francia existen problemas de “permisología”, como se le ha denominado en Chile a las trabas burocráticas a la inversión y, por lo tanto, al crecimiento económico.

“Tienen un Estado con un modelo de desarrollo urbano muy planificado. A los franceses no les gusta el modelo de ciudad norteamericana. A los franceses les gusta la ciudad francesa; con regulación que protege la ciudad, los edificios antiguos. Es un país que no tolera afectar el medio ambiente de cualquier forma… Esa es su ‘permisología’”, explica Larraín.

Guillermo Larraín, economista y académico de la Universidad de Chile. DEBATE

Pero Larraín es cuidadoso en culpar directamente al Estado de Bienestar de la crisis actual. “No es la causa principal. Hasta la crisis del 2008-2009 la situación era perfectamente sostenible. Si uno tuviera que buscar un responsable que cambió rápidamente las condiciones de las finanzas públicas francesas es la crisis financiera y después el Covid. También han influido el incremento de los gastos en defensa”, añade. Reconoce como un problema, no obstante, la alta participación del Estado en industrias relevantes del país.

La mirada nórdica

A propósito de la salud que hoy muestran los Estados de Bienestar nórdicos en comparación a lo que sucede hoy con el modelo de Francia, el economista galo Alexandre Janiak dice que la diferencia no reside en cuanto gastan, sino en la disciplina fiscal que tienen. “En un país como Dinamarca, por ejemplo, el ratio de deuda sobre PIB es del 30,5%, en comparación con el 115,6% de Francia. Además, la regulación del mercado laboral es distinta. Francia tiene un Estado de Bienestar generoso que es caro de financiar y no permite alcanzar las tasas de empleo más altas que tienen los nórdicos (por lo que tienen más cotizantes). El modelo de ‘flexiseguridad’ que tiene Dinamarca permite alcanzar una duración del desempleo mucho más baja. La proporción de desempleados que llevan más de 12 meses en el desempleo es el 23% en Francia, mientras que es 12,2% en Dinamarca”, complementa Janiak.

Sebastián Cea, de la Universidad de los Andes, coincide. Dice que los países nórdicos financian su protección social con impuestos generales, combinan despido flexible con fuerte apoyo a la reinserción, y negocian de forma autónoma entre sindicatos y empresas. “Su gasto público también es alto y la deuda puede ser alta para algunos; la diferencia clave es que ajustaron con reglas fiscales vinculantes tras su crisis de los años noventa, mientras Francia pospuso esos ajustes y acumuló deuda”, concluye Cea.

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