Crítica de discos/singles: Steven Wilson no falla, Vicente Cifuentes es pura diversidad y Dulce y Agraz imagina

Steven Wilson, siempre inquieto y prolífico, abandonó el cosmos para entrar de cabeza a lo terrenal. Tras The overview -su extraordinario viaje sónico publicado en 2025-, ahora se inventó un pueblo atemporal que sirve como guía de un nuevo álbum que verá la luz en noviembre y que lleva por título Requiem for a village. De manera sorpresiva, el músico británico lanzó ayer el primer single de esta placa de espíritu conceptual que incluye 12 temas.
Requiem for a village, la canción, posee un arsenal de baterías furiosas, guitarras pesadas, quiebres por doquier y sintetizadores con ambientaciones oníricas. Aquí hay urgencia y mucha Tierra, como una suerte de cara opuesta a The overview. También un in crescendo permanente y vertiginoso. El propio Wilson ha explicado que esta vez quiso “volver a un tipo de música en el que se pudieran percibir las huellas dactilares metafóricas; apostar decididamente por los gestos y las imperfecciones humanas en la música, por elementos que no se pueden crear mediante software”. Con guiños a King Crimson y con una estética a lo Black Sabbath en la portada, Wilson no falla (Alejandro Tapia).
*Sentimientos - Dulce y Agraz
Delicado como un gorrión en vuelo, el universo artístico de la cantante Dulce y Agraz, el alias de la penquista Daniela González, alcanza una nueva altura en Sentimientos. Un trabajo en que la autora radicada en México presenta una colección de canciones que proponen un pop imaginativo, de arreglos más sugerentes que presentes y con una pluma cargada de dramatismo.
En Íbamos, se exploran las posibilidades de las guitarras y los efectos para enmarcar una letra que parece hablar de la pérdida del amor. “Íbamos a calmar los miedos del otro/Y ahora no hay amor en tu rostro/Ya no hay amor en tu rostro”, canta. El fino entramado de guitarra y teclados, a cargo de Sebastián Aracena (quien además se ocupa de la producción musical) sostiene Confía en mí, una canción que va acumulando tensión hasta estallar en el estribillo. Luego, la canción que le da nombre al EP se asienta sobre una rítmica que evoca al bossa nova, permitiendo un momento de respiro.
En Cuando y donde, la base de ritmo sugiere movimiento hacia adelante y el sonido de sintetizador parece evocar una psicodelia muy controlada. “Escucho tu nombre, el cuerpo arde/quiero hablarte hasta tarde/ Que mi corazón por ti responde/Sólo dime cuándo y dónde”, canta Daniela en una letra de añoranza construida en imágenes.
Mientras, la mágica y brumosa Me dejo ir, uno de los puntos altos del EP, sugiere la nostalgia por el terruño con unos teclados de tonalidad cristalina en diálogo con las cuerdas que tienen un tratamiento muy peculiar. Al cierre, Pies calentitos, propone la voz armonizada de la cantante sobre una construcción instrumental de peculiar densidad sonora, dándole un aire a dream pop con carácter latino. Así, en su nueva etapa internacional, la artista propone un trabajo cuyo nombre está bien decidido, pues resume bien su interés en una música propositiva, dramática y con letras que no escatiman en sentimientos (Felipe Retamal).
*Vichi - Vicente Cifuentes
El ganador del Festival de Viña 2020 persiste en su interés por cruzar rock y ritmos latinos. Pero se deja esperar. Vichi arranca con Se vienen cosas pronto, una suerte de tributo a la música chilena con una letra construida a partir de nombres de artistas y bandas locales. Un arranque sorpresivo -con sampler de Tiro de Gracia incluido- que no se relaciona con el resto del disco. Cifuentes propone una mirada muy personal de la canción latina; en Lucero, cruza funk con instrumentación andina. Por cierto, mantiene su habitual trabajo en la balada, un género que le sienta muy bien, en la animada Wely Sylvia, que retrata a una clásica abuela chilena. Por otro lado, en No eres para mí, se une a Joselo Osses, uno de los lugartenientes del Macha, para trabajar un tema que cruza ritmos tropicales con un teclado a contratiempo de sabor ska y la valseada La Primera Vez, evoca al muchacho de la provincia que se instala en la capital.
Un momento de quiebre es la notable balada Ven y Pasa, la colaboración con Joe Vasconcellos dominada por el piano y las guitarras. La delicada Vivir la memoria propone un arreglo de sabor reggae pero con una batería de touch rockero. Y en la optimista Por lo que fui, el lap steel de sabor Nashville corona un interés en la fusión que suena orgánico y bien trabajado. Muy buen disco (Felipe Retamal).
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