El sorprendente secreto de las lavanderías de la antigua Roma: utilizaban orina humana para dejar la ropa limpia
Hace 2.000 años, los romanos aprovecharon las propiedades químicas de la orina para limpiar y tratar sus tejidos. Su importancia económica fue tal que incluso terminó relacionada con un impuesto imperial.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
Creado:
En una calle de la antigua Pompeya, un recipiente colocado junto a la entrada de un establecimiento podía tener una finalidad que hoy nos parecería bastante desagradable: recoger la orina de los transeúntes.
No se trataba necesariamente de una cuestión de higiene pública. Aquella sustancia, que actualmente eliminamos por el desagüe, tenía aplicaciones prácticas y podía aprovecharse en una actividad comercial.
Para determinados talleres textiles romanos, la orina era una materia prima útil.
Y lo más curioso es que su empleo no respondía a ninguna creencia extravagante, sino a unas propiedades químicas que hoy conocemos perfectamente.
¿Por qué la orina servía para limpiar los tejidos?
La explicación comienza con una sustancia que nuestro organismo elimina continuamente: la urea.
Cuando la orina permanece almacenada, determinadas bacterias pueden descomponer la urea y favorecer la formación de amoníaco, un compuesto que contribuye a crear un medio alcalino.
Esa alcalinidad puede facilitar la eliminación de determinadas grasas y suciedades presentes en los tejidos. Los romanos desconocían los procesos químicos implicados, pero habían aprendido a aprovechar sus resultados.
En los talleres textiles se utilizaban diferentes sustancias limpiadoras, entre ellas tierras especiales con propiedades absorbentes y productos alcalinos de origen mineral. La orina formaba parte de ese conjunto de recursos.
Conviene aclarar, sin embargo, que no toda la ropa se lavaba con orina ni constituía el único producto empleado. Su utilización dependía de las tareas que se realizaban y del tratamiento que necesitaba cada tejido.

Las lavanderías romanas eran mucho más que lavanderías
Los establecimientos dedicados a estas labores recibían el nombre de fullonicae, mientras que sus trabajadores eran conocidos como fullones.
Su actividad iba bastante más allá de retirar manchas. También se ocupaban del tratamiento de tejidos recién fabricados, especialmente de la lana, que podía conservar grasas e impurezas procedentes de su elaboración.
Limpiar, desengrasar, acondicionar y mejorar el aspecto de las prendas formaba parte de un proceso especializado. El trabajo comenzaba introduciendo las telas en recipientes con agua y sustancias limpiadoras.
Después llegaba una de las tareas físicamente más exigentes: los trabajadores pisaban repetidamente los tejidos para favorecer la eliminación de la suciedad y permitir que los productos penetraran entre las fibras.
No era exactamente el equivalente a meter la ropa en una lavadora. El procedimiento combinaba tratamientos químicos con una intensa acción mecánica. Posteriormente, las prendas pasaban por diferentes fases de aclarado y acabado.
En determinados casos, también se cepillaban, se prensaban o se sometían a tratamientos con azufre para mejorar su apariencia.
El resultado era un trabajo especializado que requería instalaciones, conocimientos prácticos y abundante mano de obra.

Pompeya conserva una de las mejores pruebas
Buena parte de lo que conocemos sobre estos establecimientos procede de las excavaciones arqueológicas de Pompeya. Allí se encuentra la llamada lavandería de Estéfano, uno de los ejemplos mejor conservados de este tipo de negocio.
El edificio había sido originalmente una vivienda y fue adaptado para desarrollar actividades textiles durante las últimas décadas de existencia de la ciudad. Las transformaciones resultan especialmente interesantes.
El antiguo espacio central de la casa fue modificado para albergar una gran pila, mientras que otras instalaciones se distribuyeron por diferentes dependencias. En el área posterior se encontraban los recipientes donde los trabajadores podían pisar las telas y realizar parte del tratamiento. El conjunto permite comprender hasta qué punto el lavado y acondicionamiento de tejidos constituía una actividad organizada.
Cuando el Vesubio sepultó Pompeya en el año 79, también conservó los restos de aquellos espacios de trabajo.
Gracias a ello, los arqueólogos pueden reconstruir las tareas que se realizaban y conocer algunos aspectos de la vida laboral de sus habitantes.
El emperador que convirtió la orina en dinero
El aprovechamiento de la orina estaba tan integrado en la economía romana que terminó relacionado con una de las anécdotas más conocidas del emperador Vespasiano, que gobernó entre los años 69 y 79.
Según relata el historiador Suetonio, Vespasiano estableció un gravamen relacionado con la orina recogida en instalaciones públicas.
Su hijo Tito le reprochó que obtuviera ingresos de una actividad considerada poco digna.
La respuesta del emperador fue tan ingeniosa que ha llegado hasta nuestros días. Vespasiano acercó a la nariz de su hijo una moneda procedente de la primera recaudación y le preguntó si encontraba desagradable su olor. Tito respondió que no. Su padre le recordó entonces que aquel dinero procedía de la orina.
La anécdota terminó asociándose a la célebre expresión latina pecunia non olet, que significa «el dinero no huele», aunque Suetonio no recoge literalmente esas palabras como respuesta del emperador.
Más allá de su componente humorístico, la historia refleja algo importante: los residuos podían adquirir valor cuando existía una actividad económica capaz de aprovecharlos.
En definitiva, los romanos no utilizaban orina para lavar la ropa por desconocimiento o falta de alternativas. Habían identificado una aplicación práctica de una sustancia abundante y disponible.
Y aquella solución, por desagradable que hoy nos resulte, formaba parte de una industria textil considerablemente más desarrollada de lo que solemos imaginar.
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.